martes, 16 de febrero de 2010

La cristiada en Salvatierra, Gto. por Luz Paola López Amescua

VOCES DESDE EL PASADO:

LA GUERRA CRISTERA
EN EL ESTADO DE GUANAJUATO

1926-1929

EL CASO DEL MUNICIPIO DE SALVATIERRA
Luz Paola López Amescua
Universidad de Celaya
Roberto Hernández Sampieri
Universidad de Celaya

Llegó Agustín y con simpleza dijo:
-Nomás llega el Gobierno y nos lleva como
vientecito y la lumbre al pasto.
Antioco lo miró y le dijo:
Pos ya estará de Dios...
pa’ eso nos metimos...”
Diálogo entre Agustín Vega
y Antioco Vargas
(cristeros de Tarimoro)
INTRODUCCIÓN


El siguiente reporte forma parte del estudio “Voces desde el pasado, la Guerra
Cristera en Guanajuato: por Dios y por la Patria”, el cual fue realizado en campo
por la investigadora Luz Paola López Amescua, con apoyo en todo el proceso
investigativo por Roberto Hernández Sampieri.
La primera parte de ésta, realizada durante el 2005, incluyó 11 municipios, entre ellos: Acámbaro, Apaseo El Alto, Apaseo El Grande, Celaya, Irapuato, Juventino Rosas, Salamanca, Salvatierra, Tarimoro, San Miguel Allende y Villagrán.

A continuación se muestra como ejemplo de un estudio cualitativo narrativo
el caso de Salvatierra, los otros 10 municipios sobre los cuales se recolectaron
datos en 2005, se presentan en un solo reporte que se podrá localizar en la página
web de esta cuarta edición de Metodología de la investigación. Una vez que se
electrónica.

SALVATIERRA

Salvatierra fue fundada en lo que los antiguos habitantes prehispánicos
denominaban “Guatzindeo” o “lugar de hermosa vegetación”. No fue sino hasta
el primero de abril de 1644 en que se le concede el título de ciudad con el nombre
de San Andrés de Salvatierra, en virtud de la ordenanza expedida el 9 de febrero
del mismo año por el virrey García Sarmiento de Sotomayor. Esta licencia se otorgó
conforme lo dispuesto por Felipe IV, rey de España, en su real cédula firmada en
Cuenca el 12 de junio de 1642. Se señaló su jurisdicción en las diligencias que
practicó don Pedro de Navia, fiscal de su Majestad y de Justicia Mayor de dicha
ciudad, el 19 de febrero de 1646 y se confirmó el 26 de noviembre de 1705
(Gobierno Municipal de Salvatierra, 2005).
Es cabecera municipal y limita al norte con el municipio de Tarimoro; al sur
con el de Acámbaro y el estado de Michoacán; al oeste con los municipios de
La investigación fue concebida para efectuarse en los 46 municipios del
complete el estudio (todos los municipios), éste se incluirá en dicha página
En este reporte sobre Salvatierra no se comprenden las conclusiones del estudio
general y las preguntas de investigación se adaptaron, como si la indagación se
hubiera efectuado únicamente en esta población.

Yuriria y Santiago Maravatío y al noroeste con el de Jaral del Progreso. La
superficie del municipio comprende 507.70 kilómetros cuadrados, equivalente al
1.66 % del territorio del estado.
Su división la conforman 64 localidades (Gobierno
Municipal de Salvatierra, 2005).
Salvatierra tiene poco más de cien mil habitantes (Instituto Nacional para el
Federalismo y el Desarrollo Municipal, 2002).
Como toda ciudad de Guanajuato, se encuentra poblada de iglesias y tiene
un bello jardín central cuadrado, en cuyos lados se localizan el templo de la Virgen de la Luz, los portales (arcos coloniales) y la presidencia municipal.
PREGUNTAS DE INVESTIGACIÓN

¿Qué significados tuvo la Guerra Cristera para la población de Salvatierra de la
época?
¿Qué vivencias experimentaron los salvaterrenses durante dicha Guerra?
¿Qué sucesos fueron relevantes durante la Guerra Cristera en Salvatierra?

MOTIVOS QUE ACRECENTARON EL CONFLICTO

Además de los factores que propiciaron la Guerra Cristera en México y más
específicamente en Guanajuato (cierre de templos, prohibición de culto y
agresiones a sacerdotes), en el caso de Salvatierra los conflictos se acrecentaron
debido al movimiento agrario y la dotación de ejidos a las comunidades rurales
(algunos hacendados se sintieron despojados de sus tierras y aprovecharon el
movimiento para apoyar a los cristeros en su lucha contra las autoridades federales
y locales e intentar revertir los hechos). Asimismo, el sindicalismo obrero provocó
conflictos con los dueños de las fábricas de la población y ante el caos provocado
por la guerra, éstos decidieron actuar en contra de los obreros.
Don Luis Vera en entrevista (2005) señala: todo era camorra y muchos se aprovecharon para resolver asuntos que no tenía que ver con la guerra: los problema con las fábricas, en el campo, disputas familiares… todo… entonces, el problema se hizo mayor, fue más allá de la persecución de sacerdotes y cristeros.
Otra cuestión que tuvo que ver con el crecimiento del conflicto en Salvatierra
fue la cercanía con el Cerro de los Agustinos, ya que era un lugar donde los
cristeros podían ocultarse y organizar ataques en contra de las fuerzas federales
(Ruiz, 1976). Recordemos que la población es parte del Bajío (una zona plana con
pocas cumbres), por lo que cada cerro era muy valioso para fines de refugio.
LA PARROQUIA ABIERTA

El 15 de julio de 1926 el arzobispo de Morelia dio a conocer la orden de
suspensión de los cultos. Antes de que los templos fueran cerrados, los sacerdotes
pusieron en resguardo los objetos de valor que existían en templos y conventos.
El 1º de agosto de ese año, se integraron las juntas vecinales para custodiar los
templos de:
La Parroquia
El Carmen
San Francisco
Capuchinas
Oratorio de Los Dolores
San Juan
Santo Domingo

El párroco de la ciudad, Rafael Lemus, se refugió en la población vecina de
Pénjamo, y delegó sus funciones al cura Rafael Méndez. El capellán del templo del
Carmen (el más importante de la ciudad), fray Jacinto Coria, también salió de
Salvatierra. Fray Gregorio Linares, guardián de la iglesia de San Francisco,
permaneció en la ciudad, escondido en casas particulares (Ruiz, 1976).
Cabe destacar que la iglesia denominada como “La Parroquia” fue el único
templo de Salvatierra que no cerró sus puertas al culto. Al no haber sacerdotes,
grupos de laicos eran los encargados de hacer las celebraciones religiosas (a
excepción de las misas), además de los rosarios y novenas (Entrevista a Socorro
Aranda, 2005).
LA ZONA DE URIREO Y LOS AGUSTINOS

Los cristeros que salieron de Salvatierra eran en su mayoría campesinos y algunos
obreros. Como dice don Francisco Jiménez: “eran gente pobre de las rancherías”.
El pueblo consideraba a los cristeros como héroes: “por el valor de haber dejado a
su familia y marchado a pelear por sus ideales”.
Como ejemplo, está un cristero de nombre Gumersindo López, originario
del poblado de Presitas, que como muchos otros, abandonó a su familia y se fue a
pelear por la causa.
Los cristeros se fueron a pelear con “todos los que andaban en el Cerro de
los Agustinos”. Este lugar se ubica en el poblado de Urireo, entre Salvatierra y
Tarimoro, y constituía un sitio donde los rebeldes bajaban a comer y abastecerse
de víveres para subsistir en la sierra montañosa (Entrevista a Francisco Jiménez,
2005)
Precisamente, en el año de 1927, en Urireo se llevó a cabo “uno de los
combates más encarnizados”, en los parajes conocidos como Monte Prieto y Rosas
Blancas. Los federales, con el apoyo de las defensas rurales, derrotaron a los
cristeros y dieron muerte a Susano Ramírez, cabecilla de éstos, así como a la gente
que luchaba con él (Ruiz, 1976).
En ocasiones los cristeros llegaron a entrar a la cabecera municipal, pero de
manera pacífica, ya que dentro de la ciudad ni siquiera llegaron a enfrentarse con
los federales. Algunos de estos rebeldes llevaban en su indumentaria un letrero en
un listón que decía: “Dentente bala, el Sagrado Corazón de Jesús está conmigo”.
Además de los gritos que los caracterizaban: “¡Viva Cristo Rey, viva la Virgen de
Guadalupe, viva la iglesia!” (Entrevista a Francisco Vera, 2005).
En Salvatierra existía un comité de mujeres que periódicamente pedían
dinero tanto para la manutención de los cristeros como de los sacerdotes. Lo
recolectaban “tocando de casa en casa” y luego se lo hacían llegar a los cristeros
para que compraran armas y alimento (Entrevistas a Francisco Vera y Francisco
Jiménez, 2005).
ACUERTELADOS EN UNA HACIENDA

En la Hacienda Sánchez, localizada en las afueras de la ciudad, a un costado del
camino que conduce hacia Cortazar, se aprovisionó temporalmente la compañía
de la 22ª Zona Militar, a cargo del capitán Juan Jaime (Ruiz, 1976; entrevistas a
Damián Méndez y Francisco Vera, 2005).
Cuando el ejército patrullaba Salvatierra, la población se escondía por
miedo a que los militares tomaron represalias. No se supo de ningún atentado
contra las personas de la cabecera municipal, más no ocurrió así en las rancherías
aledañas. En 1928, un rancho llamado Puchote fue quemado y desalojado por
soldados del Gobierno Federal, quienes buscaban el producto de los robos de
algunos supuestos “cristeros” que andaban saqueando los alrededores (Entrevista
a Francisco Vera, 2005; Alejo, 2000).
FRAY JOSÉ PÉREZ: MARTIRIO
ENTRE TARIMORO, SALVATIERRA Y CELAYA

El sacerdote José Pérez fue otro de los religiosos fusilados en Guanajuato por el
ejército en el tiempo de la Guerra Cristera. José Pérez nació en Coroneo el 26 de diciembre de 1890. Ingresó al seminario franciscano de Querétaro en 1904 y
profesa en 1912.
Durante el conflicto armado, el padre Pérez se encontraba en la vicaría de
Jerécuaro, de donde se desplazaba a pueblos y rancherías para oficiar las misas “a
escondidas” de las autoridades locales y federales.
1 El término “dentente” no es un error ortográfico, así se usaba en la época por parte de personas con los menores niveles educativos.
El 31 de mayo de 1928, la población “Cañada de Tirados”, Tarimoro, celebraba el fin del mes de la Virgen María; para tal festejo solicitaron a Jerécuaro un sacerdote que oficiara la misa de la celebración, así les fue enviado fray José.
Concluida la festividad, un grupo de campesinos se ofreció a acompañar al padre de regreso hasta la vicaría. Era mediodía y al ir pasando por un paraje
denominado “El Cajón”, les salió al paso un grupo de militares disparando hacia
ellos, logrando matar a uno de los acompañantes y haciendo que dos más
“escaparan del susto”.
El padre iba vestido de civil, así que no sospecharon que pudiera ser sacerdote.
Sin embargo, los soldados les quitan los caballos y avientan las pertenencias que
los animales llevaban. Una de las cargas que cae al suelo es una maleta que con el
impacto se abre y muestra en su interior ornamentos sacerdotales.
“––¿Quién es el cura?–– preguntaron los soldados
––Yo señor––, respondió fray José”.
Ante tal contestación, los militares aprenden al religioso, dejando libre a sus
acompañantes, menos a Mauro López y a Bonifacio Ortiz. Los tres fueron
conducidos a Tarimoro (Ruiz González, 2001).
Según el testimonio de Margarita Dorantes, hicieron que el padre caminara
descalzo durante el trayecto. “Lo hicieron caminar descalzo, lo lazaron con una
reata que decían “llevamos a un toro en venta...” Se comenta entonces que
además de ir descalzo, iba amarrado a los caballos, los cuales lo arrastraron por el
camino lleno de piedras.
En Tarimoro, los apresados fueron exhibidos en la plaza pública. De nada
valieron las súplicas de la gente que abogó por la libertad del religioso, hasta la
petición del Alcalde de la población fue desoída. La comida llevada a la plaza
pública para los presos terminó siendo ingerida por los soldados.
A las seis de la tarde el padre, Mauro y Bonifacio fueron conducidos a
Salvatierra, donde los remiten a la Hacienda Sánchez, que como ya se mencionó
era un cuartel establecido en la ciudad. El viernes 1º de junio los presos son
transportados en tren al cuartel militar de Celaya, ubicado frente a la fábrica “La
Favorita”. El sábado 2 de junio el padre es conducido a la Hacienda de Cacalote,
Tarimoro. A las cinco de la mañana y por órdenes del coronel Severiano Pineda,
encargado de la zona militar de Celaya, el padre José Pérez es fusilado bajo un
mezquite. Tenía 37 años (Ruiz González, 2001).
Había un corralito de piedra, ramas con espinas encima para que no pisaran donde el cuerpo quedó muerto. Donde lo mataron había un frondoso mezquite, le decían “El mezquite del descanso” (entrevista a Margarita Dorantes, 2005).
El cuerpo del sacerdote fue llevado a Tarimoro y velado en la casa del
Presidente Municipal. El 3 de junio lo transportan al hospital civil de Salvatierra
(Exconvento de Capuchinas) donde le practican el reconocimiento y posiblemente
la autopsia.
Luego es transportado al templo de Santo Domingo, donde las personas de
Salvatierra lo velan. Dice la tradición que durante el velorio, el padre “de repente
levantó las manos, como dando la bendición” (Ruiz González, 2001).


A continuación, leamos el testimonio del señor Francisco Jiménez, de Salvatierra,
que me contó que siendo niño sus padres lo llevaron al velorio del padre:
En el templo no fue velado porque estaba cerrado, del lado derecho del templo hay una puerta, ahí estaba, lleno de flores, la gente iba a verlo ahí, hay una especie de atrio en Santo Domingo y entra por la puertita, estaba el ataúd lleno de flores, la cara la tenía hinchada, un bigote, con barba, poquita barba, ya tenía días de haber muerto, y el ataúd estaba lleno de flores... el juicio que teníamos nosotros era de que lo habían martirizado, ¿sabe por qué? Porque lo sacrificaron mucho, lo arrastraron con un caballo en un terreno de piedras, tenía los pies todos....como que la piel se le caía”.
Lo sepultaron en el panteón municipal de la ciudad el 4 de junio al medio día. Asistieron al funeral cinco mil personas. Sus restos reposaron ahí 10 años, durante los cuales, la gente siempre llevó flores y velas. Cuentas las consejas que de su tumba brotaba aceite. Sus restos fueron exhumados el 2 de junio de 1938 y los depositaron en el templo de San Francisco de Salvatierra, junto a los cuerpos de dos frailes de Michoacán que también fusilaron durante la Guerra Cristera: fray Humilde Martínez y fray Junípero de la Vega (Ruiz González, 2001; Boletín “Promovamos la beatificación de fray Humilde Martínez, fray Junípero de la Vega y
fray José Pérez”, anónimo, s. f.).

ARRIEROS, AGUADORES Y CAMPESINOS OFICIAN MISAS

En las calles de Zaragoza, Morelos e Hidalgo, fue donde se celebraron más misas
secretas en la ciudad. La actual casa de la cultura, en el barrio de Guadalupe,
albergó a sacerdotes que también oficiaban celebraciones religiosas (Entrevista a
Francisco Jiménez, 2005).
Los párrocos (o padres) que celebraban misas en los hogares, llegaban
vestidos de arrieros o aguadores: el sacerdote arribaba a la casa con unos burros
cargados de cántaros de agua sacada de un manantial que surtía del líquido a
Salvatierra.
En la comunidad de Eménguaro, se habla de un sacerdote, conocido como
“Panchito” Mendoza, que trabajaba en el campo arando la tierra. Las personas
sabían donde andaba trabajando y ahí lo iban a buscar para que les administrara
los sacramentos (Entrevista a Socorro Aranda, 2005).
Hubo quiénes llegaron a denunciar los escondites de los sacerdotes, pero
nunca aprendieron a ninguno. “El gobierno civil de Salvatierra fue muy tolerante,
se hacían de la vista gorda. Ellos mismos iban a las misas en las casas” (Entrevistas
a Francisco Vera y Francisco Jiménez, 2005).

EL TREN DE LA JUSTICIA DIVINA

La siguiente leyenda, contada por Francisco Vera, nos narra “un castigo divino” en
contra de unos federales que quisieron engañar a un sacerdote:
En aquél tiempo de la Guerra Cristera, cierto día iba un tren entre la ruta de Celaya y
Acámbaro. En el cabús del ferrocarril viajaba un pelotón del Ejército Federal, ya que algunos trenes acostumbraban traer militares que cuidaban que el transporte no fuera asaltado y al mismo tiempo inspeccionaban si entre la tripulación no había cristeros o sacerdotes. Por la noche, a los soldados les llegó el reporte de que a bordo viajaba un sacerdote y se lo fueron a comunicar al teniente a cargo: “Vaya y búsqueme a ese sacerdote, tráigamelo, no sé cómo le va a hacer.” ––le ordenó a su cabo.
Entonces, los soldados planearon una treta para engañar a los pasajeros y procurar que el sacerdote se delatara por sí mismo. Recorrieron todos los vagones diciendo:
“Mi teniente está enfermo de muerte, somos católicos, apostólicos y romanos, estamos en el Ejército, pero somos católicos, y mi teniente quiere un sacerdote para confesarse, Él también es católico. Si aquí hay un sacerdote, que nos diga y que lo vaya a confesar.”
Cuando llegaron al carro donde viajaba el padre, éste no pudo negarse a prestar sus
servicios ante tal situación. “Yo soy sacerdote” ––les respondió––. “Ándele, véngase”
Lo condujeron entonces al cabús donde se encontraba el teniente para ahí arrestarlo. Pero entrando al cabús, se encontraron con que el teniente estaba muerto...
LA CIUDAD PROTEGIDA

Ya que en la cabecera municipal no hubo desmanes ni saqueos a templos, las
leyendas lo atribuyen a la protección de la Virgen de la Luz, patrona de Salvatierra.
A continuación, doña Socorro Nava cuenta dos leyendas sobre la protección
divina, que salvaguardaba tanto de los cristeros como de los federales:
Las leyendas que a mí me platicaba mi papá y mi abuelito, mis abuelitos, y que todavía las platican las personas mayores, es que dicen que cuando venían los revolucionarios o el ejército a buscar sacerdotes, siempre se encontraban una ancianita en el camino, pero esta ancianita era como una peregrina que venía de aquí de la ciudad. Entonces, los soldados le hablaban y le preguntaban que cómo veía la ciudad, que si con el número de tropa que traían podían entrar a la ciudad. Y ésta ancianita siempre les decía que ni se arriesgaran, porque la ciudad estaba llena de contrarios y que los iban a destrozar. Esta es una leyenda que se nos ha transmitido
oralmente a todos, pero nosotros atribuimos pues que fue la Santísima Virgen disfrazada de anciana la que les salía al paso, para que no entraran a la ciudad.

Otra de las leyendas que se comentan actualmente, es que cuando venían los
revolucionarios o el ejército anticristero a perseguir a los sacerdotes, siempre tenían la precaución de tender los miralejos –catalejos, como les decían en aquel tiempo– [a los binoculares] y veían la ciudad, los techos de la ciudad los veían tapizados de gorras de ejército nacional (o de ejército cristero, según fuera el caso) protegiendo la ciudad. Nosotros seguimos diciendo que fue la Santísima Virgen la que nos cuidó.
DESCONFIANZA EN LOS CULTOS

El 5 de septiembre de 1929 el arzobispo de Morelia nombró al presbítero José
García, párroco de Salvatierra, en sustitución del padre Rafael Méndez. Para
octubre de ese año, se reabre el culto en los templos de la ciudad. Aun así, la
gente siguió desconfiada. Para el 8 de noviembre, el Gobierno del Estado de
Guanajuato comunica la lista de sacerdotes autorizados para ejercer su labor
pastoral en la ciudad (Ruiz, 1976 y entrevista a Francisco Jiménez, 2005.)
CONSECUENCIAS

La lucha en los Agustinos
Una de las consecuencias del conflicto, fue que hubo escasez de sacerdotes en la
ciudad, lo que provocó que en 1931, el convento franciscano de Salvatierra fuera
entregado a la diócesis de Morelia, en Michoacán (estado o provincia vecina que
colinda con Guanajuato) en calidad de depósito (Libro Becerro de Provincia V,
1931).
Después de 1929, un grupo de cristeros inconformes, comandados por
Lauro Rocha, continuó luchando en la Sierra de los Agustinos, todavía entre 1936
y 1938. Los soldados acuartelados en Salvatierra siguieron enfrentándose con ellos
en dicha serranía. El capitán Juan Jaime comandaba a los federales, quien
constantemente andaba con su tropa por aquella zona (Ruiz, 1976).
Entre los cristeros destacados de Salvatierra se menciona a:
Telésforo Arriola “El Chato”
Andrés López
Salud Cepeda
Rufino Ortega
Fidel Ortega

Los cinco originarios del poblado de Urireo, Guanajuato (Méndez, s.f).
Por su parte, el Gobierno Federal se apoyaba en los ejidatarios y desde luego,
en la Presidencia Municipal. En Salvatierra se instaló el 23º Cuartel rural a cargo de
Pedro Gurrola (Ruiz, 1976; Méndez, s.f).
El 12 de septiembre de 1936, entró a Salvatierra un grupo de rebeldes,
dejando un saldo de “dos policías muertos y parte de los archivos municipales
quemados”. Tiempo después, las gavillas cristeras fueron desapareciendo poco a
poco “al reforzar el Gobierno los asentamientos humanos con las dotaciones de
tierras ejidales y la creación de las defensas agraristas”. Se suma a esto la campaña
del 44º Batallón de Infantería al mando de Pedro Figueroa (Ruiz, 1976).
Sinarquistas encarcelados
En la ciudad se vivía por esos años el movimiento sinarquista de una forma muy
activa, a tal grado que en 1935, el Gobierno tomó presos a fray Luis Gallardo,
Manuel Romero, Manuel Aguilar, Trinidad Aranda y Rafael Aranda, líderes del
sinarquismo en Salvatierra.2
Los condujeron al panteón con la intención de fusilarlos “ahí mismo”. Sin
embargo, no llevaron a cabo la ejecución y los encarcelaron. Los pobladores,
cuando se dieron cuenta, acudieron a la cárcel con comida y designaron guardias
del pueblo para que velaran a los presos y evitar que los fueran a fusilar durante la
noche. Tiempo después los soltaron (entrevista a Socorro Aranda, 2005).
Coronación de la Virgen de la Luz
Para 1939, todavía la situación se vivía de manera tensa, las consecuencias del
movimiento cristero seguían arrastrándose. Fue en ese año que se llevó a cabo la
coronación pontificia de la Virgen de la Luz, en su parroquia.
No se podían hacer actos de culto religioso en la calle, así que después de
coronar la imagen, la llevaron en procesión al atrio de la parroquia. Pero como
siempre ha habido personas muy entusiastas, alguien gritó: “¡que salga la Virgen a
la calle!,” y las personas que llevaban en hombros a la imagen, se fueron a la calle.
2 El sinarquismo fue un movimiento que surgió en México y que se instituyó como una organización con la denominación de Unión Nacional Sinarquista, calificada de tendencia conservadora (“derecha”) y religiosa (Hernández, 2004; Laguna Berber, s.f.), fue una de las instituciones que más apoyaron a los cristeros.
La procesión tomó el rumbo de la vía Hidalgo y llegó hasta la calle de Federico Escobedo, donde ya no siguieron porque el gobierno local detuvo el acto y mandó llamar a los responsables para hacerlos declarar. Entre los detenidos estuvieron Manuel Romero, Manuel Zavala y el padre Salvador Rodríguez Mesa (entrevista a Socorro Aranda, 2005).
CONSECUENCIAS ACTUALES

El museo y la fiesta de fray José Pérez
En el templo de San Francisco, al entrar por el lado derecho, se encuentra una
capilla donde reposan los cuerpos de tres mártires de la Guerra Cristera; dos de
ellos son del estado de Michoacán: fray Humilde Martínez y fray Junípero de la
Vega, el tercero es fray José Pérez.
El museo dedicado al párroco José Pérez se localiza en la entrada del convento de San
Buenaventura. Es un pequeño cuarto con puertas de cristal, en medio de la habitación sobresale una cama de latón oxidada, propiedad del sacerdote, al igual que los demás objetos que se encuentran en las vitrinas del lado izquierdo: ropa, libros, cruces, vendas ensangrentadas y algodones, el sudario donde su cuerpo fue colocado, entre otros objetos.
La pared central muestra fotos de cuando murió y de las personas que lo acompañaron. En el muro derecho se pueden observar otras fotos, éstas son de su juventud y su ministerio sacerdotal.
El 2 de junio de cada año es la fecha en la cual los salvaterrenses celebran al
sacerdote mártir, recuerdan ese día la exhumación de los restos que se trasladaron
del panteón municipal al templo de San Francisco.
Un día antes a la celebración, comenta Alicia Gómez, encargada del museo,
y de otras provincias, como Querétaro. Las conmemoraciones del 2 de junio
empiezan en la mañana con la misa de 7:30 y terminan con la celebración
eucarística.
…salen y entran del museo a dar sus limosnas, sus milagros,3 traer sus testimonios y todo eso, ya después salen a disfrutar lo que es la fiesta, que se hace alrededor de aquí, hacen comida.
Traer milagros implica llevar al templo algún objeto con significado religioso (crucifijo, escapulario, medalla, estampa…) o pequeñas figuritas en plata, cobre u oro, que representan brazos, piernas, corazones, manos u otra parte del cuerpo, en agradecimiento de algún favor recibido por parte de un santo o deidad (la curación de una enfermedad de la propia persona o algún pariente, el alcanzar un logro, etcétera.).
llegan a Salvatierra las peregrinaciones procedentes de los municipios vecinos . He visto gente que luego entra hincada y llorando, dando gracias a fray José Pérez del milagro que les hizo...
Posteriormente se celebra una misa a las 12:30 del día, a donde asisten más
personas. Cabe mencionar que en ambas ceremonias los sacerdotes bendicen
aceite que las personas llevan, con el fin de usarlo para curarse de dolencias y
males. Esta tradición surgió debido a que las consejas populares cuentan que
de la tumba del sacerdote, cuando su cuerpo estaba depositado en el panteón local, brotaba aceite.
..lo bendicen los padres, no se vaya con la finta de que es el de la tumba, no, porque mucha gente eso confunde, entonces no, el aceite el padre lo bendice con una bendición especial que ellos hacen. Incluso hay gente que viene de fueras nada más por el puro aceite. Se lo untan en el dolor que ellas sientan, hay gente que se lo toma, inclusive los padres cuando supieron que se lo tomaban, ya bendicen dos tipos de aceite, el de untar y el de tomar (entrevista a Alicia Gómez).
Alicia comenta que las personas son muy especiales en cuanto a este aceite, pues sólo
quieren el que bendicen ese día: “...mira, hay a veces que el padre les dice ‘tráiganse su aceite, yo se los bendigo’, ellos no se van conformes, quieren de ese día, así es la gente”. Así como bendicen aceite, también bedicen hierbas medicinales:
Las hierbas porque es la fe que ellas tienen de que..., de que..., este, llegan a bendecir y ya hacen su tesito y a la hora de tomárselo se lo toman pidiéndole a fray José Pérez les alivie aquel dolor, y su creencia y su fe es de que porque aquí es la bendición, es la fe viva que ellos representan.

FUENTES DE INVESTIGACIÓN4
Documentales
Archivo Histórico del Templo de San Francisco, Celaya, Guanajuato.
- Libro Becerro de Provincia V (1847-1931).
- FOLIO 357.
4 No están ordenadas alfabéticamente.
Actualmente fray José
Pérez, fray Humilde
Martínez y fray Junípero de
la Vega, se encuentran en
proceso de beatificación.
Archivo Municipal de Salvatierra (Salvatierra, Guanajuato, México).5
Los cristeros de Tarimoro.
Documento de investigación no publicado y sin fecha.
Autor: Damián Méndez Sandoval.
Salvatierra, México.
Compendios estadísticos municipales de Guanajuato, 2002.
Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal,
Gobierno del Estado de Guanajuato, Gto., México.
Historia civil y eclesiástica de Salvatierra.
Autor: Vicente Ruiz Arias.
Editorial aparente: Gobierno del Estado de Guanajuato.
México, DF, 1976.
Leyendas, cuentos y narraciones de Salvatierra (2ª. edición), sin fecha.
Autor: Miguel Alejo López.
Casa de la Cultura “Fray Andrés de San Miguel”.
Instituto Estatal de la Cultura.
Guanajuato, México.
Historia política del Sinarquismo, 1934-1944.
Autor: Héctor Hernández García de León.
Miguel Ángel Porrúa y Universidad Iberoamericana.
México, DF, 2004.
P. fray José Pérez R., OFM. Relato de la vida y muerte trágica del sacerdote
franciscano (2ª edición).
Autor: Fray Eliseo Ruiz González.
México, DF, 2001.
5
El archivo de la ciudad, a pesar de contar con documentación antigua, le faltan documentos
importantes, como los de la época cristera, esto porque en un tiempo el archivo estuvo
abandonado en un rastro municipal y los documentos eran utilizados como empaques de carne.
Gracias al presente estudio se evitó que se destruyeran más documentos.
Anónimo, Boletín “Promovamos la beatificación de fray Humilde Martínez,
fray Junípero de la Vega y fray José Pérez”, sin fecha, ni lugar.
Internet
Gobierno Municipal de Salvatierra.
Página web consultada el 25 de diciembre del 2005. Disponible en:
http://www.guanajuato.gob.mx/municipios/salvatierra.htm
La derecha siempre presente en el Gobierno Mexicano.
Periódico: La Crisis, diario político de México.
Consultado el 12 de enero de 2006, en:
http://www.lacrisis.com.mx/especial190803.htm
Orales6
FRANCISCO VERA FIGUEROA (84 años). Testigo directo.
Es historiador. Lo entrevisté en el Archivo municipal. Francisco iba vestido de traje
café. Es moreno y usa unos gruesos lentes. Es una persona muy estudiosa de
temas históricos, incluso, un día anterior había llegado del Archivo General de la
Nación. Hombre de ideas juaristas y palabras concretas.
FRANCISO JIMÉNEZ (85 años). Testigo directo.
Fue militante de la ACJM (Asociación Católica de la Juventud Mexicana) en la
ciudad. Vive a un costado de los portales del centro, en una casa que tienen varias
macetas. Él tiene los ojos azules y el pelo blanco. Nos sentamos en un recibidor
con sillas blancas, hacía un poco de aire esa mañana, a lo lejos se oían las voces de
6 Algunos de los testigos eran niños al inicio de la primera cristiada y fueron más bien testigos directos de las secuelas del conflicto. Todos los participantes autorizaron que se mencionaran sus nombres.
los cargadores de la abarrotera de al lado. Me contó que su papá trabajó en la
hacienda de Guadalupe, por eso de niño tuvo contacto con los campesinos.
Francisco comentaba los acontecimientos de manera natural y en ocasiones con
tristeza.
MA. DEL SOCORRO ARANDA NAVA (aproximadamente 70 años). Testigo
indirecto.
Es la encargada de la notaría de la parroquia de Ntra. Señora de la Luz y por ende,
también se ocupa del archivo del lugar, que se encuentra a la entrada del claustro.
Es un lugar con muebles de madera gruesa y cortinas de tela transparente.
Ella portaba un traje sastre color azul, estaba muy arreglada del cabello que lo
fuimos interrumpidas muchas veces por las personas que acudieron a la notaría
por documentos y fechas de misas. Socorro sonreía mucho mientras platicamos,
como si le diera deleite relatar todo lo que sabía.
LUIS VERA (97 años). Testigo directo.
Es un hombre de campo de cabello canoso, complexión robusta, de 1.80 metros,
de piel muy blanca, tiene muchas dificultades para hablar y recordar. Su familia fue
testigo del conflicto y participó como cristero.
ALICIA GÓMEZ (aproximadamente 80 años). Testigo directo.
Es la encarga del museo de fray José Pérez. Mujer de piel blanca y cabello castaño
largo, se encontraba frente al museo, en la tienda de artículos religiosos del
templo. Me relató algunos datos de la fe que el pueblo le manifiesta a fray José
Pérez.
MARGARITA DORANTES (aproximadamente 85 años).
Es una señora de 84 años originaria de Ojo Seco, comunidad de Celaya,
Guanajuato. Ella elaboró unas memorias sobre la Guerra Cristera que abarca a
varios municipios del estado, entre ellos Salvatierra.

traía recogido en un chongo, la cara maquillada. Cuando por fin nos atendió,

2 comentarios:

Sergio Amaya dijo...

Hola, gracias por aportar datos tan interesantes para la historia local. Espero que tengan muchas visitas, particularmente de gente de la región. Felicidades

Male Lira dijo...

Gracias por compartir