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viernes, 2 de noviembre de 2012

Invitación a la presentación del libro sobre Francisco Tresguerras en Celaya, Gto.

Jorge Ojeda Guevara sosteniendo una placa de la nomenclatura de la calle que lleva el nombre de su Padre.
Cúpula y retablo mayor construido por Francisco Eduardo Tresguerras, de cuya obra trata el libro escrito por Jorge Ojeda.

Recibí hoy una carta por correo postal del Arq. Jorge Ojeda Guevara que dice así:
Estimados Amigos:
     Por este medio, además del gusto de saludarles, tengo el agrado de invitarlos a la presentación de mi XXVI obra editorial intitulada:
EL NOVOHISPANO
Andares, Decires y Quehaceres
     Libro que trata minuciosamente del celayense FRANCISCO EDUARDO TRESGUERRAS.
     Dicho evento se llevará a cabo en la Sala Puerta de Oro del Bajío de la Casa de la Cultura de Celaya, el viernes 23 de noviembre del año en curso a las 19:00 horas en punto.
     Será para mí un privilegio contarles personalmente los pormenores de dicho apasionante asunto.
Jorge Ojeda Guevara

Comparto la invitación a todos los lectores del blog Arcadia Salvaterrense y les menciono que recibí el honor de ser invitado para dictar una ponencia en la presentación del libro EL NOVOHISPANO, esencialmente tratando el tema del autor del texto cultural, don Jorge Ojeda Guevara, nuestro paisano salvaterrense y colaborador de este blog.





miércoles, 4 de abril de 2012

Placa para la calle Alfredo Ojeda Villagómez costeada por Jorge Ojeda Guevara

Jorge Ojeda Guevara con la placa que se colocará en la calle adyacente al molino del Mayorazgo

Un excelente diseño con la identificación de los méritos del Alfredo Ojeda

El lunes es un buen día para tramitar el permiso para sustituir las placas de mica por las de hierro esmerilado en la Dirección de  Desarrollo Urbano Municipal a Cargo de Verónica Sánchez Martínez

Mostrando la placa en una mesa del cafe La Susana

sábado, 25 de febrero de 2012

Placa de la calle "Alfredo Ojeda Villagómez", con fotos de libros y pinturas murales del pintor salvaterrense




Jorge Ojeda Guevara y Raúl Cabrera Barajas





















Placa alusiva al nombre de la calle Alfredo Ojeda Villagómez y libros de estudio iconográficos sobre la pintura mural religiosa del salvaterrense

viernes, 27 de agosto de 2010

El jueves 23 de septiembre a las 8 pm, presentación del libro en el templo de San Antonio de Salvatierra, Gto.

Acerca del libro
LA EPOPEYA Y LA LEYENDA
“El otro rostro de la Historia”

ES UNA OBRA que aborda asuntos de la Independencia de México; varios de ellos poco difundidos, inéditos o de plano desconocidos; otros, sabidos insuficientemente, porque en realidad ocurrieron en mayor magnitud y dramatismo de lo que los libros de historia cuentan, pero que por resultados a la vista, constituyen ya una EPOPEYA… Vale agregar, que algunos sucedidos más, fueron ocultados con vehemencia por la oficialidad civil y eclesiástica de la época. También, hubo hechos que transcurrieron de cierta manera, aunque la fantasía popular los ha ido tallando y creciendo al paso de los tiempos, haciéndolos caminar por veredas ya de LEYENDA.

IGUALMENTE, es del dominio público el protagónico papel de los caudillos del movimiento independentista, con consecuencias de paredón y balas para la mayoría de ellos, aunque ya estaba hecho el surco y sembrada la semilla. Pero de igual manera, la libertad la forjaron gran puñado de héroes populares: hombres, mujeres y niños, quienes investidos de patriotismo, valor, ingenio y decidida acción, abonaron fuerte al fiel de la balanza a favor de la causa…Aquí se narran.

ESTE SINGULAR TRABAJO EDITORIAL, son letras de promesa para el cotidiano lector, de transportarlo en alas de la historia para memorar: cómo eran los tiempos que por ese entonces corrían; cómo se liberta a una Patria; que era necesario conspirar también en Querétaro; y lo que ocurrió aquella madrugada en la pequeña y polvorienta villa de Dolores…También, se pinta con palabras cómo muere un gran patriota excomulgado; quiénes cabalgaron como caudillos de la insurgencia, y el pasar lista de presentes a los héroes populares que regaron suelo y surcos patrios con su generosa esencia de vida y libertad…Luego, hacen presencia páginas para lanzar juicio a quienes la voz popular sentó en asuntos de banquillo; para mostrar cómo fue el apurado alumbramiento de una República; al señalar al clero de época y ponerlo frente al juicio de la Historia; y lanzar la incendiaria acusatoria de: ¿Dónde quedaron los excomulgados restos mortales del generalísimo Morelos?.

JORGE OJEDA GUEVARA

sábado, 5 de junio de 2010

Pintura religiosa de Alfredo Ojeda, por Jorge Ojeda


“LA SANTA CRUZ
ES RECUPERADA DE LOS PERSAS
E INTRODUCIDA EN JERUSALEN POR
EL EMPERADOR HERACLIO.
AÑO 630”

Dimensiones:
Técnica: Óleo sobre yeso
Ubicación: Lado sur-poniente del Presbiterio
del templo de la Santa Cruz
Juventino Rosas, Gto.
Fecha: 16 de julio de 1960

Temática:
La Santa Cruz es recuperada de los Persas
e introducida en Jerusalén por el emperador Heraclio.

ESTE IMPRESIONANTE MURAL compuesto, aunque de ficción, es un mensaje muy emotivo y reflexivo de la época, no solo del suceso de viernes santo, ya andando la vespertina, sino de las pedregosas sendas que la propia Cruz debió sufrir a lo largo de siglos, para finalmente arribar a su destinado lugar, donde reposa en la grandiosa dignidad que el hacedor supremo le señaló: ser el sitio donde su amado hijo expirara, para enseguida ir a sentarse a su diestra por los siglos de los siglos…
AL FRENTE, la mítica imagen ojedista de Jesús de Nazaret, cargando la Cruz, para hender su amargo Cáliz, su cansino andar rumbo al sacrificio, como más de 6 siglos después llevaría de nuevo a cuestas la Cruz, en nombre de la humanidad, para arrastrarla a la vieja Jerusalén, acompañado por el emperador Heraclio, a un lugar de reposo eterno, custodiada por estrictos frailes Franciscanos.
ATRÁS, en otro cuadro, el propio Heraclio, junto con un personaje de testa coronada son ayudados por un alma piadosa que por voluntad se echa a cuestas la Cruz, para paso a paso arrastrarla por la arcada puerta de la muralla, hasta arribar a Jerusalén.

“…Este Mural realmente requirió de gran puñado de horas en vela, profundas meditaciones, de mil hacer y deshacer, hasta lograr dar acomodo a todos los actores en su justo sitio: al protagonista máximo Jesús, al centro y al frente; luego, la Cruz; y más allá, al emperador Heraclio, los altos jerarcas y la gente común...”

LA COMPOSICIÓN de éste mural es mixta, de alta exigencia geométrica, artística y mística, por la doble escena que se representa. Sin embargo, es de aplaudir lo ingenioso del resultado, pues todos y cada uno de los actores incluidos, encontraron posición precisa y encarnación perfecta. Notable es la presencia de la luz intensa luz frontal que resaltar bien la primera escena.

Pintura Religiosa

EL TEMA RELIGIOSO en la pintura, es tan antiguo como el género humano… Recurrir con plegarias a un Ser superior es algo innato en el hombre. Darle imagen visual a una divinidad, a un santo o a un paraíso, es papel del pintor, procurando que la colorida representación irradie bondad, caridad, tristeza, sufrimiento, la gloria o el averno...
Uno de los temas religiosos más procurados en la Era cristiana por frailes y artistas plásticos, es el de Jesús, José y María de Nazaret.
Alfredo Ojeda vació su retórica colorística en poblaciones como Juventino Rosas, Gto, en el franciscano templo de la Sta. Cruz en 4 monumentales murales. Ahí, en el presbiterio del lado de los ocasos, se puede admirar al santo de Asís en acción mítica, bajando a Jesús de la Cruz ya muerto. En otro, pintó también a Francisco pero ahora en gran comunión con Dios, en espiritual escena nocturna, preñada de gran dosis de misterio que arrebata por sí mismo con su claroscuro intenso. Los otros 2 murales santacrucenses platican amplio de otro calvario, el andado por la Cruz, poco después que bajaron de ella al hijo de Dios ya difunto.

EN CORTAZAR, GTO, en el santuario de San José, moran par de murales con temática del padre putativo de Jesús. Uno, del lado de las auroras, narra La Revelación que un ángel le susurró en sueños para enterarlo de los planes de Dios al elegir a su esposa María para madre de su unigénito, Jesús, sin mediar varón, solo por intercesión del Espíritu Santo. Al lado poniente del presbiterio, se engalana otra vieja pared con una bien lograda escena de “La Huida a Egipto”, en una interpretación de aquel sobrecogedor drama, estrujante instante en tiempo y espacio, mostrado con maestría en el todo y en sus fragmentos.

8 MURALES ojedistas más, yacen en yeso vertical, también con argumentos religiosos, presencia espiritual y, por supuesto, gran puñado de visión plástica…Todos desperdigados por diferentes rumbos del terruño guanajuatense, resguardados por estrictos ojos franciscanos.

EL PINTOR OJEDA, además de narrar en grandes espacios, también caminó fuerte la vereda del Caballete con variados asuntos, en particular, el Retrato, en los que por costumbre capturó en lienzo con singular óptica, ingenio y destreza, no solo la geometría de un rostro, también la idiosincrasia, la imagen interior, los anhelos y temores, a manera de involuntaria radiografía del alma, escarbados en algunos de los más recónditos pensamientos del retratado…

sábado, 22 de mayo de 2010

Biografía del pintor salvaterrense Alfredo Ojeda Villagómez por Jorge Ojeda


Respecto de
Alfredo Ojeda Villagómez.

Sucede que apenas amanecía el ya lejano 1922, hizo presencia en el horizonte salvaterrense un pequeño que con el paso del tiempo dejaría hendidura pictórica, al que impusieron en la pila bautismal el nombre de Alfredo. Su progenitor, Don David Ojeda Rivera; su madre Doña Ma. Guadalupe Villagómez Ríos, lo criaron con esmero al parejo que su numerosa prole.
Con el andar de los tiempos, el chaval Alfredo mostraría inquietudes y aptitudes artísticas premonitorias que al corto plazo lo llevarían a conquistar grandes espacios y escalar los más altos peldaños rumbo a sus más dorados sueños.
Para ello y apenas cargando 16, metamorfoseó sus saberes empíricos en académicos: pasó 2 calendarios inmerso entre ideas, telas, pinceles y pigmentos en la Escuela Nacional de Pintura y Escultura de la ciudad de México, mejor conocida como ‘La Esmeralda’, donde enseñaban por esos días dibujo, composición y pintura gentes como Diego Rivera y Frida Khalo, lugar en el que el joven salvaterrense conoció al también pintor guanajuatense José Chávez Morado. De ese crisol de artistas emergió Alfredo en 1940 cargando un costal de juveniles ilusiones, con un grupo de pujantes camaradas generacionales denominado “La Cuña” con quienes expuso sus trabajos en el vestíbulo del Palacio de Bellas Artes capitalino. Ojeda mostró 11 telas de varios temas, tanto al óleo como al temple…
ENSEGUIDA y mientras terminaba de fraguar el artista, sucedieron otros asuntos en el transcurrir de su primera etapa adulta: casó, fue jugador de fútbol, cantador, ranchero, constructor, arrendador de inmuebles y comerciante exitoso…
Frente a la necesidad que sus retoños brincaran a un peldaño superior de educación, mudó prole, casa e ilusiones del rumbo salvaterrense del Lerma al celayense tresguerrista, donde abrazó con su habitual tesón menesteres varios que incluían por supuesto el pintar en caballete temáticas variadas, que hacía tiempo ya ejercía con oficio, solvencia, eficiencia y el desparpajo propio de los versados en ese esquivo oficio artístico.

PERO, sus mejores talentos y sentimientos, los vaciaría el pintor Ojeda en su esencial tarea de vida: Sería al finalizar los años 50 que el destino que todo lo ve, teje, desteje e hila, le lanzó un reto que ya le tenía reservado, que si para la mayoría de los mortales sería un atemorizador asunto, no lo fue para Alfredo, que emocionado, puso manos a la obra, que sin proponérselo de esa manera, lo encaminaría a un nicho de inmortalidad: El artista fue requerido para afrontar el gran desafío de plasmar en añejos muros, varios pasajes medulares del Nuevo Testamento que incluía una mítica imagen de Francisco de Asís bajando de la Cruz a Jesús ya muerto.

10 MURALES marcarían su vida para siempre: El templo franciscano de La Santa Cruz en la ciudad de Juventino Rosas, Guanajuato sería el primer lugar en que crearía en gigantesco formato 4 monumentales temas bíblicos.
Así, y luego de haber aceptado el gran reto muralístico, de un día para otro y ante la mirada curiosa de la rezadora feligresía mañanera, se le vio inmerso en diversos menesteres: madrugándole al gallo adelantándose a los pesarosos tañeres, trepando y bajando andamios, ideando, hurgando historia, dibujando, resolviendo, trazando, aplicando color, borrando, corrigiendo y volviendo insistentemente a colorear…todo ello salpicado de largas y profundas cavilaciones y reflexiones, en las que solo se escuchaba el silencio. De ese modo, fueron tomando forma las ideas a manera de mensajes: el cielo, las nubes, los cerros, los árboles y, en ese ambiente impresionantemente místico, a Francisco de Asís abrazado de serenidad mística, bajando de la cruz en el Monte Calvario de Jerusalén, el cuerpo inerte de Jesús de Nazaret, el hijo de Dios…Corría presuroso el ya lejano año del 59.

CONCLUIDO este primerísimo monumental mural, los pinceles guanajuatenses del artista que no querían reposo ni lo buscaban, siguieron al hilo y con el mismo entusiasmo, ritmo y frenesí, casi sin pausa los temas de: “Oración nocturna de Francisco de Asís”, “Sta Elena encuentra la Santa Cruz en el Monte Calvario, Jerusalén” y “La Sta. Cruz es recuperada de los Persas e introducida a Jerusalén por el emperador Heraclio. Año 630.”

CORTAZAR, de su estado natal, por esos mismos lejanos ayeres, en el añejo templo franciscano de San José, también ocuparía los diestros servicios de los pigmentos, ideas y visión del maestro Alfredo Ojeda. Sería éste el segundo lugar donde pintaría 2 temáticas en gran Pared, también del Nuevo Testamento: “La Huida a Egipto” y “San José y el Ángel”; éste, platica quedo pero firme, cómo el alado celestial reveló al padre putativo de Jesús el papel que el Señor tenía reservado para él en la historia cristiana... Siempre en gran formato, de factura estrictamente académica, profundo mensaje, fuerza espiritual y la monumentalidad que solo la pintura mural proporciona.

OTROS 4 MURALES del pintor Ojeda Villagómez, moran desperdigados pero resguardados por celosos ojos franciscanos en diferentes rumbos de Guanajuato, tocando temáticas diversas, siempre religiosas, y por supuesto, esencialmente espirituales, descriptivas, impactantes e inolvidables.

LA MERCED, templo guanajuatense en Celaya, también alberga un trozo de los talentos colorísticos de Ojeda Villagómez: Una imagen de caballete de gran formato, con la efigie de Dios Hijo y la inscripción: “Jesús, yo confío en ti”, yace allí, silente, testificando una de muchas pinturas religiosas en tela del artista de Salvatierra.

ASÍ realizó Alfredo Ojeda Villagómez su inquieta y productiva existencia, abrazando los diferentes menesteres que le escarbaban la mente, pero principalmente, tocando las estrellas al acariciar el temerario atrevimiento de resolver en tema, formas, color e ideas, mensajes sacros, plasmados sobre amplios espacios verticales, con temas universales solo reservados a los grandes…asunto muralístico que lo arrastraba siempre de la agonía al éxtasis…Su impactante huella en Muros permanecerá allí, indeleble, tan infinita, que ni el mucho andar de los tiempos podrá borrar…

HOY, en ausencia material del artista, nos lega su enseñanza esencial: Que Dios existe, que fue Su voluntad que el propio Hijo bebiera de ese cáliz, que María llevara a cuestas su propio trozo de sufrir por Jesús, y, que la misma Cruz andara su propio camino, rumbo al calvario…Todo ello mostrado en sus Murales como una manera de entender el simbolismo esencial espiritual cristiano a través de su pintura monumental.
ALFREDO, luego de dormir brevemente en la aurora de 2005, despertó despabilado y sereno, sabiendo que ya tenía la encomienda de otro mural, éste sería pintado en el Cielo, seguramente por encargo de Dios…
Hasta siempre artista…



Análisis del mural "Oración Nocturna" del templo de Juventino Rosas por Jorge Ojeda

“ORACION NOCTURNA
DE
FRANCISCO DE ASIS”
O
“LAS CINCO LLAGAS”

Dimensiones: 6.00 x 10 metros
Técnica: Óleo sobre yeso
Ubicación: Muro Oriente del Presbiterio
del templo da la Santa Cruz
Juventino Rosas, Gto.
Fecha: 4 de octubre de 1959
Temática: San Francisco de Asís postrado, en oración nocturna,
en algún huerto de su natal Asís


EL ESPECTACULAR mural presenta al santo de Asís en actitud implorante por la humanidad. Francisco, hincado a la orilla de un acantilado, sitio imaginario que el pintor Alfredo Ojeda concibió para darle presencia mística al todo, en un violento claroscuro que reviste al conjunto de magnificencia pictórica, simbólica, histórica y mística.

A lontananza de donde aparece Francisco, una luz cegadora hace presencia, seguramente ve a Dios, porque el santo se dirige a ella y la mira como solo se observa una maravillosa aparición.

La composición general es ingeniosa, pues pone en movimiento un onirismo, en el que juegan desenvueltos la composición, el equilibrio, el movimiento, la profundidad, el contraste y el conjunto de luces en magistral armonía. La contundente figura protagónica del franciscano y la discreta flora, se acompañan perfectamente, en una especie de recreo maravilloso que hende permanentemente la mente, la memoria y el sentimiento de quienes la miran y la admiran…

“…Pintar a Francisco de Asís en cuadro para los franciscanos, fue para mí un sobresalto inicial y una indescriptible emoción al lograrlo, pues siendo éste su santo patrón y esencia de ellos mismos, la solución simbólica y cromática se estudió con especial cuidado. Y si a ello se le agrega que debía ser realizada en Mural, miré que el asunto requeriría vasto tiempo de repasos y análisis…”

Análisis del mural "Elena y la Santa Cruz" del templo de San José de Juventino Rosas por Jorge Ojeda


“SANTA. ELENA ENCUENTRA LA SANTA CRUZ
EN EL MONTE CALVARIO,
JERUSALEN”

Dimensiones:
Técnica: Óleo sobre yeso
Ubicación: Muro sur-oriente del Presbiterio
del templo de la Santa Cruz
Juventino Rosas, Gto.
Fecha: Abril de 1960
Temática: Santa Elena
encuentra el santo símbolo cristiano
en el Monte Calvario.

PLASMAR en Muro éste desconocido y misterioso sucedido de Santa Elena, la protectora del cristianismo antiguo fue singularmente retador y motivador para el maestro Alfredo Ojeda.
Una vez zanjada la temática del tercer mural en Santa Cruz de Juventino Rosas, y luego de exhaustivo escarbar en papeles y testimonios, se dio paso al frente, hacia el boceto del conjunto, que por ser rectangular vertical acarrearía de entrada un puñado de piedritas a la composición, y por el grupito de actores que aparecerían: la presencia central de Santa Elena, mujeres que le acompañan, rudos excavadores, y, a la distancia la eterna amurallada Jerusalén que ansiosa esperaba con portones abiertos para acoger al gran símbolo religioso: la Cruz.
Todo ello se allanó aglutinando los cánones de la estética y los esenciales emblemas de los seguidores de Jesús.

Las personas son la parte protagónica viva del gran cuadro, empezando por la madre del emperador romano Constantino, que aparece con la majestad de su alcurnia e investida de la espiritualidad que la tercera persona de la Trinidad le había conferido.

“… Siendo Elena la protagónica del conjunto, la ubiqué geométrica y lógicamente al centro del todo, apareciendo junto a ella el preciado y santo objeto de madera, motivo de sus afanes, donde exhaló su último suspiro Jesús de Nazaret, para dejar lugar al Dios Hijo, con las palabras que aún resuenan en todos los confines del universo: ‘Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu’…”