viernes, 24 de abril de 2009

Salvatierra, ciudad carmelitana


La muy noble y leal ciudad de San Andrés de Salvatierra es definida como una fundación del urbanismo novohispano siguiendo las Ordenanzas emitidas en 1573 por Felipe II, elaboradas por un consejo de sabios castellanos versados en el helenismo y por quienes participaron en la traza urbana de Caracas, Lima, Montevideo y la Ciudad de México.
En lo espiritual la educación se le encomendó a la Orden de los Carmelitas Descalzos y en lo agrícola, el Valle de Huatzindeo, regado con los canales San Andrés, La Esperanza y Gugurrones, fue dedicado a la siembra de granos: trigo, maíz y frijol. Por ser un paso obligado por los viajeros para llegar a las provincias de Michoacán y Nueva Galicia, el comercio virreinal requirio de la construcción de múltiples calles con portales para la fungir como mercados. En lo fábril, la vocación fue la industria textil para aprovechar la humedad de la atmósfera natural generada por los canales y el Río Lerma. 
Con estos principios humanistas se fundó la ciudad, y los encontramos resonando en la vida cotidiana de sus habitantes, estelarmente descritos en la poesía de Ana María de López Tena, de quien sus poemas son como cebollas, que al arrancarlos de su inspiración se desprendieron con el color y el ruido de su Salvatierra.
El poema carmelitano más elocuente es el titulado "Yo", donde encontramos asimiladas las lecturas asiduas al libro de santa Teresa de Jesús, "Castillo Interior". Nos crea un poema sobre las siete moradas del castillo interior de su alma y nos refiere al primero y al último aposento, pero sobre todo su esperanza de entrar en matrimonio espiritual con Dios. La renovación de la espiritualidad católica creada por san Juan de la Cruz y santa Teresa de Jesús tuvo en Salvatierra tierra fértil. Ellos afirmaron el misterio de la comunicación del Alma individual con Dios, de poder escucharlo en lo interior del castillo, donde habita en la morada central. Esta doctrina carmelitana la aprendimos los salvaterrenses como una verdad espiritual y Ana María de López Tena la materializa en poesía, por ello, su misticismo está emparentado con la obra de los demás poetas nacidos en Salvatierra, sobre todo con la de Federico Escobedo, José Luz Ojeda y Jesús Guisa. 

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