miércoles, 29 de abril de 2009

La Corresponsalía del Seminario de Cultura Mexicana de Salvatierra





La Corresponsalía del S. C. M. y una iniciativa en su momento interesante


Por J. Jesús García y García


Del 28 al 31 de octubre de 1974 se llevó a cabo en la ciudad de Ensenada, B. C., la V Asamblea Nacional de Corresponsalías del Seminario de Cultura Mexicana, en la que cada corresponsalía estaría representada por dos delegados. Por la de Salvatierra fuimos el ingeniero arquitecto Adolfo Gómez Sarabia y quien esto escribe. Se fijaron cuatro temas exclusivos de discusión. De ellos únicamente el último, “La cultura en la provincia y labor del Seminario de Cultura Mexicana a través de misiones y corresponsalías”, permitía la elaboración de ponencias de más extenso y general alcance.


Nos pusimos ambiciosos y quisimos presentar la más sensacional de todas las ponencias. Suponíamos —y así fue— que en la mayoría de ellas se propondrían, con poco análisis, verdaderas minucias: realización de concursos de redacción o de ortografía, restablecimiento de las tradicionales serenatas en las plazas públicas, publicación de periódicos murales, etc. Cositas así. Nosotros queríamos algo mayor. Trabajamos arduamente en la preparación de nuestra ponencia y obtuvimos como resultado un escrito de 17 cuartillas en que se proponía, nada menos, que gestionar la creación de un ministerio de la cultura.


Empezaba de esta forma nuestro escrito:


“Cultura y conciencia —ha dicho el ilustre miembro de nuestro Consejo don Agustín Yánez— son conceptos afines. La cultura como preferencia y la toma de conciencia nacional como urgencia compelen a la Corresponsalía de Salvatierra a formular planteamientos, a proponer soluciones, en la medida de la necesidad que padece el hombre mexicano de provincia —una necesidad dentro de otra— de integrarse en una unidad de pensamiento y de acción al servicio de los fines nacionales, sin desentenderse de los propios, mediante la adecuada recepción y transmisión, en el medio extraescolar, de valores morales, artísticos y científicos, es decir, con un concepto de cultura que atienda por igual al humanismo, a la instrucción y a la civilización; que concilie, en lo posible, los criterios antropológico y clásico del término. Se trasluce así que pretendemos insertar este problema en uno mayor, de suyo ingente, que traspone los límites locales. Revisando nuestros conceptos, inscribiéndolos en un contexto apartado igualmente de la degradación que del elitismo, dando en ellos sentido a la soñada “profesión general del hombre”, pretendemos llegar a una cultura conducente, adecuada a nuestro aquí y nuestro ahora, pues —hay que decirlo cuantas veces sea necesario— hoy más que nunca un mundo nuevo se está haciendo ante nuestros ojos”.


Es una lástima que las limitaciones de espacio nos impidan reproducir todo el texto de aquella ponencia. Terminamos así:


“SOLUCIÓN QUE SE PROPONE.- Utilizando los conductos debidos, sugiérase una ley para la creación de una nueva Secretaría de Estado: LA DE LA CULTURA (de la Cultura, a secas, y no de la Cultura Popular, por aquello de las antinomias)[...]


“¿QUÉ HARÁ LA SECRETARÍA DE LA CULTURA?.- Propiciar o reafirmar en los habitantes del país, sin excepción, el tránsito del estado natural a un estado social realizador de valores.


“¿CÓMO LO HARÁ?.- Asumiendo la organización e impulso de las actividades extraescolares tendientes a la alimentación del intelecto y de los valores espirituales [...]


“¿CUÁLES SERÁN SUS ACTIVIDADES?.- Organizar y desarrollar el fomento, cultivo, estímulo, creación, investigación y difusión de las actividades estéticas y humanísticas, en todas sus manifestaciones nacionales y universales, entendiendo las humanísticas en un amplio sentido de realización de valores espirituales, y todo mediante espectáculos artísticos, conferencias públicas, concursos, congresos, labor editorial, cursillos, seminarios, organización de bibliotecas y archivos, museos, orientación científica a los no especialistas, intercambios, eventos de cultura física, etc. Estimular y proteger, en forma especial, el folklore y los valores culturales de cada ámbito o región en particular.


La Secretaría de la Cultura no prescindirá de las actividades de instrucción, pero ésta en ningún caso será con fines de profesionalidad académica.


¿CUÁNDO ES CONVENIENTE QUE SE ORGANICE Y EMPIECE A FUNCIONAR?.- De inmediato, de acuerdo con los señalamientos hechos en esta ponencia y que sería prolijo repetir”,


Se ocupó de nuestro trabajo el articulista de Excelsior Genaro María González, quien, en la página 5 de la edición correspondiente al 25 de septiembre de 1974, concluía con estas palabras su extenso artículo “Secretaría de la Cultura. Realización de valores”:


La ponencia de la Corresponsalía de Salvatierra merece ser analizada y meditada. No se puede estar archivando permanentemente este tipo de sugerencias.


En última instancia, por la cultura el hombre expresa, comunica y conserva en sus obras, a través del tiempo, sus grandes experiencias espirituales y sus aspiraciones para que aprovechen a muchos.


El Estado no debe permanecer ajeno a ello”.


Ilusos como éramos, solamente olvidamos que nuestras sugerencias no podían correr por conducto del Seminario de Cultura Mexicana, pues siendo éste un organismo oficial no iba a cometer la equivocación política de prohijar iniciativa alguna en contra de las estructuras reinantes. En Ensenada se presentó y allí mismo murió nuestra ponencia.


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