lunes, 7 de octubre de 2013

Salvatierra una ciudad con un centro histórico de raíces francohispanas porfiristas

Todo festival tiene como cualidad mostrar involuntariamente la cultura del pueblo que la realiza.
Todos sabemos que en Salvatierra la familia de Gabriel López de Peralta recibió el título de Marqués de Salvatierra por haber ganado un pleito con la Corona donde reclamaba que las prebendas prometidas por donar las tierras para la fundación de la ciudad de San Andrés de Salvatierra le habían sido escamoteadas. Por lo que el 18 de marzo de 1708 recibió el título del Marquesado de Salvatierra para la descendencia de la familia López de Peralta. Por el año de 2007 el cronista de la ciudad, Miguel Alejo López le propuso al cabildo municipal celebrar los 300 años de ese acontecimiento en virtud de que significaba una distinción de privilegio en la historia del municipio.
Hubo la coincidencia de que también se pedía realizar en las calles principales una sustitución al encierro de toros que se llevaba a cabo en San Miguel de Allende, de esos dos acontecimientos surgió el nombre para el encierro de toros que se le otorgó a Salvatierra por el Gobierno del Guanajuato.
Las fachadas de las dos casonas señoriales que están retratadas al fondo,(de color azul la primera y café la segunda), de un estilo Porfirista suntuoso, fueron en el pasado novohispano solo una casona propiedad del Marquesado de Salvatierra, donde se llevaba la administración de las rentas que generaban la hacienda y molino de La Esperanza, el molino del Mayorazgo, las tierras de la hacienda de Cañada de Caracheo y de Tarimoro.

La toma fotográfica capta una representación simbólica de los dos periodos históricos de mayor bonanza en la ciudad, principios del siglo XVIII, con el apogeo de la demanda de granos por el esplendor de la mineria en Zacatecas, San Luis Potosí y Guanajuato; y el periodo Porfirista de finales del siglo XIX, con el esplendor de las fábricas textiles de los Argomedo, San Isidro Batanes, y los González Valencia, La Reforma; así como la pujanza de un conjunto numeroso de haciendas: San José del Carmen, Maravatío, San Nicolás de los Agustinos, La Luz, San Juan, La Esperanza, Ojuelos, La Magdalena, Ballesteros y Las Cruces con sus respectivas estancias. 

Y aunque a los hacendados les gustaba vestir de charros, no dejaban de celbrar corridas de toros en sus haciendas. Nacidos en México, conservaban muy fuertes sus lazos familiares con sus parientes de España. Así que la vestimenta de cordobés era usada por caporales, sobre todo las botas de montar.


La casa de color amarillo perteneció en una época a la familia Argomedo, propietaria de la fábrica textil "San Isidro Batanes", pero también eran propietarios de haciendas en Salamanca, Guanajuato y eran de origen español.


En le periodo Porfirista la fábrica textil "La Reforma" era propiedad de Emeteria Valencia de González. Su esposo Eusebio, era de origen español, y había llegado a Salvatierra, porque el que sería su suegro, Patricio Valencia, compró el Molino de la Esperanza en 1845 para instalar la fábrica de telas "La Perla".
Esta estampa de época capta la representación del periodo de mayor esplendor económico por los avances tecnológicos instalados en la ciudad a principios del siglo XX, la luz eléctrica. El ferrocarril había llegado desde 1882.

La calandria era un vehículo para transitar por brechas angostas, escarpadas y accidentadas. Las calandrias eran usadas por Eusebio Gónzales para transportar a su guardia personal cuando viajaba, que era conformada por aproximadamente ocho hombres fuertemente armados.

El periodo Porfirista se caracterizó por adoptar la moda de la cultura francesa, de la que la fachada tiene alguna influencia.
El método para instalar fábricas textiles que se siguió en México fue el método francés, que consistió en sustituir los molinos hidráulicos por telares y husos de hilo movidos por las caídas de agua. Por ello las dos fábricas textiles de Salvatierra más grandes se instalaron en dos molinos coloniales: el de La Esperanza y el de San Isidro.
La inmigración española de la segunda mitad del siglo XIX trajo a México una gran cantidad de vascos con la experiencia textil suficiente para fundar fábricas en México.
En el Bajío las tres familias 
más importantes para la producción manufacturera textil  fueron la de Cayetano Rubio en Querétaro con la fábrica "El Hércules",  la de Patricio Valencia y Eusebio Gonzáles con "La Perla", y la de los Argomedo, cuya hija se casó con Cayetano Rubio, con la de "San Isidro Batanes".
Por ello, el estilo más perdurable de la ciudad es el Porfirista y de él encontramos este mestizaje donde se cruza lo francohispano en la toma fotográfica. Debemos agregar que en las casonas de rancio abolengo del jardín podemos encontrar libros, litografías, vajilla y vestidos franceses. 






Los caballos Domeq, con jinetes vestidos al estilo de los caporales de hacienda, con la bandera mexicana y otra calandria para desfilar.









El edificio de la presidencia municipal fue una construcción en su segundo piso realizada por el Gobernador de Guanajuato compadre de Porfirio Diaz, a finales en el siglo XIX





El desfile de los caballos Domeq.











La foto nos devela una estampa hispanoamericana, podemos tomarla como un cuadro escenográfico simbólico de cuando Porfirio Díaz era inclinado a importar las modas europeas, sobre todo de España, Francia e Inglaterra.
En un enfoque positivo, podemos afirmar que la población de Salvatierra desde el siglo XIX, tenía contacto con las modas arquitectónicas, la literatura y filosofía del humanismo cristiano, así como de los avances de la ciencia y tecnología del mundo.

La calandria Domeq con mujeres vistiendo trajes regionales de México.





El análisis del desfile de las manolas en el festival de La Marquesada nos da algunas pistas para actualizar nuestra conciencia del aspecto de nuestra identidad más expuesta a la visibilidad del visitante.
La tarea del blog Arcadia Salvaterrense, de apreciar la identidad cultural local, se facilitó gracias al apoyo del trabajo fotográfico de Everardo Sámano Herrera, un esforzado funcionario municipal, estudioso de las raíces culturales de las tradiciones e inmuebles catalogados como monumentos históricos.

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