miércoles, 24 de diciembre de 2008

Poema Primero Sueño de sor Juana Inés de la Cruz, los elementos naturales.


Insistiendo en el elemento del aire, pasa sucesivamente a los elementos del agua y de la tierra, para evocar en cada uno de los tres a algunos seres durmientes y refiriéndose a los átomos de los filósofo griegos.
El pero dormido, los peces que despiertos son mudos, dormidos lo son doblemente, el mar en calma, que en el atardecer el sol se había metido al mar, como a su cuna de azul celeste. Nombra a Alcione, la hija de Eolo, mujer de Ceix, rey de Traquire, quién convertía en peces a sus amantes, fue metamorfoseada, junto con su esposo, en Alción, un ave fabulosa que sólo anidaba sobre un mar tranquilo, como el de esa noche.

(VI fragmento)

El viento sosegado, el can dormido,
éste yace, aquél quedo
los átomos no mueve,
con el susurro hacer temiendo leve,
aunque poco, sacrílego ruido,
violador del silencio sosegado.
El mar, no ya alterado,
ni aun la inestable mecía
cerúlea cuna donde el Sol dormía;
y los dormidos, siempre mudos, peces,
en los lechos lamosos
de sus oscuros senos cavernosos,
mudos eran dos veces;
y entre ellos, la engañosa encantadora
Alcione, a los que antes
en peces transformó, simples amantes,
transformada también, vengaba ahora.

Sor Juana describe a los animales de su patria y se muestra conocedora de ellos, estudiosa de la naturaleza, de sus campos. Nos refiere a los animales salvajes que habitan los montes refugiándose en las cuevas naturales, donde la oscuridad es tanta, que es más por ello su defensa que no por la aspereza de sus peñascos, que aún durante el día ahí se queda la noche, estas oscuridades le son desconocidas al cazador. Al estar todos ordenados por la naturaleza no hay distinción entre ellos, son iguales en el sueño: el león dormido no es fiero, el venado deja de temer al león en el sueño, y así los demás animales.

(VII fragmento)

En los del monte senos escondidos,
cóncavos de peñascos mal formados
-de su aspereza menos defendidos
que de su oscuridad asegurados-,
cuya mansión sombría
ser puede noche en la mitad del día,
incógnita aún al cierto
montaraz pie del cazador experto
-depuesta la fiereza
de unos, y de otros el temor depuesto-
yacía el vulgo bruto,
a la Naturaleza
el de su potestad pagando impuesto,
universal tributo;
y el Rey, que vigilancias afectaba,
aun con abiertos ojos no velaba.

En el venado a medias rendido de sueño, despierto a medias, ve al metamorfoseado Acteón, cazador discípulo del centauro Quirón, que fue monarca un tiempo y, que al andar en una cacería por azar dio con el Valle Escondido del río Eurotas, en cuyos estanques se bañaba Diana, la cazadora. Acteón la miró desnuda y ella la convirtió en venado y, desde entonces, era perseguido por sus propios perros en medio de la noche, en el seno de la selva. Los pájaros en la noche descienden a sus nidos que construyen en lo más oscuro de las ramas y de las hojas de los árboles.

(VIII fragmento)

El de sus mismos perros acosado,
monarca en otro tiempo esclarecido,
tímido ya venado,
con vigilante oído,
del sosegado ambiente
al menor perceptible movimeinto
que los átomos muda,
la oreja alterna aguda
y el leve rumor siente
que aun lo altera dormido.
Y en la quietud del nido,
que de brozas y lodo inestable hamaca
formó en la más opaca
parte del árbol, duerme recogida
la leve turba, descansando el viento
del que le corta alado movimiento.

En esta parte sor Juana hace una metáfora de la autoridad, de los gobernantes españoles, a quienes les atribuye un continuado interés en cumplir con su función de reinado. Y los equipara al águila, cuyo descanso no es completo por las preocupaciones representadas por una piedra que carga mientras duerme.

(IX fragmento)

De Júpiter el ave generosa
-como al fin reina-, por no darse entera
al descanso, que vicio considera
si de preciso pasa, cuidadosa
de no incurrir de omisa en el exceso,
a un solo pie librada fía el peso,
y en otro guarda el cálculo pequeño
-despertador reloj del leve sueño-,
porque, si necesario fue admitido,
no pueda dilatarse continuado,
antes interrumpido
del regio sea pastoral cuidado.
¡Oh de la Majestad pensión gravosa,
que aun el menor descuido no perdona!
causa, quizá, que ha hecho misteriosa,
circular, denotando, la corona,
en circulo dorado,
que el afán es no menos continuado.

Sor Juana realiza la descripción de un fenómeno natural, el sueño, del cual afirma es universal y sin excepciones. Es una ley natural, es, pues, la enunciación de un conocimiento natural, de un saber en tanto se afirma como rigiéndose por leyes que tratará de explicar en la siguiente parte del poema. Hay que notar que este mundo americano que nos relata sor Juana, es producto del estudio y la investigación, de su interés por explicar el campo de su patria pero, sobre todo, para afirmar la igualdad de la tierra europea con la americana, tanto como la del hombre con la mujer; la igualdad es lo que podemos concluir como conciencia de sor Juana en los versos que siguen.

(X fragmento)

El sueño todo, en fin, lo poseía;
todo, en fin, el silencio lo ocupaba:
aun el ladrón dormía;
aun el amante no se desvelaba.
El conticinio casi ya pasando
iba, y la sombra dimidiaba, cuando
de las diurnas tareas fatigados
-y no sólo oprimidos
del afán ponderoso
del corporal trabajo, mas cansados
del deleite también (que también cansa
objeto continuado a los sentidos
aun siendo deleitoso;
que la Naturaleza siempre alterna
ya una, ya otra balanza,
distribuyendo
varios ejercicios,
ya el ocio, ya al trabajo destinados,
en el fiel infiel con que gobierna
la aparatosa máquina del mundo)-;
así, pues, de profundo
sueño dulce los miembros ocupados,
quedaron los sentidos
del que ejercicio tienen ordinario
-trabajo, en fin pero trabajo amado,
si hay amable trabajo-,
si privados no, al meno suspendidos,
y cediendo al retrato del contrario
de la vida, que –lentamente armado-
cobarde embiste y vence perezoso
con armas soñolientas,
desde el cayado humilde al cetro altivo,
sin que haya distintivo
que el sayal de la púrpura discierna;
pues su nivel, en todo poderoso,
gradúa por exentas
a ningunas personas,
desde la de a quien tres forman coronas
soberana tïara,
hasta la que pajiza vive choza;
desde la que el Danubio undoso dora,
a la que junco humilde, humilde mora;
y con siempre igual vara
(como, en efecto, imagen poderosa
de la muerte) Morfeo
el sayal mide igual con el brocado.

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