martes, 27 de octubre de 2009

Santuario Cultural "El Mayorazgo", por Verónica Sánchez. Paisaje histórico industrial

Santuario Cultural "El Mayorazgo"... sonaba tal vez muy pretencioso, tanto más aún, si establecemos el hecho de que en el sitio en el que se planteaba desarrollar era, practicamente, una ruina -no obstante por algo la población se refería al sitio en esos términos desde hacía ya varios años-... a pesar de ello, los esfuerzos dieron inicio a partir de los últimos meses del año dos mil cuatro, con un anteproyecto que tuvo como base sólo una orden, una idea, un sueño recién gestado -tal vez sólo retomado- por algunos... y nada más... Nada más que un sueño puesto en las manos de alguien, por no sé que voluntad.
A partir de entonces devienen una y mil situaciones de hoy, pero también de antes, del pasado, de ese pasado quizá tan lejano como la historia misma del inmueble que data de principios del siglo XVII, de varios años antes de la fundación de la entonces llamada San Andrés de Salvatierra, en 1644.
Situaciones mil que lo único que hicieron fue ir conformando a través de mucho tiempo, la plataforma propicia para comenzar a materializar ese sueño, ese sueño quizá escondido en muchos, olvidado por otros, cuestionado por más.
Poder llegar, en primera instancia, a consolidar esta idea, a encontrar eco en quienes se consideraba prudente involucrar, por supuesto que no fue labor sencilla, el Municipio de Salvatierra, abanderando este sueño, pudo consentir tener el tacto suficiente para ir despertando an cada ente, el sentimiento adecuado que convergiera en la necesidad por rescatar "las ruinas del Mayorazgo", mismas que, igualmente, supieron esperar la llegada de ese momento que no es más que resultado, como he dicho ya antes, de muchos años, no de dos ni de tres, ¡no!, de muchos más años de abandonos, lamentaciones, reclamos, intentos, contemplaciones, esfuerzos, conflictos, resentimientos y desesperanzas... años de historia, de arraigo, de identidad... años de ser y evolucionar al ritmo que fue marcando la sociedad, años de ser y ver pasar el tiempo como un mudo testigo que, sin embargo, guarda todo en su memoria, años de ser y luchar por permanecer aún a pesar de todo y de todos, años de ser y aferrarse a seguir siendo... años de ser y esperar a que llegara el momento, el justo momento...
El Mayorazgo, como se le llama a este inmueble, hoy es sólo un mínimo resto de lo que en la Colonia fuera un intento por asegurar en una familia la promesa de la opulencia perpetua; éste, junto con los títulos de nobleza eran los símbolos más distintivos del éxito dentro de la sociedad de aquel tiempo. Con el mayorazgo una familia noble sentaba una base económica, la ecoraba con lujo y la incorporaba en una sola herencia legal, por lo que era indivisible e inalienable; y por progenitura pasaba intacto de una generación a otra.
Como este, hubo muchos en todo el territorio de la Nueva España. El "nuestro", remonta sus antecedentes a 1568, siendo constituido en noviembre de 1607 y puesto en posesión de su primer heredero, don Gabriel López de Peralta, en 1618, quien obtuvo luego la merced para disponer de aguas del río Lerma para poder fundar un molino de pan y posteriormente donar las tierras necesarias para la fundación de una nueva ciudad, Salvatierra. Esa donación y más de 60 años de litigio, debidos a muy particulares circunstancias, hacen merecer a esa familia, entre otras cosas, del título de marqués, con denominación de Salvatierra, por lo que doña Francisca Catalina Jerónima López de Peralta Turcio Luyando y Bermeo, quinta heredera del mayorazgo, se ostenta como la primer marquesa de Salvatierra... por ello, al sitio que nos ocupa, también se le identifica comúnmente como el Marquesado.
Mayorazgo o Marquesado, denominaciones de origen muy diferente, refieren de igual forma , sin embargo, al sitio elegido para dar la vida a este sueño cultural.
La figura del mayorazgo se prohibe en México a partir de 1823, mientras que los títulos de nobleza son abolidos en 1826; sin embargo, desde mucho tiempo antes, la finca del mayorazgo, como muchas otras en todo el territorio de la entonces aún llamada Nueva España, había ya sido ocupada durante la lucha de Independencia por fuerzas realistas, pero también insurgentes, generando que de a poco su construcción comenzara a sufrir los consecuentes deterioros que "usos" de esta índole le propiciaban; sus ornamentos y demás bienes muebles fueron depositados en conventos y casas particulares desmontándose , también, el molino durante los primeros años de vida independiente de México.
Ya en la segunda mitad del siglo XIX, los herederos del Mayorazgo, tras la ley de desamortización de los bienes del clero y asociaciones civiles, lo venden a Patricio Valencia, dueño de la fábrica de hilados y tejidos "La Perla", siendo su yerno, don Eusebio González, quien reactiva el molino para arrendarlo primero y venderlo, después, a la sociedad de don Lucas Lira, quien lo mantiene activo hasta 1929, año en que es prácticamente abandonado. Aún con ello y, tal vez, con el sólo afán de ampliar su patrimonio, los señores Arrechederra, propietarios en turno de la legendaria "Fabrica de hilados y tejidos La Reforma", adquieren la finca y la concesión del molino, aunque nunca lo utilizan. Sencillamente, con esto, el Mayorazgo pasa a formar parte del "paquetes de propiedades" que la dicha fábrica constituyó, para ir pasando de mano en mano hasta casi terminado el siglo XX. Por supuesto que durante todo ese tiempo el Mayorazgo, continuó siendo subutilizado, habiendo dado albergue primero a una planta de luz, luego a una quebradora de piedras para la construcción de la carretera Salvatierra-Celaya y, más tarde, servir de almacén de maquinaria y materiales por motivos del denominado "Plan Guanajuato".
Tal vez sobra evidenciar los abusos a los que a partir de entonces fue sometido nuevamente el inmueble, o lo que quedaba de él... situación que por momentos resulta incomprensible, ya que siempre existió un dueño del Mayorazgo y un dueño -a decir de muchos- con los recursos económicos suficientes para mantenerlo... sin embargo, si atendemos el hecho, de que a partir de la primera venta del Mayorazgo, éste fue siempre propiedad de personajes ajenos a la ciudad, bien nacionales, bien extranjeros pero, al fin, gente sin mayor apego a esta ciudad a la que, sólo juzgando por los hechos vistos, seguramente jamás le importó el destino de semejante ejemplo de identidad para sus habitantes... nada más quien esto valora, es quien lucha porque se respete y permanezca, nada más quien tiene arraigo y el amor por su pasado, por su historia, es quien habrá de luchar por su conservación, nadie más.
Así las cosas, ya muy recientemente, el inmueble del Mayorazgo fue adquirido mediante compra venta realizada por el Gobierno del Estado, en el año de 1996, a la entonces fábrica "La Carolina y Reforma, S.A. de C.V.", para luego y mediante decreto gubernativo, donarlo a la Universidad de Guanajuato, justamente, también, en el último mes del año dos mil cuatro...
Habiendo tenido siempre como testigo al Mayorazgo, el área de la ciudad en la queéste se enclava, comienza a desarrollarse, conformando con el tiempo un sitio en el que coincidieron tradiciones y costumbres, educación y cultura. La construcción de la capilla de Guadalupe con sus diversas manifestaciones, para las que el Mayorazgo sirve de escenario, -la creación luego de la preparatoria oficial, la unidad de estudios superiores que ofrec varias licenciaturas y maestrías- y el Centro de Investigaciones Humanísiticas, todas dependientes de la Universida de Guanajuato, así como la casa de la cultura Fray Andrés de San Miguel, dieron gradualmente vida a este lugar, de la misma manera que fueron de algún modo definiendo "su vocación".
Poco a poco, cada cosa fue dándose y tomando su lugar, coincidiendo en un afán, esbozando una idea, quizá difusa, dispersa pero tomando el rumbo que había de llevar a consolidar la restauración y el nuevo uso del Mayorazgo, teniendo en cuenta que éste vale por sí pero también, por el todo, es un binomio indisoluble que habrá de ser reconocido por una sociedad determinada en un tiempo específico.
Para el Mayorazgo, ese tiempo llegó y por lo que haya sido, su restauración se dio, impulsada por diversos intereses, quizá políticos, que llevaron a tomarlo como un "objetivo de gobierno" que, tal vez sin imaginarlo, y sin esperarlo realmente, se concretó... los tiempos fueron los adecuados, las personas y las circunstancias, también, hoy la restauración de lo que por décadas fue sólo un refugio de aquellos amantes de la noche, la droga y la maldad, es, para algunos de nosotros, -espero que muchos-, una bendita realidad, una magnífica oportunidad de rescatar para bien, lo que siempre ha sido en la ciudad, uno de sus más grandes hitos.
Si, la intención es rescatar el inmueble, repararlo, reconstruir, tal vez, por qué no decirlo, muchas de sus partes que, aún con todo, asoman de entre la tierra, de entre la inmensa maraña de malezas, como negándose a desaparecer; la intención es recuperar sus espacios, sus formas, su belleza; la intención es respetar la creación de nuestros antepasados y ayudarla a seguirse entregando de una mejor manera a la sociedad, a esa sociedad que hoy -como siempre- está tan pendiente del inmueble, y con ojos vigilantes celebra cada movimiento en él, las horas de trabajo, la llegada de un nuevo material, la acción de cada máquina y cada persona, evocando para sí con ellos sus propios recuerdos, esos que lo atan al Mayorazgo, que la hace sentirse parte de él, sentirlo parte de sí, y por ello comparten, a su manera, la buena naticia de su restauración.
Por supuesto que no todo resulta ideal, hay que lidiar con muchas situaciones provenientes de quienes menos esperas, excusas, pretextos, argucias, denuncias malintencionadas, comentarios malsanos apoyados en nada más que suposiciones y un sinfín de cosas más, parecen aliarse buscando entorpecer la labor; sin embargo, nada habrán de lograr; nada deberán de lograr... cumplienro con todos los requisitos necesarios para ello, el proceso ha dado inicio y la voluntad de algunos para culminarlo está por encima de todo esto, sobre todo la voluntad de alguien muy especial que aún sin ser más su arraigo a esta tierra que su amor por el legado cultural de la nación, ha sabido buscar entre todo y entre todos el justo medio que permita continuar con este sueño, que ahora es suyo también.
Serán cincuenta personas, tal vez más, las que actualmente tienen la fortuna de dar con sus manos nueva vida al Mayorazgo, cincuenta pares de manos que seguramente de manera inocsciente dan forma a una idea, una idea que por todo lo que conlleva resulta verdaderamente trascendental y que por ello es apoyada por el mismo Gobernador del Estado, la Secretaría de Desarrollo Social y Humano, por supuesto, la Universidad de Guanajuato y, desde luego, por Salvatierra, quienes através de restauradores, proyectistas, arqueólogos, estructuralistas, contratistas, supervisores, residentes de obra, encatgados, jefes de área, directores, secretarios y un largo etcétera, conjuntan sus esfuerzos, para llegar a la concreción de esta tarea, la cual se pretende -y espero de verdad que así sea- dé albergue a una instancia más de nuestra máxima casa de estudios, a una Extención Universitaria, que contará entre otras cosas: con foro al aire libre, diversos espacios de exposiciones, talleres, museo de sitio y salas de conferencias disponibles para todo aquel amante del arte y la cultura, no sólo de la ciudad, sino de la región y, porque no pensarlo, también del Esatdo... el tiempo lo dirá.
Preguntaba Paul Valery en su "Eupalinos o el Arquitecto"... "¿No has observado, al apsearte por esta ciudad, que entre los edificios que la componen, algunos son mudos, los otros hablan y otros, en fin, los más raros cantan?"... seguramente podríamos responder que si y que unos de esos pocos que hablan, que hablaron siempre, fue el Mayorazgo, que incluso no sólo habló sino que también gritó buscando que alguien le ayudara a seguir siendo... hoy, sigue gritando para anunciar que al fin logró que ese alguien le brindara su ayuda y él pudiera seguir siendo, porque finalmente y ante la incredulidad de muchos, supongo, hoy se está materializando lo inimaginable, el sueño que como sueño que es, difícil es creer pueda llegar a ser realidad.
Sin embargo, y siguiendo con la línea de Valery, tras su restauración y nuevo uso, el Mayorazgo comenzará ahora a cantar y cantará para todos, por todo el tiempo que nosotros así lo queramos, eso es parte de lo que la restauración nos permite y la conservación nos exige. Ojalá que la sociedad así lo entienda y sirva esta experiencia para detonar en ella una verdadera cultura de preservación de nuestro patrimonio edificado.
Lo que seguramente sí es definitivo es que "El Santuario Cultural El Mayorazgo", será uno de esos pocos adificios consignados por Valery como "raros" y cantará...
...¿No acaso comienzas ya a escuchar su canto?.

2 comentarios:

josue manriquez dijo...

hola !!! soy estudiandte de la universidad de guanajuato aqui en salvatierra. Donde puedo sacar mas informacion sobre el mayorazgo, si hubiera algun archivo historico fotos antiguas te lo agradeceria mucho... gracias

Pascual Zárate Avila dijo...

Saludos Josué, te informo que sobre el Mayorazgo hay un libro que se llama "El Marquesado de Salvatierra" escrito por Francisco Vera Figueroa y que puedes encontrar en la biblioteca pública y en el archivo histórico del municipio. También puedes solicitar el proyecto de restauración del Mayorazgo en el archivo administrativo, ahí encontrarás fotos de cómo estaba el edificio antes de empezar la restauración.

Espero que te sirva esta información.