Historia oral de Jesús Guisa y Azevedo
por Pascual Zárate Avila
La casa del hacendado Patricio Guisa en sus mejores tiempos compite en amplitud con las casonas solariegas de los otros diez hacendados de la ciudad. Ahora doña Josefa, viuda de Guisa, pasa largos días en el patio de la casa rezando y acompañada de sus fieles nanas y amigas del barrio de Santo Domingo, donde vive su familia desde los tiempos en que ella era la carbonera de la hacienda de Cacalote, propiedad de Patricio Guisa que sería su esposo.
Recibe con cierto pesar a su hijo filósofo Jesús Guisa y Azevedo, pues la visita especialmente cuando las cosas se le ponen feas en la Ciudad de México, donde escribe para el periódico Excélsior. Apenas ayer balasearon la casa del columnista J., los hijos de Luis Cabrera, iracundos por un artículo donde llama "ladrón" a Carranza, lo ataca quien era la memoria del ideólogo de Venustiano Carranza. Y por ello, hoy J., regresa a su casa en Salvatierra.
J., es un reconocido filósofo con titulo de doctorado por la prestigiosa Universidad de Lovaina, gusta de Salvatierra, y en los exilios periodísticos toma una banca en la puerta de la casa, a un lado del inmenso portón, pone a su lado una bolsa de cacahuates y pacientemente los pela y come, a la vez que saluda a los viejos conocidos. Y así pasa la temporada en Salvatierra, en espera prudente de calcular como para cuando las encrespadas aguas de la Ciudad de México, en su contra, están ya amainadas.
El filósofo J., sentado en la banca saborea una guayaba sápida, producto de los experimentos en los huertas de los beneméritos padres carmelitas, y ya declinando la mañana, vuelve a recordar la tarde fatídica de la llegada de la bola revolucionaria partidaria de Carranza a la hacienda de Cacalote. Ese día tomaron caballos, granos, aperos, silla de montear pitéadas, todo lo entregaron y ya en la noche pidieron la presencia del hijo mayor, Francisco, un joven de 22 años muy unido al entonces, niño Jesús, de doce años, a quien Francisco le descubre su natural talento para escribir.
Y en el patio de la hacienda los acribillan a mansalva, los tronidos de los disparos penetran a la habitación de Jesús, cuando rezaba para dormir, y enseguida entra la nana Chole pálida de sorpresa y espanto, y sin más preámbulo le dice: "asesinaron a tu papá y a tu hermano Francisco", escóndete. Voy por tu hermana y tu hermano y por tu mamá.
El filósofo J., recuerda esa noche como la más absurda de la vida, a la que no le halla explicación ninguna, sólo rabia. Cuando escribe "ladrón" refiriéndose a Carranza, en el artículo sobre Luis Cabrera, tiene la noche trágica en la mente, sus actuales agresores eran carrancistas, seguidores de Luis Cabrera, el ideólogo de la más mentirosa y falsa revolución, de una gesta armada sin justificación alguna, llena de tropelías y desmanes, piensa siempre esa conclusión y escribe autodenominándose "Contrarrevolucionario".
En la Ciudad de México publica la revista "Lectura", y en la cintilla de la portada anota: “LECTURA. La única revista declarada contrarrevolucioaria, azote de los líderes charros". Y vende la publicación todos los domingos en los atrios de los templos con el apoyo de sus hijos y de los jóvenes de la Unión Nacional Sinarquista.
Los escritos del filósofo J., levantan ámpulas siempre, pues le niega cualquier avance a los resultados de la Revolución de 1910. Ni la Constitución de 1917 representa, para J., ningún avance social o humanista: el Artículo 27 es para maniatar en los ejidos el desarrollo personal de los ejidatarios, atados como menores de edad al gobierno en turno, dice J. Y lo mismo sucede con el Artículo 123, los obreros son tomados como clientela de los sindicatos y del partido oficial. Del famoso Artículo 3, simplemente promueve con marchas de ciudadanos reformar la educación para permitir a los padres de familia decidir la educación de los hijos y la enseñanza religiosa. Es sobre este artículo donde más polémicas levanta en los diarios nacionales, pues, con precisión filosófica refuta los enunciados del laicismo y de la educación materialista, tal como lo redacta Calles, en la educación socialista. Y de esa ley devino la renuncia de Antonio Caso cuando el presidente Cárdenas le pidió alinear los planes de estudio de la UNAM a la filosofía del materialismo dialéctico. Caso renuncia al rectorado y en la renuncia lo acompaña el filósofo J., profesor de la cátedra de Filosofía Tomista en la Facultad de Filosofía. Donde levantaba memorables debates con Vicente Lombardo Toledano, y en esos años toda la planta docente esta compuesta de "rojos", solitario el filósofo J., es quien levanta la bandera de reaccionario y contrarrevolucionario, para mayor polémica en la marxista Facultad de Filosofía y Letras.
Ir contra corriente política lo lleva a largas estadías en Salvatierra, a visitar a su mamá y platicar con su nana Chole, en sobre mesas donde la elegancia del filósofo J., era imprescindible.
Los comerciantes y empleados de la tienda “Las Fábricas de Francia”, ubicada casi frente a su domicilio, sonreían al ver al maduro señor sentado en el portón de la casa, vestido con traje de casimir, gafas de carey gruesas, bigote arreglado a la francesa, comiendo cacahuates y pelándolos parsimoniosamente, notaban como a ratos su rostro refleja una mirada perdida y olvida saludar a los transeúntes amigos suyos. Y así lo ven por horas y por largas temporadas recurrentes cada año.
Información recibida de Francisco de Sales y Melchor de la Paz Guisa Hohenstein en conversaciones de amistad en 2002, CDMX.
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