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martes, 22 de julio de 2025

Anuncia Daniel Sámano que el acueducto Solís–León pasará por Salvatierra.

 Anuncia Daniel Sámano que el acueducto Solís–León pasará por Salvatierra



Salvatierra, Gto., 22 de julio de 2025. 

Durante la rueda de prensa La Mañanera, el presidente municipal José Daniel Sámano Jiménez anunció que Salvatierra formará parte del proyecto federal de construcción del acueducto Solís–León, una obra hidráulica que busca llevar agua potable a los municipios con mayores problemas de desabasto en Guanajuato.

El edil informó que el pasado viernes sostuvo una reunión con la gobernadora del estado, Libia Dennise García Muñoz Ledo, autoridades de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) y presidentes municipales de Acámbaro, Tarimoro, Cortazar, Villagrán, Celaya, Salamanca, Irapuato, Silao y León, quienes también están involucrados en este ambicioso proyecto.

Sámano explicó que el acueducto será desarrollado de manera conjunta por el gobierno federal, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, y el gobierno estatal. El objetivo principal es trasladar agua desde la presa Solís hacia municipios del corredor industrial como Salamanca, Irapuato, Silao y León, donde se concentra casi el 50% de la población del estado, mencionando que SEDENA será la dependencia encargada de ejecutar la obra.

Respecto a Salvatierra, aclaró que el municipio solo fungirá como paso de la infraestructura y que la administración local colaborará en la socialización del proyecto con la ciudadanía, la gestión de permisos y el diálogo con propietarios de terrenos, ejidos y tierras de cultivo por donde pudiera trazarse la obra.

“Quiero ser muy claro: esta obra no afectará el suministro de agua para los campesinos ni para la ciudad. Ya se cuenta con estudios volumétricos que garantizan que no habrá desabasto del vital líquido”, aseguró Sámano. 

Agregó que este proyecto también traerá beneficios económicos, ya que generará empleos directos e indirectos y atraerá empresas constructoras que requerirán servicios locales como hospedaje, alimentación y renta de espacios.

sábado, 23 de agosto de 2008

Consulta de planos antiguos de la ciudad de Salvatierra.





                                

Salvatierra una ciudad en el Paraíso según el teólogo Agustín Esquivel y Vargas

por Pascual Zárate Avila



Salvatierra: una ciudad museo; en la gráfica de arriba, lo que era un sueño y, al lado derecho, un dibujo a colores de lo que conservamos hoy de aquel comienzo de este sueño del siglo XVII, llamado: la muy noble y leal ciudad de San Andrés de Salvatierra.





























































  El sueño de una ciudad. El doctor en Teología Agustín Francisco Esquivel y Vargas escribe en 1764, lo que significa la fundación de la noble y leal ciudad de San Andrés de Salvatierra, para el entonces virrey García Sarmiento de Sotomayor, conde de Salvatierra, quien inmortalizó su nombre con la creación de una ciudad alzada con toda la ciencia al alcance de su tiempo. Aquí transcribimos las páginas 196-199 de su obra "El Fénix del Amor", con notas escritas entre corchetes para ayudar en la lectura del texto, hechas por Alberto Carrillo Cázares de la Piedad, Michoacán.
A orillas del caudalosos Río Grande [de Lerma] hace [este río] cinta de plata, [y] también diré [que] de oro, por los caudales con que enriquece la Nueva España y muchas partes de estos reinos. Corre por el medio de su continente [de este país] abasteciendo varios lugares, que gozan de sus riberas. Pero con ninguno se muestra más liberal que con la ciudad de Salvatierra, en que, por una y otra ribera, baña y fertiliza un extenso valle de trigo, de que se abastecen en su contorno los mejores y más ricos lugares [y poblaciones]. Goza su situación las más bellas cualidades: cielo alegre, amenidad natural, céfiro [aire] apacible, terreno fecundo, aguas saludables y temperamento [y clima] templado. Todo lo expone el señor Dr. D. Pedro Navia en [el documento de] su Parecer de Salvatierra, que bastaba esta fundación [de dicha ciudad par]a hacer feliz su gobierno. Por lo que [el mismo virrey] dio el nombre de Salvatierra, y se fundó con los privilegios y preeminencia iguales a la ciudad de [Puebla de los] Ángeles, como consta de sus títulos, aunque en la presente [fecha] no tiene el goce de todos estos fueros. Con la antigüedad [le gana] a Celaya y Querétaro, que aunque fueron poblaciones primeras, después se les dio el título de ciudades.
En la cima de esta amena situación se ve despeñar el río en un profundo salto, a cuyo golpe se da en las peñas, rebate a lo alto una espesa munición [y descarga] de agua, que luego se deshace en delgada lluvia o neblina. De esta cima descienden y se reparten, como aquellos cuatro ríos del paraíso, cuatro caudalosas acequias de una y otra banda en beneficio de las labores.
Linda el espeso monte en que fue hallada la santa imagen [del Señor del Socorro] con el salto del río. Que como Adán se escondió en la espesura del paraiso a la voz de Dios, que lo llamó, no es mucho [que] hiciese eco en otro paraiso escondido el segundo Adán, que vino en su socorro [Bajo el árbol de la manzana te levanté: para que de donde salió la muerte, de allí mismo resurgiera la vida (prefacio de la Santa Cruz. Misal Romano)]. Corramos los alcances del paraíso por esta bella amenidad [que nos puede dar idea de aquélla]. Es tanta la del Barrio o sitio de San Juan, en que está aquel santuario, que es usura [y gozo] de los sentidos. Ahí no tiene [ya más] que desear la vista, con tanta variedad de árboles y frutos de todas clidades, plantas [y] abundancia de flores, exentas [a salvo] de los rigores del invierno en una continua primavera, pues hasta el [mes] de septiembre se mantienen [frescas] las rosas. [Allí] el olfato percibe, una cuadra antes de llegar al sitio, el olor de las flores, en especial en la primavera, la flor de los ates o chirimoyas, fruta nacional.
No quiera apurar por menor la expresión [y descripción] particular [de la belleza de esta tierra] temeroso de que no se me vitupere de apasionado o ponderativo, con peligro del crédito de mi historia, en que he seguido el hilo de una verdad sincera y patente. No siento tato el temor de los presentes a quien la vista de ojos puede informar [para los ausentes] desembarazarse [o salir] de una duda. Pero si merece crédito Casaneo, quien refiere con otros [autores] que en la tierra hay diferentes paraísos y lugares insignemente deleitosos, no es ajeno [ni tema alejado] de opinión [juiciosa, el pensar que pudo hallarse] el apraíso en estas partes de nuestra América, [indicando] con la más válida seña del famoso río que la fertiliza con sus aguas. Véanse en Salvatierra todas las cualidades que conspiran [y contribuyen] a formar un lugar el más deleitoso y aoacible:

La primavera era eterna, y en apacibles y tibios años
los aires acariciaban las flores nacidas sin semilla alguna.
Pronto también la tierra sin labranza traía su propia cosecha
ni faltaban en el reverdecido campo las doradas espigas. (Ovidio, Metamorfosis)

De estas noticias careció o se desembarazó el autor del Teatro Americano, que aunque asienta la fertilidad de Salvatierra, la expone tan diminuta como el informe que hace de su población. Se deja ver la ciudad más hermosa y galana el Miércoles Santo, en lo más apacible de la primavera, que hace las mañanas del más dulce entretenimiento. Tal lo es esta mañana, en que a sus albores se levanta la gente, y en tropas hace una vistosa concurrencia lo más noble de ambos estados, eclesiástico y secular, con el pueblo de todas calidades y sexos.
Esta última frase indica que redactó su tema de Salvatierra en su casa de la calle actual de Madero, y nos indica la armonía de la población un Miércoles Santo con el Señor del Socorro (nota del Editor del blog).

domingo, 17 de agosto de 2008

Crónicas salvaterrenses, época colonial.


Calle Francisco I. Madero.
por José Castro Barragán.
Tomado de la revista
"Por Amor al Arte"de Mario Carreño Godínez.
año 3 N° 33, mayo de 2008.

Esta calle que data de la remota época colonial, sus antecedentes nos señalan que proviene de antes de la fundación de la ciudad, y su ubicación es de poniente a oriente y del lado norte de la capilla de aquellos años de la Tercera Orden. Cerrandola por este extremo la antigua calle del Pueblito (Mariano Jiménez). Y frente a la misma la otrora "Huerta del Infiernito", como, también, a la derecha la vieja plaza del Pueblito de la Congregación de los Chochones. Con el paso de los años llegamos a 1750, cuando dicha capilla es remodelada y al mismo tiempo se construía el templo, quedando anexado a este y el resultado es el hermoso templo dedicado a san Antonio.
Caminando hacia el oriente de esta arteria, antes de llegar a la esquina que forman esta calle con el viejo camino a Acámbaro (calle Morelos), la cruza la antigua acequía de Gugurrón y, para cruzar la misma, existe un viejo puente de piedra; el constructor y dueño de este canal fue don Pedro Arismendi de Gugurrón, con el cual conducía agua para hacer mover el viejo sistema hidráulico del molino de harina llamado en esos tiempos "Molino de Gugurrón". Fue su antigua denominación hasta 1644, que su nombre se cambió a "Molino de la Ciudad". También, las aguas de este canal fueron utilizadas en el riego de las tierras labrantías que poseían, al norte de la ciudad, los hermanos Pedro y Antonio Arismendi de Gugurrón.
Bueno, pero volviendo al tema inicial de esta importante arteria, la que en los primeros años en que fue trazada llevó el nombre de calle de la Tercera Orden, después, en su tramo comprendido entre Morelos e Hidalgo, se le conocía como calle de los Esquiveles, y esto obedecía a que en ella tenía establecida su residencia la familia Esquivel y Vargas, de la cual les quiero comentar lo siguiente: el señor doctor canónigo don Agustín Francisco Esquivel y Vargas, quien viera la primera luz en esta ciudad de Salvatierra, en el año del Señor de 1714, y recibiendo el Sacramento del Bautismo, el cual le fue ungido por el sacerdote fray José Méndez, el día 5 de septiembre del año antes citado, en la parroquía franciscana de esta ciudad.
Fueron sus padres don Nicolás Esquivel y Vargas y doña María García. Pasaron los años y al llegar a la edad escolar, sus estudios primarios los realizó en la escuela de la Saráfica Orden Franciscana que para esos años funcionaba aquí, en la ciudad de Salvatierra. Terminados éstos, más tarde pasó para continuar sus estudios en el Colegio de la Purísima Concepción, también de los padres franciscanos, en su sede de Celaya, hasta obtener el grado de bachiller para después, entrar a estudiar al Seminario Tridentino de la Ciudad de México, en cual pasado el tiempo, termina su carrera sacerdotal. Y recibe las órdenes mayores el subdiaconado y el presbiteriado en el año de 1738. También, obtuvo el grado de Doctor en Teología por la Real y Pontificia Universidad de México en 1752, cuando era párroco del Santuario del Señor de la Piedad. Fue nombrado como primer Rector del Seminario Tridentino de Morelia en 1770.
La vida transcurre en el constante desempeño de su apostolado. Le gustaba visitar la casa paterna con regular frecuencia, para saludar y estar con su familia por breves espacios de tiempo, pero en la última visita que ocurre en el mes de octubre, el día 16 del mismo, lo sorprende la muerte aquí en su natal Salvatierra. Era el año de 1771. El padre Esquivel y Vargas deja un recuerdo imperecedero a Salvatierra, como herencia literaria en su libro "El Fénix del Amor", donde hace la narración de una manera diáfana y elocuente, sobre la aparición del Señor del Socorro, cuya imagen se venera en el viejo barrio de San Juan Bautista.

jueves, 14 de agosto de 2008

Crónicas salvaterrenses, siglo XIX y XX.

Crónicas salvaterrense.
por José Castro Barragán
Calle de Madero.
Tomado de la revista
"Por Amor al Arte"
de Mario Carreño Godínez.
año 3 N° 33, mayo de 2008.

    Con el correr del tiempo llegamos a 1838. En este año, es adquirida una casa en la calle de San Francisco, nombre que, también, ostento esta artería a finales del siglo XVIII. 

    La compra de la citada casa fue por acuerdo de la prefectura, la cual era presidida por el prefecto político, en aquellos años, el general don Ramón Vera Quintana. 

    Esto fue con la finalidad de establecer en ella una Alhóndiga de la ciudad, como sucedía en otros lugares, incluso, en la misma capital del Estado. y esto se hacía para garantizar al pueblo el abasto de los productos agrícolas que éste adquiría para su diaria alimentación, tales como maíz, frijol, trigo, cacahuates, chile, etc., los cuales eran vendidos en grandes cantidades o en pequeños "cuarterones".

    El cuarterón o medio cuarterón eran cubos de madera marcados con sello de "fiel" y debían estar supervisados por las autoridades correspondientes y contar con marcas de ploma que comprobaran el correcto estado estructural exacto de la medida. Lo mismo ocurría con la báscula que se contaba para el peso o los materiales para el movimiento de fanegas. "Alhóndiga": palabra que proviene del vocablo árabe Al - fondaq, que significa mercado o almacén de granos y hospedería de viajeros.

    Por lo antes expuesto, esta calle que hoy nos ocupa, también, fue conocida como calle de la Alhóndiga. Más tarde, se le denominó de la Enseñanza, y esto obedecía a que estuvo establecida en el mismo edificio la Escuela Primaria Urbana N° 4 de san Francisco, misma que duró muchos años enseñando las primeras letras a la niñez estudiosa de aquella época.

     Avanzando en el tiempo, llegamos a 1957, cuando por la iniciativa de la maestra María Espino y el señor José Calderón, se logró fusionar las escuelas primarias para niños, la Escuela N° 2 de Capuchinas y la Escuela N° 4 de san Francisco, en un solo edificio, recibiendo la denominación de Escuela Primaria "Emperador Cuahtémoc".

    El día 1 de agosto de 1945, inició sus labores la Escuela Tecnológica Industrial y Comercial N° 18, la cual ocupa tres escuelas de estudios superiores; secundaria, pre-vocacional y comercial.

 
Este centro educacional se puso a funcionar bajo la dirección del doctor Leandro Marmolejo, y la cual fue instalada en la vieja casona conocida, en esos años, como la del "Salón de Patinar", en el portal de la Luz, en la actualidad casa central de las Hijas de Nuestra Madre del Rosario de Fátima". La citada escuela, después de la fusión de las escuelas primarias N° 2 de Capuchinas y N° 4 de san Francisco, fue reubicado en el edificio desocupado por esta última en la calle de Madero. Pasa el tiempo y, nuevamente, la secundaria citada se cambia ahora a un lugar definitivo: el moderno edificio que para tal fin fue construido, en la antigua huerta del ex-convento de San Francisco, el cual es inaugurado el día 13 de febrero de 1971; y en ese mismo año es arreglado y adaptado para sus nuevas funciones y, desde entonces, a la fecha, da cobijo entre sus viejos muros al Jardín de Niños Cuahtémoc.

    Pero ahora, caminemos de poniente a oriente por estas calles, y por la misma acera, y llegamos a la esquina de ésta con la calle Hidalgo, donde se levanta la vieja casona, que en los albores del siglo pasado, perteneciera a don Rafael Nieto, en la cual se localizaba un establecimiento denominado "Los Precios de México", cajón de ropa y artículos varios de importación y del país, lo ultimo en moda en aquella época. (Ahí era la casa del poeta salvaterrense Lisandro Nieto).

    Años más tarde, instalaba en este lugar su domicilio social el "Club Zorros" y, al escribir esto, se me vino a la memoria aquellos años, ya tan lejanos, al recordar a los viejos amigos y compañeros de club, en su mayoría, ya desaparecidos, como lo fueron. don Luis Castillo Pérez, fundador de este organismo; doctor Luis Cándido Rico, don Salvador Solache, don J. Carmen Villafuerte Miranda, don José Moreno Martínez, don Leopoldo "pollo" González Guillén, don J. Luz Jiménez Arreola, don Ricardo Loé, don J. jesús Rosendo, Bruno, Jesús y J. Luz García y García, por nombrar sólo algunos, pero a todos nos unió los ideales del mismo, y compartimos las actividades que desarrolló en su etapa vital, el grupo que conformamos al inolvidable "Club Zorros".

    Continuando con nuestro relato, es esta misma casa se instala la primera clínica del Instituto Mexicano del Seguro Social en la ciudad, la cual empieza a brindar sus servicios médicos a los derechohabientes el 27 de agosto de 1960, siendo el primer director de este establecimiento de salud, el doctor Miguel Zárate Sánchez.

Crónicas salvaterrenses, calle Vicente Guerrero.

Por José Castro Barragán.
tomado de la revista
Por Amor al Arte, de
Mario Carreño Godínez.
Año 2, N° 24, agosto de 2007.
Esta bonita calle que en la actualidad convergen en la Plazuela Hidalgo; lo mismo que la calle Arteaga por el oriente, y al norte da la misma, la calle de Benito Juárez y, por el poniente, la calle de Federico Escobedo.

Durante la colonia, esta calle, curiosamente, su longitud era muy corta y al inicio de la época de la independencia, su extención total era el tramo entre la calle Guillermo Prieto y la de Ignacio Manuel Altamirano.
Es en el año de 1856, cuando el convento de los frailes carmelitas es dividido en cruz, y se abren las calles que al inicio de este texto son citadas. La aplicación de las leyes de reforma, motiva la prolongación de la calle Vicente Guerrero, la cual queda unida a la plaza que en ese tiempo circundaba a la Columna y fuente de los Fundadores, que se ubicaba en el centro del jardín de la Meditación, donde en la actualidad se levanta el Mercado Hidalgo.

Años antes de finalizar el siglo XIX, la calle Guerrero vuelve a expandirse. Pero, ahora, hacia el lado sur cruzando los solares de la cuadrilla del Convento de los Carmelitas Descalzos, partiendo de la calle Ignacio Manuel Altamirano, para quedar unida a la calzada, que por muchos años, fue conocida como "Calzada Alderete", y en la actualidad es Heroico Colegio Militar.

Para 1914, adornaba a esta calle, una hermosa fuente de cantera y estaba ubicada ésta en el cruce de ésta con la calle de Ignacio Manuel Altamirano, la cual era bastante grande y su vertedero terminaba en flor, realizada en fina cantera rosa, de una altura de más de dos metros. Esta bonita pieza aún se encontraba de pie para los años cincuenta del siglo pasado, sobre los basamentos de la otrora "Fuente del Chato", como fue conocida.

Yo recuerdo que en los años maravillosos de la década de los cincuentas, esta calle lucía un enorme camellón en el centro de la misma, y se engalanaba con una larga fila de románticas jacarandas, cuyo valor ornamental radica en sus flores, que con forma de trompeta alcanzan de cinco a seis centímetros de largo, y uno y medio de diámetro, y son de un intenso color azul violáceo, como, también, por su follaje vaporoso y liviano. Este árbol es procedente de América tropical, donde se le conoce como Gualantay.
Ahora les contaré algunos detalles sobre la calle Guillermo Prieto, la cual tiene estrecha relación con la calle que hoy encabeza nuestra historia.

Esta arteria, allá por el año de 1750, llevó el nombre de "Calle de las Carnicerías", por venderse ese producto y sus derivados.

Entre 1850, ya finales del siglo se denominó "Calle de los Martires", posteriormente, se le conoció como "Calle del Puente del Mayorazgo". Mas adelante, y hasta 1910, se llamó "Calle del Arco", y este nombre se debía a que la cruzaba por lo alto formando un arco, el acueducto que desde las instalaciones del molino de trigo de "La Esperanza", llevaba el agua al conjunto conventual de los Carmelitas Descalzos, la cual era utilizada en sus jardines, caballerizas y sus amplias zonas verdes, asi también, para regar su enorme huerta y llenar sus fuentes, la de los Fundadores y la de la Rinconada del Carmen.También, se surtían de entre otras, la fuente que se localizaba casi llegando a la esquina que forman ésta con la calle Hidalgo, que estaba dónde ahora esta la actual fuente de los Fundadores. Sobre un caso que ya han pasado muchos años, al leerlo se antoja gracioso, pero para el protagonista que aquello lo vivió, considero que pensó diferente. Este suceso ocurrió en plena época revolucionaria.

Crónicas salvaterrenses, calle Altamirano.




por José Castro Barragán.
tomado de la revista
Por Amor al Arte. ,
de Mario Carreño Godínez.




    Ahora echemos un vistazo a la calle Igancio Manuel Altamirano, la cual desde 1800 llevó el nombre de "Callejón de Chávez", posteriormente se le denominó "Calle del Álamo" y de 1910 hasta la fecha se llama Ignacio Manuel Altamirano.            
    A principios del siglo pasado, en la cuadra entre la calle Hidalgo y Morelos, se le conocía como "Calle de los Chirimoyos", y esto se debía porque las ramas de dichos árboles cargadas de frutos, se colgaban desde lo alto de los muros que bordean esta huerta y daban hacia la calle.

También, a esta calle se le alínean en su tramo, entre Hidalgo y Guerrero, el edificio el templo y convento de las Capuchinas, conjunto conventual muy importante en la historia de Salvatierra.

    Fue fundado por cédula real concedida por Carlos III, rey de España, el día 11 de octubre del año de 1767; a solicitud del capitán don Santiago Gines de la Parada. Después de su fundación, este convento fue dedicado a la Purisima Concepción de los Pobres. Su primera abadesa por designación fue sor María Serafina Manuela, y como capellán y vicario el sacerdote y licenciado don Pedro Alday.

    Pasaron muchos años y el día 8 de septiembre de 1989, el señor obispo de Morelia, don Estanislao Alcaraz Figueroa, eleva a este templo al rango de parroquia, suceso muy importante para todos los salvaterrenses, y en una forma muy especial, para la familia obrera, ya que en esta parroquia se venera a Nuestra Señora del Rosario, elegidos por ellos como su Reina y Protectora.

    Era el año de 1915, y en la esquina que forma ésta calle con la calle de Hidalgo, existía una finca muy grande, la cual estaba destinada como casa-habitación para el sacerdote que se desempeñaba como capellán de este templo y convento. 

    Pero ante la imperiosa necesidad de la época, de establecer escuelas en la ciudad, y por el decreto del 11 de mayo de 1915, se funda la Escuela Primaria Urbana N°2, siendo gobernador el coronel José Siurob. 

    La escuela dura, como tal 48 años, pues, al llegar el año de 1963, y con la ejecución del Plan Guanajuato, es demolida esa vieja casona, de gratos recuerdos para varias generaciones de salvaterrenses, que en ella recibieron su instrucción primaria.

    Al ser demolido este edificio, el amplio espacio que ocupará, se convierte en ampliación del viejo jardín de Capuchinas, durante sólo 7 años, ya que en 1970, esta ampliación del jardín Capuchinas, es declarada por las autoridades municipales como Plaza de la Hermandad Irwindale-Salvatierra.

    Cuando las leyes de Reforma entran en vigor, la huerta de este convento le es cedida al municipio por el Gobierno Federal, y pasado algún tiempo, parte de esta huerta es utilizada para instalar el rastro municipal, el cual estuvo activo por muchos años, y en el trienio de 1974-76, Roberto García Montoya inauguró el nuevo rastro municipal, dejando estas instalaciones, ya remozadas, para el Jardín de Niños "Rebsamen".

    Y la esquina que forman las calles de Hidalgo y Altamirano, "de los chirimoyos", se alinea a esta, por su lado norte, la Plaza de las Capuchinas; este bonito lugar va aparejada con la fundación y construcción del Convento de las Capuchinas, y que esta lleno de recuerdos e historias orales sobre los arquitectos, quienes vivieron en las casas del jardín Capuchinas durante el periodo constructivo.