jueves, 7 de octubre de 2010

La fábrica la Reforma y el ferrocarril por Jesús García y García

HISTORIA SALVATERRENSE: AÑADIDURAS Y RECONSIDERACIONES

El ferrocarril en Salvatierra y la fábrica "La Reforma"

Por J. Jesús García y García

Tomaré como cierto —pero acepto rectificación fundada— que el 8 de octubre de 1883 pasó por primera vez el ferrocarril por Salvatierra. Es que, según registros que llevan en Acámbaro, en esa fecha llegó allí por vez primera un convoy de ferrocarril de vía angosta y se infiere que el novedoso vehículo pasó por Salvatierra para llegar allá. Era presidente de la república el general don Manuel González, gobernador de Guanajuato el licenciado don Manuel Muñoz Ledo, y jefe político de Salvatierra don Miguel Morán.

Pero vayamos por partes: en 1872 surgieron en Salvatierra inquietudes relacionadas con el establecimiento de líneas ferrocarrileras en el territorio nacional. En diciembre de ese año el ayuntamiento local, encabezado por el jefe político interino don Vicente T. Torres, elevó un ocurso, sumándose a las gestiones de las legislaturas de varios estados y grupos de vecinos, para pedir que el Congreso de la Unión despachara con prontitud y favorablemente las concesiones ferroviarias que para entonces estaban pendientes de otorgarse. Se esperaba que Salvatierra quedara beneficiada colgando por ahí de un proyecto de ramal del ferrocarril interoceánico.

Para mediados del año siguiente nuestras esperanzas ya no dependían de la construcción del ferrocarril interoceánico, pues se avizoraba una mejor conexión del centro de la república —y en particular del estado de Guanajuato— con líneas que tenían como destino final la frontera con los Estados Unidos. Así, en abril de 1973 llegaron a nuestra ciudad sendas comunicaciones de las jefaturas políticas de Celaya y de Acámbaro, exhortando a Salvatierra a que ocurriera al Gobierno del Estado para que éste, por medio de la diputación guanajuatense en el Congreso de la Unión, influyera en que por Salvatierra y Acámbaro pasara una rama del ferrocarril arrancando de Celaya en vez de Salamanca. Presurosamente las autoridades guayaberas atendieron al llamado de los municipios vecinos.

En 1877 las cosas dieron un vuelco porque el gobierno nacional aceptó otorgar concesiones ferroviarias a los gobiernos de los estados y el nuestro fue el primero en obtener una que le permitiría construir y explotar el ferrocarril que cubriría la ruta entre Celaya y León, con un ramal hacia la ciudad de Guanajuato y que pasaría por Salamanca, Irapuato y Silao. Ello facilitaría la obtención de permisos para más ramales. Pero nuestro gobernador, Francisco Z. Mena, tardó más en obtener la concesión que en traspasarla a una sociedad de inversionistas extranjeros.

Por entonces se vino en todo el país un verdadero alud de solicitudes y otorgamientos de concesión, así como subrogaciones y traspasos entre los empresarios constructores. El negocio era bueno, sobre todo si tomamos en consideración los subsidios que otorgaba el gobierno nacional. Durante el porfirismo (que abarcó el manuelgonzalismo) se sembró el territorio nacional de vías y estaciones. En cuanto a la que a la postre sería línea Empalme Escobedo-Acámbaro, pasando por Celaya y Salvatierra, tres compañías estuvieron muy interesadas en construirla: el Ferrocarril Central Mexicano, el Ferrocarril Nacional Mexicano y la Compañía Constructora del Ferrocarril Nacional Mexicano. La última se encargó de hacerlo.

Cuando los años 80 estaban prácticamente encima, se supo que era un hecho que Celaya y Acámbaro quedarían comunicados por el ferrocarril y que éste cruzaría el municipio de Salvatierra, pero pasando un poco lejos (no sé exactamente qué tan alejado) de la ciudad cabecera. Fatigosas gestiones tuvieron que hacerse durante las administraciones municipales de Joaquín Ramírez Zimbrón y Antonio Sancén hasta lograr que se construyera la estación en las goteras de nuestra ciudad.

En ese momento se hizo patente la visión empresarial de don Eusebio González, administrador de la fábrica de hilados y tejidos "La Reforma", al ofrecer gratuitamente el terreno necesario para la estación de Salvatierra en términos de la antigua hacienda "La Esperanza", donde estaba y sigue ubicada la mencionada factoría; la estación encontró acomodo cerca del punto que era conocido con el nombre de "El Gasómetro". Y cosa semejante hizo don Eusebio en Empalme Escobedo, municipio de Comonfort, concretamente al lado de la fábrica de casimires "San Fernando", en Soria, donde, sin costo para la empresa ferroviaria, quedó asentada la estación correspondiente.

El 8 de agosto de 1883, en Celaya, se tiró una escritura notarial por la que don Eusebio González, como dueño de la fábrica "La Reforma", se compromete a ceder gratuitamente a la Compañía Constructora Nacional Mexicana, representada por el señor Manuel Noriega, diez y siete mil quinientos cincuenta metros cuadrados de terreno que habría de usarse para construir la parte respectiva de la vía férrea del ferrocarril que comunica a Salvatierra con Acámbaro, así como para establecer el paradero correspondiente. Por parte de la Compañía Constructora Nacional Mexicana intervino el señor Manuel Noriega.

Cierta parte de la escritura dice a la letra: "...que el señor González, deseoso de favorecer la construcción de ferrocarril y teniendo en consideración los beneficios generales que de él resultan al país y los especiales que obtendrá su fábrica, no solamente convino en ceder los terrenos necesarios sin indemnización alguna pecuniaria, sino que consintió en que la Compañía pudiese construir, como en efecto ha construido ya, el camino de fierro en dichos terrenos y ocupase, también como ha ocupado, el necesario para el paradero o estación...". La cuarta cláusula del contrato habla de que "el señor González cede y concede también a la Compañía el derecho de tomar agua necesaria para el servicio de sus trenes y estación o paradero de la que es propiedad de la Fábrica, pudiendo tomar la del canal que la conduce a la Fábrica y llevarla hasta donde la Compañía la necesite". Y en una cláusula adicional: "... comprometiéndose la compañía a poner un escape que, partiendo del centro de la misma vía, mida setenta y cinco metros en dirección de la misma Fábrica, hacia el portón de sus bodegas, comprometiéndose así mismo la propia Compañía a dejar dentro de dicho escape los furgones necesarios para la descarga y carga de las materias primas y productos del establecimiento, según y de la manera que lo exijan sus necesidades...".

Los escapes ferroviarios que consiguió don Eusebio González para sus factorías de Salvatierra y de Soria lo compensaron muy sobradamente por la cesión de terrenos que hizo. En los buenos tiempos del ferrocarril llegaron a "La Reforma" y salieron de ella materiales a pasto. Moraleja: hay personas dotadas de inteligencia y decisión para saber lo que les conviene y llevarlo a cabo en el momento oportuno.

Valga el siguiente apéndice: desde Celaya, el 28 de julio de 1879, don Eusebio González dirigió un escrito al coronel Joaquín Ramírez Zimbrón, quien en ese entonces era el jefe político de Salvatierra. Entre otros conceptos, vertió el siguiente: "Creo, como todos, que esa población está llamada a ser, como ya lo está siendo, una de las primeras del Estado; y que, contando con una administración inteligente y con la cooperación de todos los vecinos, cada uno en la esfera de sus medios, bastará poner en desarrollo los grandes elementos naturales que tiene para hacerla llegar a su mayor engrandecimiento". Bueno hubiera sido que en todo momento hiciéramos nuestra esa percepción.

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