sábado, 28 de noviembre de 2009

Empieza Guanajuato capital animando la creación de una región de ciudades educadoras en el Estado

Dr. Xosé Antonio Outón Mato
Descanse en paz
Mesa de clausura del II Congreso Nacional de Ciudades Educadoras.
De pie Pilar Figueras, presidenta de AICE y,
tercero de izquierda a derecha, el recién fallecido presidente
de la Red Mexicana de Ciudades Educadoras, el doctor Xosé Antonio Outón,
por lo que damos nuestro pésame mundial a todas las ciudades educadoras


A la media tarde, bajo un sol invernal, mientras viajo en la camioneta blanca por la carretara entre Cañada de Caracheo y la primera ciudad del Estado de Guanajuato, la muy noble y leal ciudad de San Andrés de Salvatierra, suena el teléfono celular con un revoloteo armónico, es una llamada enriquecida de evocaciones. Al mismo tiempo que reconozco el nombre en la pantalla del teléfono, veo en mi imaginación la cara blanca cruzada de múltiples líneas en las mejillas y en la frente del rostro afilado del maestro Ernesto Scheffler Vogel. Lo recuerdo cuando en la clase de la materia de Antropología Filosófica en el ex-convento de Valenciana, en un salón para diez alumnos cómodamente sentados en amplios espacios para los libros y libretas, en un una media luna de madera en torno al escritorio del maestro, donde estabamos exponiendo aquello que distinguía al hombre, su esencia y naturaleza. Dos estudiantes norteamericanos con miradas de satisfacción al escucharnos y replicarnos con sus temas de la contaminación, que entonces iniciba en la agenda mundial de preocupaciones, eran parte del grupo de seis alumnos de la licenciatura en Filosofía.
Al exponer el tema en mi turno, el maestro Scheffler se levantó del escritorio y se sentó frente a mi en la banca del frente. Y obviamente eso me sorprendió, pues además mostró un gran interés en lo que preparé sobre la comparación entre los delfines y el hombre para hacer notar las ventajas de la naturaleza del hombre. Halabó mi investigación, reforzó las conclusiones y con ello mantuvo en silencio a los norteamericanos que, en la exposición del compañero de mi lado derecho, habían estado implacables al cuestionar su tema sobre la sexualidad y la reproducción humana.
Esa imagen del maestro Scheffler levantándose cuan largo era, con su traje azul, fumando un cigarro delicado sin filtro y escuchando con su mirada directa sobre mi rostro al llevar a cabo mi exposición, es la escena memorable de mis años de estudiante universitario. Las preguntas que me planteó y la conversación sugida con él, me despertó un deseo vital por ahondar en el estudio de la antropología filosófica. Después vendrían las lecturas de Martín Buber, Ernest Cassier, Max Scheller, John Frazer, Carlos Marx, Jean Paul Sartre y, décadas después, lo publicado de los escritos del maestro Scheffler.
Y ahí esta su apellido en la pantalla del teléfono celular mientras repiquetea una llamada. Y surge la noticia de la conversación con Carlos Ernesto Scheffler Ramos, el lunes 30 de noviembre de 2009, el Cabildo de Santa Fe de Guanajuato, llevará el acuerdo a sesión del Ayuntamiento para aprobar que su gestión de gobierno municipal sea de acuerdo a la Carta de Ciudades Educadoras e ingresar a la Asociación Internacional de Ciudades Educadoras.
La carretera está despejada, la luz hace transparente la altura del Cerro del Culiacán, y veo en el azul del horizonte, a lontananza, la fotografía del libro de Ernesto Scheffler Vogel, que cuando lo ví anunciado en las mamparas del jardín de Pastita en Guanajuato, me recordó el rostro del libro de Ezra Pound sobre la antología de seis poetas de lengua inglesa, que siempre traía en la mano sabiendo de su gran poder de atracción para las curiosas estudiantes de filosofía.
La cultura y la inteligencia son un patrimonio y un legado familiar, debo de decir que mucho de la próxima aprobación del ingreso al ideal de las ciudades educadoras del mundo, por parte del Cabildo de Santa Fe de Guanajuato, lleva dentro de sí la impronta del legado humanista de varias generaciones de santa fesinos dedicados a construir una ciudad cultural a la altura de los sueños utópicos de los jesuítas del siglo XVIII, particularmente, a la altura del ideal que Rafael Landívar expuso en la Rusticatio Mexicana escrita en Bolonia, Italia en 1779.
Una felicitación para Francisco Licea y Carlos Scheffler, de la comisión de educación del Ayuntamiento, y una nota de reconocimiento especial, con estrellitas, por su enorme capacidad intelectual y su gran vocación de servicio público, puesta de manifiesto con este reto enorme de hacer de la ciudad de Guanajuato el mejor lugar para vivir y visitar y, sobre todo, estar a la altura de las ciudades europeas y del pensamiento global representado por la ONU en su capítulo de la UNESCO.

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