miércoles, 31 de diciembre de 2008

Competitividad global de Salvatierra en la cultura, el Bastón de Mando


San Andrés de Salvatierra es un municipio guanajuatense con un rico patrimonio cultural en todas las áreas de la producción humana. La visión culturalista del municipio requiere de una investigación específica para darle sentido de valor universal a los contenidos patrimoniales. Debemos comprender el mestizaje sucedido en el interior del territorio municipal en lo relativo a edificaciones, literatura, batallas históricas, música, pintura mural, instituciones políticas, educación, agricultura, religión, tradiciones populares. La comunicación global nos otorga la oportunidad de destacar la riqueza y beneficios del patrimonio salvaterrense, lo cual exige una presentación descriptiva y comprensional a la altura de una concepción global, es decir, contestar a la pregunta natural de un usuario de internet en cualquier parte del mundo. ¿Qué semejanzas hay entre la esencia cultural de Salvatierra con la esencia de un mundo globalizado? ¿Qué sentidos del mundo espiritual visibles y comprensibles de la conformación de la ciudad de Salvatierra interpelan y le dan sentido de valor a un mundo global en crisis de valores?
Trataremos de contestar a estas preguntas mediante el estudio de los íconos propios de Salvatierra a través del empleo de la Herméneutica Icónica Analógica para comprender la identidad y diferencia entre la visión univocista de la anécdota provinciana con los principios multivocista de los humanistas universales para una comunicación multicultural que es de interés de instituciones globalizadas, ya sean propias de la UNESCO, ONU, periódicos, televisoras, instituciones políticas, UE e incluso turistas veraniegos de todo el mundo.
Esa es la meta en los trabajos de comprensión icónica de la esencia cultural de Salvatierra.
Para mayor explicación del significado de realizar los trabajos de comprensión icónica de la cultura de Salvatierra, pondré el caso del ícono del bastón de mando del caudillo Agustín de Iturbide colocado en la mano derecha de la Virgen de la Luz.
Agustín de Iturbide en la enseñanza oficial, en la escuela primaria, en la historia de México el caudillo libertador tiene un significado univocista: la de ser la representación de un traidor al movimiento independentista de la nación. Murió fusilado al adentrarse en el territorio nacional después de ser desterrado, y luego de haber sido publicado un edicto advirtiéndole del castigo de muerte si volvía, edicto no conocido por Iturbide.
La significación univocista de la historia oficial nos hace preguntarnos ¿Si Iturbide traicionó a los independentistas, qué significa la permanencia de su bastón de mando de capitán realista en el centro sagrado de la cultura salvaterrense?
El ícono rebaza con mucho la mera explicación histórica de la colocación del bastón de mando en abril de 1813, después de la batalla del Puente de Batanes ganada por Iturbide a López Rayón. Tan poco se constriñe al lugar de Iturbide en la historiografía mexicana. El bastón de mando es un ícono, un fragmento de la lucha de independencia mexicana, un fragmento capaz de representar al todo. La misma ubicación física del bastón de mando está entre la frontera de los significados sobrenaturales de la religión católica, la estatuilla de la Virgen de la Luz, junto a los significados terrenales de la vida de los países, pues está en la misma mano donde lleva la Rama de Olivo, signo de paz en el mundo.
Un bastón de mando de capitán militar, los antropólogos lo significan como autoridad legítima. Lo portan los gobernantes para mostrar quién es el jefe máximo de una etnía o ejercito. Es un componente de género, referido al mando como derecho del varón, de ahí su representación de bastón, de vara, propio del campo semiológico del falo. En una sociedad patriarcal, como las sociedades básicas de las familias virreinales del Bajío guanajuatense, el bastón de mando lo porta una representación sagrada de lo femenino. En el contexto más inmediato, el bastón de mando de Iturbide aparece como una sintesis de los símbolos propios de la Virgen María de la Luz y de la Rama de Olivo. Una síntesis de la unión de la religión y la cívitas. Las palmas de olivo eran premio a los campeones en los juegos Olímpicos de la Grecia antigua. El bastón de mando del capitán Iturbide es una intencionalidad de estar bajo las órdenes de los valores cristianos para la paz del mundo. Deponer la guerra, ir por el camino de la paz.
En el contexto actual, de festejos por el Bicentenario de la Independencia de México, en una época de la pérdida del sentido, en un mundo instrumental globalizado, neoliberal y consumista, la comprensión de los íconos de la cultura en la ciudad de Salvatierra, Gto., son un reto constructivo de una concepción cultural generada dentro del pluralismo analógico permitiendo armonizar lo local con lo global, preparando la formación de la personalidad de los niños y jóvenes salvaterrenses, con competencias internacionales de ciudadanía y valores, a partir de una educación basada en la apropiación de conocimientos adquirido por la ciudad, en la ciudad y de la ciudad, en consonancia con las exigencias de un mundo multicultural.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Análisis filosófico del poema "Primero Sueño" de sor Juana Inés de la Cruz por Pascual Zárate Avila

La filosofía subyacente de sor Juana Inés de la Cruz

por Pascual Zárate Avila
Introducción

Para entender con mayor claridad los trabajos intelectuales y la concepción del mundo que nos expone sor Juana Inés de la Cruz, a lo largo de sus poemas y, muy especialmente, en el poema “Primero Sueño”, se hace necesario dar un recordatorio general al estado intelectual que imperaba en Europa y su diferencia con la Nueva España, en el siglo XVII.
En lo referente a la institución religiosa, el cristianismo, éste había sufrido la perdida de gran parte de su autoridad en Europa, a partir de la crisis de la Reforma encabezada por Martín Lutero y de la redefinición dogmática de la Contra-Reforma sucedida en el siglo XVI. Esto nos habla de la decadencia de la religión cristiana al escindirse en dos ramas importantes dentro de la cultura occidental: el protestantismo y el catolicismo.
El cristianismo reavivado por el Concilio de Trento, es el que se predica en América, produciendo un esplendor cultural en este continente que podemos definir por el ideal de armonía entre el Pueblo, el Estado y la Iglesia. Pero el espíritu racionalista de Descartes y el movimiento renacentista procurarían introducirse en el pensamiento colonial de la Nueva España.
Con dificultades, y por medio de segundos autores, se propalaron las nociones del pensamiento moderno entre algunos miembros de la le intelectualidad colonial. Tal vez uno de los mayores conocedores de la filosofía moderna lo fue Carlos de Sigüenza y Góngora.
De una manera indirecta de la lectura de los clásicos modernos, sor Juana Inés de la Cruz asimila, fundamentalmente, la aspiración de conocimientos naturales, pregonado por los autores renacentistas. Pero fiel a su fe y creencias no puede desechar la cultura y visión mística del mundo, aunque intenta vindivicarla al pasarla a la práctica para la adquisición de conocimientos naturales en coherencia lógica con la mística deísta, postulándola como una vía factible para ello. El resultado más importante de éste intento sor juanino, es la enunciación de que la tradición mística española de la Contra-Reforma, no logra llegar por la vía naturalista que recorre sor Juana, al objetivo que se propone: vislumbrar a Dios a través del conocimiento y contemplación de los fenómenos naturales.
Pero lo más grave es que tampoco logra sentar conocimientos ciertos de la cosas naturales al no explicar los fenómenos de manera efectiva, sino que se queda en la apariencialidad y en la referencia a otras causas últimas, que por ser últimas nada refieren de la especificidad de los fenómenos en los objetos mismos.
Sor Juana afirma que se logrará mayor acceso al mismo dogma y tratados teológicos investigando empíricamente los objetos naturales, lo cual, según su propuesta, permitirá una revitalización en la comprensión de la doctrina Católica y del mundo.
Por ello, en la lectura del poema “Primero Sueño”, escrito por sor Juana cuatro años antes de morir, podemos encontrar la vitalidad y el altísimo nivel expresivo de la lengua castellana en la Nueva España, del sentido de las interrogantes planteadas en su poema, con cuyas respuestas se construirá la identidad nacional mexicana mediante los continuadores de la elaboración de la filosofía humanista, a la que estarán llamados los pensadores americanos en los siglos posteriores a son Juana.

La Expresión de la Filosofía

En el presente trabajo de investigación sobre la filosofía en sor Juana Inés de la Cruz, nos encontramos, de entrada, con la muy específica manera de manifestar su pensamiento filosófico a través de la poesía. No es ella quien inaugura la expresión filosófica por medio de la poesía, ya antes Parménides y Lucrecio la utilizaron con éxito. Dedicaremos una pequeña parte a estudiar la relación posible de la poesía como medio de expresión de la filosofía.
Nos encontramos que los filósofos han utilizado géneros literarios para expresar su filosofía, así tenemos que el poema lo utilizó Parménides y lucrecio; el diálogo Platón y Berkeley; el tratado o notas magistrales Aristóteles; la diatriba los Cínicos; la exhortación y la epístola los Estoicos; las confesiones san Agustín; las glosas, comentarios, cuestiones, disputaciones y sumas los escolásticos; la guía Maimónides; la autobiografía intelectual Descartes; el tratado geométrico Spinoza; el ensayo Montaigne, Locke y Hume; los aforismos Francis Bacon, Nietzsche y Wittgenstein; el diario filosófico Kierkegaard y Gabriel Marcel; la novela Unamuno, Camus, etc.
No quiere decir que esos modos de exposición antes mencionados fueron las formas exclusivas de cada autor para manifestar su pensamiento filosófico, también, utilizaron otras maneras de expresión, pero al haber sido a través de esos modos por los cuales han dado a conocer parte fundamental de sus respectivas filosofía, por ello que se nos presenta plantear como es que está dada la problemática entre contenido (idea) y forma (exposición).
Es decir ¿se halla la expresión unida al contenido? Desde luego que a cada tipo de doctrina no corresponde una determinada forma de expresión, pero si, los filósofos han adoptado los géneros de expresión que mejor encajan en las formas generales de su pensar o con las más vigentes de su época.
Consideramos que la idea filosófica es separable de la forma originalmente estructurada por el autor, si no de entrada negamos la validez del presente trabajo que intenta explicitar el contenido filosófico expresado en una determinada forma de expresión, a grosso modo, pasar de un lenguaje filosófico versificado a uno prosificado, expresando la misma idea filosófica.

El Lenguaje Poético

Podemos empezar marcando una distinción de los lenguajes en dos tipos: un lenguaje llamado cognoscitivo, propio de la obra científica, y un lenguaje llamado emotivo, propio de la obra literaria y, en general, artística. También, al lenguaje científico se le llama: indicativo, enunciativo, referencial y, a veces, simbólico. Al lenguaje emotivo se le llama, a veces, evocativo o lírico. Al lenguaje cognoscitivo se le asigna una función informativa y al lenguaje emotivo una función expresiva. En el lenguaje cognoscitivo la forma puede ser separada del contenido, mientras que el lenguaje emotivo forma y contenido son indisolubles. Se considera al lenguaje científico reversible, mientras el lenguaje emotivo es irreversible. El lenguaje cognoscitivo enuncia de algo si existe o no, si es o no de cierto modo y, por tanto, sus enunciados son verdaderos o falsos,; mientras el lenguaje emotivo es indiferente a la verdad o falsedad de sus expresiones. El lenguaje cognoscitivo es un lenguaje abierto, susceptible de rectificación, de acuerdo con las observaciones, mientras que el lenguaje emotivo es un lenguaje cerrado; una vez constituido, la obra de arte es inmodificable y forma un universo aparte.
A este modo de dividir los lenguajes se le han lanzado varias críticas, principalmente la de considerar que el lenguaje artístico, particularmente el poético, no se reduce a lo emotivo y evocativo. Tampoco se considera que el lenguaje poético no diga algo acerca de lo real, aunque lo que dice es algo distinto de los enunciados por el lenguaje científico.
Aunque se mantiene una diferencia entre los dos lenguajes pero resistiendo a llamara uno enunciativo y al otro evocativo, pero sus diferencias se mantienen en una línea de continuidad. Así tenemos que entre los enunciados científicos algunos no dependen directamente de las observaciones de la realidad exterior y se atienden a ciertas exigencias de la construcción conceptual. y, también, que en el lenguaje poético hay expresiones que se refieren a realidades exteriores. Se llega al acuerdo de que puede ser que la diferencia entre la obra científica y la literatura sea sólo una diferencia de tendencias. Considerando la innegable diferencia de estructura entre los dos lenguajes (por ejemplo, el carácter respectivamente reversible e irreversible de cada no de ellos), no impide que ambos coincidan en un terreno común: de ser ambos lenguajes sujetos a las mismas leyes de todo universo lingüístico, y de participar de las dimensiones sintáctica, semántica y pragmática.
Se considera, también, desde el punto de vista del lenguaje que la expresión poética en vez de no decir nada, dice, por el contrario, muchas cosas. esto se debe a que el lenguaje poético es primordialmente implícito, en tanto que el lenguaje científico tiende a ser explícito; las expresiones del lenguaje poético no tienen, como la científica, una, ni como la puramente exclamativa, ninguna significación; se puede considerar que el lenguaje poético es más rico que el científico, pero por ello sacrifica lo que el lenguaje científico logra: la precisión, unisignificativa, de la expresión.
De tal forma se desarrollo el lenguaje poético que puede, cuando se usa para manifestar ideas filosóficas, dar pie a confusiones en la interpretación. Por ello se hace necesario un análisis de los conceptos usados, en sus múltiples significaciones, de tal manera que podamos hacer, aunque la empresa se presenta difícil y ardua, una explicitación del lenguaje implícito para una correcta interpretación de las ideas filosóficas que se encuentran implícitas en ese lenguaje poético, aunque podemos correr el peligro de querer ver en ciertas palabras, una referencia filosófica donde sólo se encuentra en su uso poético distante del filosófico.
Ahora bien, puede existir un uso metafórico o figurado de ideas preponderantemente filosóficas, donde el vocablo de referencia directa es sustituido por otro análogo o similar, pero esto nos presenta el problema de saber la validez de tal uso, por ello dedicaremos una cuantas reflexiones al respecto; dado, también, a que consideramos que sor Juana trató un tema cognoscitivo en una estructura poética, da ahí que sea factible separa lo cognoscitivo de su forma, sin por ello ser disolvente de la idea.

La Metáfora

Aunque no está claramente abordado el problema del uso de la metáfora en filosofía, encontramos antecedentes de su uso para expresar ideas filosóficas y no por ello se le ha restado validez al pensamiento filosófico que así se expresa.
El antecedente más ilustre y significativo lo representa Platón, quien utilizó el lenguaje figurado con cierta frecuencia sin precisar en qué consistía: a veces se trataba de una imagen, a veces del hecho de comparar. Para Platón el verbo metaforizar significa simplemente, como se ve en el Critias, traducir un nombre de un lenguaje a otro lenguaje, de acuerdo con la significación primaria del término: transportar (una carga) de un lugar a otro.
Platón no presenta una teoría que permita saber exactamente qué es la metáfora, por qué se considera legítimo su uso en filosofía, y en qué se distingue de la mera comparación o símil. Pero de cualquier forma parece evidente, sin embargo, que Platón no consideraba la metáfora y el lenguaje figurado en general, como un procedimiento ilegítimo para la exposición del saber filosófico. Esto es importante para nuestro estudio del uso que de él pueda hace sor Juana, ya que ella antes que nada recobra la sabiduría griega. Aunque para llegar a un claro conocimiento de la cuestión es necesario ante todo forjarse una mejor y más precisa definición de la metáfora que la proporcionada por Aristóteles en la Poética y en la Rhetórica: “La metáfora es una transferencia del género a la especia, o de éste aquel, según relaciones de analogía. La comparación es, también, una metáfora, pero mientras la primera es explícita (se dice por ejemplo: Aquiles lucho como un león), la segunda es implícita ( se dice que Aquiles era un león)”.
No basta, en efecto, hacer de la metáfora una comparación sintetizada; hay que agregar que mientras la comparación aparece como algo externo, la metáfora es interna a la frase y forma parte de ella, no pudiendo ser eliminada ni sustituida. Por lo tanto, la metáfora es este sentido no explica, sino que describe. Unamuno decía que “el discurrir en metáforas es uno de los más naturales y espontáneos, a la vez que uno de los más filosóficos modos de discusión. Los que se creen más libres de ellas, andan entre sus malla enredados” (Ensayos, 1917, pp 44-45).
Frente a la abundancia del lenguaje figurado en Platón, Aristóteles predicó la necesidad de una extrema sobriedad. Cierto que en diversos pasajes de la Rhetórica Aristóteles trajo normas para el uso de la metáfora. Pero ello se refería al lenguaje poético, donde el buen uso metafórico es una muestra del genio.
En el lenguaje científico, en cambio, la metáfora debe suprimirse si quiere evitarse la ambigüedad y la equivocidad. Aristóteles dice que “si en la discusión dialéctica hay que evitar las metáforas, es obvio, así mismo, que no hay que usar metáforas en la definición” y que “en todos los casos en que un problema resulta difícil de atacar, hay que suponer que necesita una definición o que ha sido expresado multívocamente o en sentido metafórico”, no sólo, pues, que Aristóteles rechace las metáforas de Platón por considerar que ciertos términos que éste ha usado como rigurosos no son más que metáforas; la oposición a lo metafórico es constante y formal y se halla en muchos otros lugares del corpus aristotélico, Los filósofos de dirección aristotélica siguieron esta tendencia a diferencia de los filósofos de inclinación platónica, que usaron con frecuencia la metáfora. Ahora bien, aún los platónicos se inclinaron en emplearla más a modo de símil o comparación, que con vistas a la expresión formal de su pensamiento.
No es el lugar adecuado el presente trabajo para entrar en análisis de la relación entre la metáfora y la realidad, metáfora y lenguaje, bástenos saber que como es obvio la metáfora no puede constituir ser la manera de mayor precisión para expresar las ideas filosóficas. El lenguaje filosófico de expresión formal no ha prescindido del uso de la metáfora como apoyo para hacer más accesible a la comprensión sus enunciados, y, en algunos casos, las hipótesis empiezan por ser metafóricas, descriptivas, cuando aún no se desarrolla la teoría que daría la explicación formal. Tradicionalmente los filósofos se han valido de la metáfora, no como instrumento fundamental para expresar sus sistemas filosóficos, pero si como instrumento mental imprescindible del pensamiento filosófico, pues la metáfora se emplea cuando una nueva significación surge a la cual hay que darle un nombre o aplicarle una expresión sin forjar un neologismo o utilizar una fórmula simbólica, antes al contrario, empleando el repertorio del lenguaje usadero. La corriente lógico-positivista que tendía a evitar equívocos y ambigüedades en los términos y, consecuentemente, se oponía al uso de la metáfora, al intentar un sistema de símbolos con significados fijados por definición, se olvidó del proceso de extensión continua y del consiguiente estado permanente de fluencia del lenguaje.
Lo que muchas veces nos parece ausente de metáfora es una metáfora muerta. El significado de cada término del lenguaje como sistema de comunicación, no simplemente como un sistema formal, no puede ser representado por un punto fijo, sino por un área, que se contrae y distiende y que, desde luego, se comunica con áreas a veces contiguas y a veces remotas. A excepción de algunos términos forjados convencionalmente para propósitos científicos, no hay términos de un lenguaje natural cualquiera que no sea o no haya sido metafórico, por lo menos en un sentido anticuario, es decir, que su significado actual se originó en una extensión de una significación más antigua, esto claro, si pudiéramos rastrearlo en su historia.

Análisis del poema Primero Sueño, tema: la concepción del mundo.



I Capítulo
La concepción unificada del mundo en sor Juana
Por Pascual Zárate Aviña
Como tesis provisional de trabajo en la investigación sobre el poema “Primero Sueño” de sor Juana Inés de la Cruz, sostenemos que el poema es la expresión de un pensamiento original que emplea las metáforas para describir una realidad propia, americana, donde se describe la existencia de una congregación de múltiples culturas que deberán ser comprendidas a la luz de la doctrina cristiana. Sostenemos, por tanto, que en el poema hay la afirmación de que el mundo es un cosmos, un todo ordenado con arreglo a un plan, un conjunto que se mueve tranquilamente según leyes y ordenaciones eternas, las cuales, nacidas con el primer principio de Dios, tienen, también, en Dios su referencia final. Santo Tomás de Aquino considera que la finalidad de la filosofía consiste “En imprimir en el alma el orden total del universo y sus causas; por ello, el metafísico se afana, cuando menos en parte, por comprender la existencia de las cosas finitas”. Para él, el que haya algo que comprender a este respecto depende de que haya en las cosas finitas, consideradas como tales, rasgos que permitan el planteamiento de la pregunta pertinente. Si suponemos que estos rasgos existen, el proceso de la comprensión implicará el relacionar las cosas finitas con una realidad metafinita última, concebida en la forma que fuere. Así se desenvuelve todo el poema “Primero Sueño” de sor Juana Inés de la Cruz, que busca a través del mundo virreinal que conoce concretamente, dirigirse al conocimiento de Dios.
Reforzamos nuestra concepción acerca del poema “Primero Sueño”, al notar que sor Juana fue una persona de estado religioso, y que es verdad decir que fue una fiel cristiana que trató de darse una interpretación unificada del mundo secular y de la vida espiritual, usando los métodos de la tradición filosófica que están unidos a los dogmas teológicos, “creer para entender”. Fue una monja católica, americana e ilustrada y su interpretación de la realidad en el poema, es un cuerpo de metáforas donde se pregunta cómo llegar al conocimiento verdadero de su ser en este mundo americano. Cómo realizar su vocación cristiana de realizar su destino sobrenatural: vislumbrar a Dios en el cielo.
Sor Juana consideró que el conocimiento enriquece al hombre, pues el conocimiento del mundo material en las ciencias naturales y en la filosofía es en sí un enriquecimiento de la personalidad humana, una realización parcial del ansia del hombre por alcanzar la verdad. Pero, por medio de la reflexión sobre las cosas finitas del mundo empírico que rodea y llena la mente humana, el hombre es capaz de conocer algo acerca del ser infinito del que dependen todas las cosas finitas, y la filosofía culmina en el conocimiento metafísico de Dios. Tal es en términos generales la concepción filosófica inicial que se encuentra en el poema “Primero Sueño”, el cual concluye con la afirmación de la imposibilidad de vislumbra a Dios.
Es pertinente hacer notar que el poema lo comprendemos como un cuerpo unitario de imágenes literarias, algunas provienen de la tradición griega y están entremezcladas con algunos mitos de la cultura indígena. El mundo simbólico que tiene sor Juana ante si, lo va describiendo bajo el entendimiento de que ni está ella en el mundo helénico, ni en la cultura náhuatl, ni en la España de fray Juan de la Cruz. Nos referimos a esté místico español, porque uso la metáfora de la noche para representar aquello que vive y no comprende. Sor Juana inicia, también, con la descripción de la noche: la noche es sombra de la Tierra, que no alcanza a cubrir a la Luna, la cual sigue brillando en sus fases. El cielo de las estrellas está más allá de la Luna, donde no es alcanzada por la noche, la cual no domina ni el aíre, pues los sonidos de las aves la atraviesan. Las aves son una metáfora del conocimiento mitológico, y por tanto erróneo. Para sor Juana la noche abriga a la tradición no cristiana tanto griega como indígena.
Primero Sueño, poema de
sor Juan Inés de la Cruz
( I fragmento )

Piramidal, funesta, de la tierra
nacida sombra, al Cielo encaminaba
de vanos obeliscos punta altiva,
escalar pretendiendo las Estrellas;
si bien sus luces bellas
-exentas siempre, siempre rutilantes-
la tenebrosa guerra
que con negros vapores le intimaba
la pavorosa sombra figitiva
burlaban tan distantes,
que su atezado seño
al superior convexo aun no llegaba
del orbe de la Diosa
que tres veces hermosa
con tres hermosos rostros ser ostenta,
quedando sólo dueño
del aire que empañaba
con el aliento denso que exhalaba;
y en la quietud contenta
de imperio silencioso,
sumisas sólo voces consentía
de las nocturnas aves,
tan obscuras, tan graves,
que aun el silencio no se interrumpía.

En el comienzo de la noche no esta el conocimiento sino el pensamiento mitológico de la humanidad, de las culturas antiguas que llegaron a América, sor Juana las describe en los versos siguientes, sólo cabe aclarar quienes son: Nictimene es un mito griego de una niña que por haberse enamorado de su padre se convirtió en una lechuza. En la Edad Media en Europa creían que las lechuzas se introducían en los templos todas las noches a beberse el aceite de las lámparas votivas, -el aceite, fruto de los árboles que fueron un presente dado a los hombres por Minerva.

(II fragmento)

Con tardo vuelo y canto, del oído
mal, y aun peor del ánimo admitido,
la avergonzada Nictimene acecha
de las sagradas puertas los resquicios,
o de las claraboyas eminentes
los huecos más propicios
que capaz a su intento le abre brecha,
y sacrílega llega a los lucientes
faroles sacros de perenne llama
que extingue, si no infama,
en licor claro la materia crasa
consumiendo, que el árbol de Minerva
de su fruto, de prensas agravado,
congojosos sudó y rindió forzado.

Sor Juana describe a las aves que pueblan la noche explicando su creación mediante los mitos de la antigüedad helénica, así los murciélagos, que dice son las Meneidas, las tres hermanas que por no haber querido obedecer al dios Baco; por haberse resistido a figurar en sus fiestas, fueron convertidas por eso en murciélagos, sus casas en campo y sus telas en hierba.

(III fragmento)

Y aquellas que su casa
campo vieron volver, sus telas hierba,
a la deidad de Baco inobedientes
-ya no historias contando diferentes,
en forma sí afrentosa transformadas-,
segunda forman niebla,
ser vistas aun temiendo en la tiniebla,
aves sin pluma aladas:
aquellas tres oficiosas, digo,
atrevidas Hermanas,
que el tremendo castigo
de desnudas les dio pardas membranas
alas tan mal dispuestas
que escarnio son aun de las más funestas;

En el siguiente fragmento encontramos la primera sobreposición cultural referida a un ave. Sor Juana consigna los dos significados que le atribuyen al búho, por un lado los libros griegos y, por el otro, el decir de los indígenas. Para los griegos Plutón es el dios de los muertos, rey del infierno, y su ministro es un búho. Para los indígenas mexicanos el búho era un signo de mal agüero, una superstición muy difundida desde antes de la llegada de los españoles: “creían en mil agüeros y señales, y mayormente tenían gran agüero en el búho; y si le oían graznar o aullar sobre la casa que se asentaba, decían que muy presto había de morir alguno de aquella casa” (Benavente, “Relaciones de la Nueva España”, unam, mex, 1964, p 33). Y el búho, con su inmovilidad, representa al sueño.

(IV fragmento)

Estas, con el parlero
ministro de plutón un tiempo, ahora
supersticioso indicio al agorero,
solos la no canora
componían capilla pavorosa,
máximas, negras, longas entonando,
y pausas más que voces, esperando
a la torpe mensura perezosa
de mayor proporción tal vez, que el viento
con flemático exhalaba movimiento,
de tan tardo compás, tan detenido,
que en medio se quedó tal vez dormido.

Los graznidos de todas esta aves invadían intermitentemente la noche, pero no era cosa de escucharlos sino de dormir, pues a ello invitaba el mayor silencio. Harpócrates, divinidad egipcia y después griega, era el dios del silencio. Sor Juana lo hace intervenir en el mundo de la noche.

(V fragmento)

Este, pues, triste son intercadente
de la asombrada turba temerosa,
menos a la atención solicitaba
que al sueño persuadía;
antes sí, lentamente,
su obtusa consonancia espaciosa
al sosiego inducía
y al reposo los miembros convidaba
-el silencio intimando a los vivientes,
uno y otro sellando labio oscuro
con indicante dedo,
Harócrates, la noche, silencioso;
a cuyo, aunque no duro,
si bien imperioso
precepto, todos fueron obedientes-.

Poema Primero Sueño de sor Juana Inés de la Cruz, los elementos naturales.

El conocimiento científico de sor Juana Inés

por Pascual Zárate Avila


Insistiendo en el elemento del aire, pasa sucesivamente a los elementos del agua y de la tierra, para evocar en cada uno de los tres a algunos seres durmientes y refiriéndose a los átomos de los filósofo griegos.
El pero dormido, los peces que despiertos son mudos, dormidos lo son doblemente, el mar en calma, que en el atardecer el sol se había metido al mar, como a su cuna de azul celeste. Nombra a Alcione, la hija de Eolo, mujer de Ceix, rey de Traquire, quién convertía en peces a sus amantes, fue metamorfoseada, junto con su esposo, en Alción, un ave fabulosa que sólo anidaba sobre un mar tranquilo, como el de esa noche.

(VI fragmento)

El viento sosegado, el can dormido,
éste yace, aquél quedo
los átomos no mueve,
con el susurro hacer temiendo leve,
aunque poco, sacrílego ruido,
violador del silencio sosegado.
El mar, no ya alterado,
ni aun la inestable mecía
cerúlea cuna donde el Sol dormía;
y los dormidos, siempre mudos, peces,
en los lechos lamosos
de sus oscuros senos cavernosos,
mudos eran dos veces;
y entre ellos, la engañosa encantadora
Alcione, a los que antes
en peces transformó, simples amantes,
transformada también, vengaba ahora.

Sor Juana describe a los animales de su patria y se muestra conocedora de ellos, estudiosa de la naturaleza, de sus campos. Nos refiere a los animales salvajes que habitan los montes refugiándose en las cuevas naturales, donde la oscuridad es tanta, que es más por ello su defensa que no por la aspereza de sus peñascos, que aún durante el día ahí se queda la noche, estas oscuridades le son desconocidas al cazador. Al estar todos ordenados por la naturaleza no hay distinción entre ellos, son iguales en el sueño: el león dormido no es fiero, el venado deja de temer al león en el sueño, y así los demás animales.

(VII fragmento)

En los del monte senos escondidos,
cóncavos de peñascos mal formados
-de su aspereza menos defendidos
que de su oscuridad asegurados-,
cuya mansión sombría
ser puede noche en la mitad del día,
incógnita aún al cierto
montaraz pie del cazador experto
-depuesta la fiereza
de unos, y de otros el temor depuesto-
yacía el vulgo bruto,
a la Naturaleza
el de su potestad pagando impuesto,
universal tributo;
y el Rey, que vigilancias afectaba,
aun con abiertos ojos no velaba.

En el venado a medias rendido de sueño, despierto a medias, ve al metamorfoseado Acteón, cazador discípulo del centauro Quirón, que fue monarca un tiempo y, que al andar en una cacería por azar dio con el Valle Escondido del río Eurotas, en cuyos estanques se bañaba Diana, la cazadora. Acteón la miró desnuda y ella la convirtió en venado y, desde entonces, era perseguido por sus propios perros en medio de la noche, en el seno de la selva. Los pájaros en la noche descienden a sus nidos que construyen en lo más oscuro de las ramas y de las hojas de los árboles.

(VIII fragmento)

El de sus mismos perros acosado,
monarca en otro tiempo esclarecido,
tímido ya venado,
con vigilante oído,
del sosegado ambiente
al menor perceptible movimeinto
que los átomos muda,
la oreja alterna aguda
y el leve rumor siente
que aun lo altera dormido.
Y en la quietud del nido,
que de brozas y lodo inestable hamaca
formó en la más opaca
parte del árbol, duerme recogida
la leve turba, descansando el viento
del que le corta alado movimiento.

En esta parte sor Juana hace una metáfora de la autoridad, de los gobernantes españoles, a quienes les atribuye un continuado interés en cumplir con su función de reinado. Y los equipara al águila, cuyo descanso no es completo por las preocupaciones representadas por una piedra que carga mientras duerme.

(IX fragmento)

De Júpiter el ave generosa
-como al fin reina-, por no darse entera
al descanso, que vicio considera
si de preciso pasa, cuidadosa
de no incurrir de omisa en el exceso,
a un solo pie librada fía el peso,
y en otro guarda el cálculo pequeño
-despertador reloj del leve sueño-,
porque, si necesario fue admitido,
no pueda dilatarse continuado,
antes interrumpido
del regio sea pastoral cuidado.
¡Oh de la Majestad pensión gravosa,
que aun el menor descuido no perdona!
causa, quizá, que ha hecho misteriosa,
circular, denotando, la corona,
en circulo dorado,
que el afán es no menos continuado.

Sor Juana realiza la descripción de un fenómeno natural, el sueño, del cual afirma es universal y sin excepciones. Es una ley natural, es, pues, la enunciación de un conocimiento natural, de un saber en tanto se afirma como rigiéndose por leyes que tratará de explicar en la siguiente parte del poema. Hay que notar que este mundo americano que nos relata sor Juana, es producto del estudio y la investigación, de su interés por explicar el campo de su patria pero, sobre todo, para afirmar la igualdad de la tierra europea con la americana, tanto como la del hombre con la mujer; la igualdad es lo que podemos concluir como conciencia de sor Juana en los versos que siguen.

(X fragmento)

El sueño todo, en fin, lo poseía;
todo, en fin, el silencio lo ocupaba:
aun el ladrón dormía;
aun el amante no se desvelaba.
El conticinio casi ya pasando
iba, y la sombra dimidiaba, cuando
de las diurnas tareas fatigados
-y no sólo oprimidos
del afán ponderoso
del corporal trabajo, mas cansados
del deleite también (que también cansa
objeto continuado a los sentidos
aun siendo deleitoso;
que la Naturaleza siempre alterna
ya una, ya otra balanza,
distribuyendo
varios ejercicios,
ya el ocio, ya al trabajo destinados,
en el fiel infiel con que gobierna
la aparatosa máquina del mundo)-;
así, pues, de profundo
sueño dulce los miembros ocupados,
quedaron los sentidos
del que ejercicio tienen ordinario
-trabajo, en fin pero trabajo amado,
si hay amable trabajo-,
si privados no, al meno suspendidos,
y cediendo al retrato del contrario
de la vida, que –lentamente armado-
cobarde embiste y vence perezoso
con armas soñolientas,
desde el cayado humilde al cetro altivo,
sin que haya distintivo
que el sayal de la púrpura discierna;
pues su nivel, en todo poderoso,
gradúa por exentas
a ningunas personas,
desde la de a quien tres forman coronas
soberana tïara,
hasta la que pajiza vive choza;
desde la que el Danubio undoso dora,
a la que junco humilde, humilde mora;
y con siempre igual vara
(como, en efecto, imagen poderosa
de la muerte) Morfeo
el sayal mide igual con el brocado.

Sor Juana Inés de la Cruz, análisis "Primero Sueño": La Razón


Por Pascual Zárate avial


Sor Juana se ha adentrado en una tercera intuición, descubriendo el mundo inteligible de las verdades del orden ideal, los principios axiológicos, con los cuales el espíritu ilumina el mundo empírico de la experiencia externa o interna.
Sor Juana inicia el camino del llamado siglo de la ciencia, el siglo XVII, y tiene el mismo propósito que Renato Descartes, llegar a conocimientos verdaderos de las cosas empíricas. Sor Juana, como persona de estado religioso, dirá que investiga la posibilidad de conocer verdades parciales como si fueran escalones, para justificar sus estudios a la luz de los principios teológicos, es decir para demostrar la existencia de Dios por las pruebas de la razón.
El lenguaje empleado es el filosófico teológico de san Agustín, sus metáforas icónicas, en el fiósofo de Hipona encontramos que la visión de las verdades eternas es la escala de ascención al reino superior de una conciencia absoluta y eterna, que es principio, sol y bien.
San Agustín sostiene que el alma es poseedera de un caudal de verdades eternas, libres de cualquier ilusión.
"Muchas cosas que por los sentidos han entrado en el alma pueden dar motivo a una ilusión; pero que tres por tres sean igual a nueve y cuadrado a los números inteligibles, ha de ser siempre verdad". (Contra. Acad. III, 29,32).
Pero todo este movimiento del alma no es un movimiento gratuito, este volverse sobre sí y adentrarse en un mundo inteligible tiene un fin preciso, y ese medio ha sido elegido pero puede escogerse otro. Todos los esfuerzos y trabajos se encaminan al logro de la visión o contemplación de la verdad. La suprema dicha será igualmente la suprema visión, la cual consistirá, no sólo en ver a Dios, sino en verlo divinamente. He aquí el edén de su filosofía, la posesión de Dios con todas las las fuerzas del espíritu. La causa primera contiene infinita toda esencia. En este caso Dios, cuyas "ideas divinas son ciertas formas causales o modelos constantes e inmutables de las cosas, las cuales no han sido formadas, y por eso son eternas e invariables y están contenidas en la divina inteligencia; no nacen ni perecen, pero según ellas se forma todo lo que nace y muere". (de div. Quaest. 89, 46, 2). Aún las cosas singulares tienen en la mente divina su idea particular. (Epist. IV, 4).
En este caso el valor de las cosas finitas queda con esto grandemente elevado. En el fondo de cada ser, con todas sus mudanzas se oculta un pensamiento eterno.
Es importante traer a cuentas la escala de valor de la concepción neoplatónica del universo, donde se configura una pirámide ideal, donde lo más perfecto es el Uno, después el mundo inteligible, luego el mundo del alma universal, después el mundo sensible, donde el alma del hombre es la última parte del mundo inteligible.
Santo Tomás nos dice: "Se comprende al punto al mirar la naturaleza de las cosas. En una Consideración más atenta y detallada se hallará que la divinidad de las cosas se realiza por grados; sobre los cuerpos inanimados encontramos las planatas, por encima de ellas, los animales irracionales y sobre éstos los seres dotados de razón. Y en general se da en ellos diversidad según estos o aquellos son más perfectos." (S.C.G. III, 97).
Desde el neoplatonismo se planteaba la existencia de ojos interiores capaces de ver lo inteligible de la inteligencia cercana al Uno. Ojos que veían, pues, intelectualmente y la manera de prepararlos para ver ese mundo inteligible era llevando una vida desprendida de las pasiones corporales, pues ellas empañaban la vista. Recogerse sobre sí, sobre el alma y remontarse al mundo de alma individual donde existían todas las almas y donde no era necesario pensar y discurrir, pues todas se aprecian de conjunto claras y transparentes. Si se seguía entraría al mundo inteligible donde se encuentran las esencias de todo el universo. Y también se podría contemplar el Uno y unirse con él.
San Agustín recupera gran parte de la filosofía neoplatónica y, también, nos habla de los ojos del espíritu, que son la mente y están sanos cuando ésta está purificada de toda sordidez corporal, libre de los deseos de cosas mortales.
La pirámide ideal es una metáfora del panteísmo dinámico noplatónico y, también, de los grados de valor de las cosas del mundo en santo Tomás de Aquino.
 Sor Juana nos hará una gran metáfora, donde el águila con sus ojos, es el alma, que se encuentra en la parte final de la pirámide egipcia y el alma como el águila pude emprender su ascenso, con sus alas, las del espíritu, hacia lo más elevado de ella y desde ahí contemplar el mundo el águila, y el alma contemplar las esencias que nos dan una idea de Dios, pues no puede contemplar a Dios Mismo. El águila se aturde conforme se eleva mirando el Sol y regresa al cimiento de la pirámide, lo mismo ocurre con el alma que de conjunto no comprende nada.

Fragmento XIX
" A la región primera de su altura
(ínfima parte, digo, dividiendo
en tres su continuado cuerpo horrendo),
el rápido no pudo, el veloz vuelo
del águila --que puntas hace al Cielo
y al Sol bebe los rayos pretendiendo
entre sus luces colocar su nido--
llegar; bien que esforzando
más que nunca el impulso, ya batiendo
las dos plumadas velas, ya peinando
con las garras el aire, ha pretendido,
tejiendo los átomos escalas,
que su inmunidad rompan sus dos alas."
"Las Pirámides dos --ostentación
de Menfis vano, y de la Arquitectura
último esmero, si ya no pendones
fijos, no tremolantes--, cuya altura
coronada de bárbaros trofeos
tumba y bandera fue a los Ptolomeos,
Que al viento, que a las nubes publicaba
(si ya también al Cielo no decía)
de su grande, su siempre vencedora
ciudad --ya Cairo ahora--
las que, porque a su copia enmudecía,
la Fama no cantaba
Gitanas glorias, Ménficas proezas,
aun en el viento, aun en el Cielo impresas:
éstas --que en nivelada simetría
su estatura crecía
con tal disminución, con arte tanto,
que (cuanto más al Cielo caminaba)
a la vista, que lince la miraba,
entre los vientos se desparecía,
sin permitir mirar la sutil punta
que al primer Orbe finge que se junta,
hasta que fatigada del espanto,
no descendida, sino despeñada
se hallaba al pie de la espaciosa basa,
tarde o mal recobrada
del desvanecimiento
que pena fue no escasa
del visual alado atrevimiento--,
cuyos cuerpos opacos
no al Sol opuestos, antes avenidos
con sus luces, si no confederados
con él (como, en efecto, confinantes),
tan del todo bañados
de su resplandor eran, que --lucidos--
nunca calurosos caminantes
al fatigado aliento, a los pies flacos,
ofrecieron alfombra
aun de pequeña, aun de señal de sombra:
éstas, que glorias ya sean Gitanas,
o elaciones profanas,
bárbaros jeroglíficos de ciego
error, según el Griego
ciego también, dulcísimo Poeta
--si ya, por las que escribe Aquileyas proesas
o marciales de Ulises sutilezas,
la unión no lo recibe
de los Historiadores, o lo acepta
(cuando entre sus catálogos lo cuente)
que gloria más que número le aumente--,
de cuya dulce serie numerosa
fuera más fácil cosa
al temido Tonante
el rayo fulminante
quitar, o la pesada
a Alcides clava herrada,
que un hemistiquio solo
de los que le dictó propicio Apolo:
según de Homero, digo, la sentencia,
las Pirámides fueron materiales
tipos solos, señales exteriores
de las que, dimensiones interiores,
especie son del alma intencionales;
que como sube en piramidal punta
al Cielo la ambiciosa llama ardiente,
así la humana mente
su figura trasunta,
y a la Causa Primera siempre aspira
--céntrico punto donde recta tira
la línea, si ya no circunferencia,
que contiene, infinita, toda esencia--."

Sor Juana nos refiere que las pirámides de Egipto y al misma Torre de Babel son pequeñas en comparación de la ambición del hombre de aspirar siempre a la Primera Causa, como también lo expresa santa Teresa de Jesús, diciendo que el alma aspira siempre a lo alto como el fuego. Recordemos que sor Juana Inés de la Cruz entró al convento de las Carmelitas Descalzas de la ciudad de México, de donde se retiró por lo duro de los reglamentos de la vida religiosa comunitaria. Sin embargo, el poema "Noche Oscura" de san Juan de la Cruz lo podemos escuchar en el poema mayor del "Primero Sueño" que estamos analizando.

Análisis del poema Primero Sueño, tema: el sueño

Por Pascual Zárate Avial
El sueño sólo afecta al cuerpo, a los miembros y a los huesos. Sor Juana postula la existencia del alma, la cual no duerme, sino que se libera de las tareas de regir el cuerpo. Los conocimientos de anatomía los pone de manifiesto al referirse al corazón, al pulso y a las arterias. También, maneja el concepto de vida corporal vegetativa, que es un gran adelanto en la concepción del funcionamiento de los órganos humanos. La muerte es un fenómeno que le ocurre al cuerpo, el cual suspende sus funciones. El conocimiento se encuentra en el alma, ahí esta la posibilidad del conocimiento trascendente, y del empírico. Despierto tiene un conocimiento de los objetos de la naturaleza y dormido tiene otro conocimiento que es el que le interesa vislumbrar a sor Juana. Veamos.

(XI fragmento)

El alma, pues, suspensa
del exterior gobierno –en que ocupada
en material empleo,
o bien o mal da al día por gastado-,
solamente dispensa
remota, si del todo separada
no, a los de la muerte temporal opresos
lánguidos miembros, sosegados huesos,
los gajes del calor vegetativo,
el cuerpo siendo, en sosegada calma,
un cadáver con alma,
muerto a la vida y al muerte vivo,
de lo segundo dando tardas señas
el del reloj humano
vital volante que, si no con mano,
con arterial concierto, una pequeñas
muestras, pulsando, manifiesta lento
de su bien regulado movimiento.
Este, pues, miembro rey y centro vivo
de espíritus vitales,
con su asociado respirante fuelle
-pulmón, que imán del viento es atractivo,
que en movimiento nunca desiguales
o comprimiendo ya, o ya dilatando
el musculosos, claro arcaduz blando,
hace que en él resuelle
el que lo circunscribe fresco ambiente
que impele ya caliente,
y él venga su expulsión haciendo activo
pequeños robos al calor nativo,
algún tiempo llorados,
nunca recuperados,
si ahora no sentidos de su dueño,
que, repetido, no hay robo pequeño-;
éstos, pues, de mayor, como ya digo,
excepción, uno y otro fiel testigo,
la vida aseguraban,
mientras con mudas voces impugnaban
la información, callados los sentidos
-con no replicar sólo defendidos-,
y la lengua que, torpe, enmudecía,
con no poder hablar los desmentía.

El conocimiento es el punto de interrogación de sor Juana, cómo conocemos. y realiza ahora la primera descripción del conocimiento sensible, de la percepción. Realiza una explicación de la percepción interna, de la conciencia de su capacidad de conocer, emprende una explicación a partir de los humores, del estómago y los alimentos, aunque menciona al cerebro ella carece del conocimiento del sistema nervioso y de la transmisión eléctrica de las sensaciones, así como de las neuronas. Pero es importante resaltar su correcta posición de responder a la pregunta ¿Cómo conoce el hombre? y da la respuesta de la información empírica. Leamos.

(XII fragmento)

Y aquella del calor más competente
científica oficina,
próvida de los miembros despensera,
que avara nunca y siempre diligente,
ni a la parte prefiere más vecina
ni olvida a la remota,
y en ajustado natural cuadrante
las cantidades nota
que a cada cuál tocarle considera,
del que alambicó quilo incesante
calor, en el manjar que –medianero
piadoso- entre él y el húmedo interpuso
su inocente sustancia,
pagando por entero
la que, ya piedad sea, o ya arrogancia,
al contrario voraz, necia, lo expuso
-merecido castigo, aunque se excuse,
al que en pendencia ajena se introduce-;
ésta, pues, si no fragua de Vulcano,
templada hoguera del calor humano,
al cerebro envïaba
húmedos, mas tan claros los vapores
de los atemperados cuatro humores,
que con ellos no sólo no empañaba
los simulacros que la estimativa
dio a la imaginativa
y aquésta, por custodia más segura,
en forma ya más pura
entregó a la memoria que , oficiosa,
grabó tenaz y guarda cuidadosa,
sino que daban a la fantasía
lugar de que formase
imágenes diversas.

El cerebro humano, la memoria y la fantasía son quienes intervienen en la producción de imágenes de los objetos del mundo. Ahora expone sor Juana que le conocimiento proviene de los objetos externos, y ahí trata de responder a la pregunta ¿qué puede conocer? Así expone que la persona copia lo que ve y percibe y siente que hay una guía para desplazarse igual que las naves tienen esa ayuda para navegar, lo mismo que la intervención del viento para atravesar el mar y partir las olas con a quilla de las naves. En todo esto sor Juana nos afirma de la posibilidad del conocimiento, de que estamos facultados para ello. Esto es importante porque el saber que se maneja en la Nueva España proviene de los libros que llegan, y la interrogante de sor Juana es ¿qué se puede conocer? y esta respuesta es brillante, pues parte de la experiencia empírica y de los sentidos y facultades internas. Sin embargo, coloca al alma como quien recibe las imágenes producidas, el alma las contempla. Veamos:

(XIII fragmento)

Y del modo
que en tersa superficie, que de Faro
cristalino portento, asilo raro
fue, en distancia longísima se vían
(sin que ésta le estorbase)
del reino casi de Neptuno todo
las que distantes lo surcaban naves
-viéndose claramente
en su azogada luna
en número, el tamaño y la fortuna
que en la inestable campaña transparente
arriesgadas tenían,
mientras aguas y vientos dividían
sus velas leves y sus quillas graves-;
así ella, sosegada, iba copiando
las imágenes todas de las cosas,
y el pincel invisible iba formando
de mentales, sin luz, siempre vistosas
colores, las figuras
no sólo ya de todas las criaturas
sublunares, más aun también de aquéllas
que intelectuales claras son Estrellas,
y en el modo posible
que concebirse puede lo invisible,
en sí, mañosa, las representaba
y al alma las mostraba.

Pasa a otra esfera del conocimiento al del alma, y en este tema no se plantea la pregunta de ¿qué es lo que existe? Aquí entra en juego la creencia, y define al alma como un ser que participa de otro Ser más elevado. Y dice que el alma se encuentra en el pináculo de los más altos productos de la Naturaleza. Es superior el alma a todo lo material. Este conocimiento sobre el alma no lo explica, no dice cómo llegó a la conciencia del alma. La define:

(XIV fragmento)
La cuál, en tanto, toda convertida
a su inmaterial ser y esencia bella,
aquella contemplaba,
participada de alto Ser, centellea
que con similitud en sí gozaba;
y juzgándose casi dividida
de aquella que impedida
siempre la tiene, corporal cadena,
que grosera embaraza y torpe impide
el vuelo intelectual con que ya mide
la cantidad inmensa de la Esfera,
ya el curso considera
regular, con que giran desiguales
los cuerpos celestiales
-culpa si grave, merecida pena
(torcedor del sosiego, riguroso)
de estudio vanamente juicioso-,
puesta, a su parecer, en la eminente
cumbre de un monte a quien el mismo Atlante
que preside gigante
a los demás, enano obedecía,
y Olimpo, cuya sosegada frente,
nunca de áurea agitada
consintió ser violada,
aun falda suya ser no merecía;
pues la nubes –que opaca son corona
de la más elevada corpulencia,
del volcán más soberbio que en la tierra
gigante erguido intima al cielo guerra-,
apaenas densa zona
de su altiva eminencia,
o a su vasta cintura
cíngulo tosco son, que –mal ceñido-
o al viento lo desata sacudido,
o vecino el calor del Sol lo apura.

Análisis del "Primero Sueño" de sor Juana Inés de la Cruz: la fe

Por Pascual Zárate Avila
Para sor Juana Inés de la Cruz, siguiendo la concepción de san Juan de la Cruz, la fe es una presencia divina en la mente del ser humano, es el lugar donde habita lo sagrado, que surge por gracia de Dios. Así que el alma recibe una irradación de un espíritu infinito y omnipresente que es necesaria para los actos superiores de la mente. Así el alma se cree fuera de sí, se cree ser el punto más cercano a la luz divina, y esa es otra región del alma, una nueva región a la que sale.


X
" Estos, pues, Montes dos artificiales
(bien maravillas, bien milagros sean),
y aun aquella blasfema altiva Torre
de quien hoy dolorosas son señales
--no en piedra, sino en lenguas desiguales,
porque voraz el tiempo no las borre--
los idiomas diversos que escasean
el sociable trato de las gentes
(haciendo que parezcan diferentes
los que unos hizo la Naturaleza,
de la lengua por sólo la extrañeza),
si fueran comparados
a la mental pirádime elevada
donde --sin saber cómo-- colocada
el Alma se miró, tan atrazados
se hallaran, que cualquiera gradüara su cima por esfera;
pues su ambicioso anhelo,
haciendo cumbre de su propio vuelo,
en la más eminente
la encumbró parte de su propia mente,
de sí tan remontada, que creía
que a otra nueva región de sí salía."
San Juan de la Cruz en su poema "Noche Oscura" dice "y cuando fuera de mí me vi", para referirse a la suspención de la razón en la búsqueda del Amado. La fe es la mirada que surge en la noche para el encuentro con Dios: "El Sol es Dios, y yo la razón, soy en el espíritu lo que la mirada en los ojos". (Solioq. I, 8, 15), sor Juana se ha valido de la intuición para establecer junto con san Agustín un triple reino: el del mundo sensible, elde las almas y el de Dios.
Ha vislumbrado la región más alta, próxima a Dios y se dispone su mente através de sus ojos, la razón, a mirar primeramente el mundo sensible, ahora si libre de cualquier ditracción corporal que le empañe su vista, tiende pues por el mundo su mirada y se encuentra que él solo es inmenso, que si lo ve pero no lo comprende de conjunto. La comprensión en este solo punto se encuentra que su potencia de intelección es poca para conocerlas a todas en una intelección en acto. Pues nuestro conocimiento antes de formarse es formable, es decir, en tanto el mundo es creado po un espíritu infinito, y con respecto a todo lo creado "todas las creaturas espirituales y corpoerales no las conocen porque existen, sino que existen porque El las conoce. La existencia de las cosas nada añade ni modifica la ciencia divina. Por esta causa, asi como nuestra ciencia difiere tanto de la ciencia de Dios, así nuestro verbo originado por nuestra ciencia, es muy disímil del verbo que nace de la ciencia del Padre" (De Trin. XV, 13, 22).
No somos creadores, sino receptores de la verdad. Las mismas cosas nos comunican cierta luz, colaboran activamente en la formación de nuestros conceptos. Pero en este caso las cosas se han presentado a los ojos del alma, la razón, todas juntas y está retrocedió cobarde.
XI
"En cuya casi elevación inmensa,
gozosa mas suspensa,
suspensa pero ufana,
y atónita aunque ufana, la suprema
de los sublunar reina soberana,
la vista perspicaz, libre de anteojos,
de sus intelectuales bellos ojos
(sin que distancia tema
ni de obstáculo opaco se recele,
de que interpuesto algún objeto cele),
libre tendió por lo crïado;
cuyo inmenso agregado,
cúmulo incomprehensible,
aunque a la vista quiso manifesto
dar señas de posible,
a la comprehensión no, y que --entorpecida
con la sobra de objetos, y excedida
de la grandeza de ellos su potencia--
retrocedió cobarde."
Sor Juan se encuentra con el mundo sensible que mira ahora desde su espiritualidad, no ve en el mundo el caudal de percepciones corporales y mundanas, ni lo ve como fuente de riqueza terrena, ahora mira al mundo como un acabado trabajo de creación realizado por la causa primera, como prueba de la existencia de Dios, pero al encuentro de esta visión, sus ojos del alma, su razón, se deslumbra desde esta perspectiva porque nada puede saber de Dios mismo. El fenómeno de deslumbramiento es descrito por san Agustín desde mucho antes:
R.- "Tales deben ser los aspirantes a la sabiduría. A tales busca su casta e inmaculado desposorio. Pero no es único el camino que allí conduce, pues cada cual, según su estado de salud y de fuerza, abraza aquel singular y verdadero bien. Ella es cierta luz inefable e incomprensible de las inteligencias."(Soli. II, cap.13)
Sor Juan procurará seguir el método de la intuición agustiniana para el conocimiento de Dios: "Primero se les mostrarán objetos opacos, pero bañados con la luz, como vestidos, casas, etc. Han de pasar después a fijar la vista en cosas brillantes no por si mismas, sino con el reververo del sol, como el oro, la plata y otros metales, cuyo reflejo no dañen los ojos, luego se les podrá mostrar el fuego terreno, y sucesivamente los astros, la luna, el rocicler de la aurora y el cándido resplandor celeste... tarde o temprano se capacitará para carearse con el mismo sol sin titubeos y con gran deleite". (ibidem).
Sor Juan seguirá este camino de intuición neoplátonica cristianizada por san Agustín, quien le dibuja el mundo diciendo "que la forma o especie es impresión en un ser de la semejanza con el prototipo o ejemplar supremo con qu está modelada su esencia. La forma es el principio de la distinción y el ornamento". San Agustín admite dos formas: una inmanente y otra trascendente o ejemplar.
El camino andado por san Agustín sera una derrota para la inteligencia de sor Juan, que reconoce no llegar a ningún conocimiento por esa vía intuitiva. Para sor Juana siendo la forma el principio de la distinción, origina la multitud. El fracaso se le muestra a sor Juana como una insuficiencia de la intuición, debido a que para captar las formas que de manera diversa y múltiple existen en las cosas utiliza los sentidos, los cuales no son constantes, cambian y son frágiles. Las potencias del alma para conocer, al contrario de lo que dicen los neoplatónicos, sor Juan afirma que no pueden contener de una manera trasparente a la mirada todo lo existente en un solo acto de conocer. La causalidad no aparece a la mirada intuitiva, pero está ahí, dice sor Juana nada se da, que no hay efecto que no tenga su causa, aunque sea desconocida.
XII
"Tanto no, del osado presupuesto,
revocó la intención, arrepentida,
la vista que intentó desconomedida
en vano hacer alarde
contra objeto que excede en excelencia
las lineas visüales
--contra el Sol, digo, cuerpo luminoso,
cuyos rayos castigo son fogoso, que fuerzas desiguales
despreciando, castigan rayo a rayo
el confiado, antes atrevido
y ya llorado ensayo
(necia experiencia que costosa tanto
fue, que Icaro ya, su propio llanto
lo anegó enternecido)--,
como el entendimiento, aquí vencido
no menos de la inmensa muchedumbre
de tanta maquinosa pesadumbre
(de diversas especies conglobado
esférico compuesto),
que de las cualidades
de cada cual cedió; tan asombrado,
que --entre la copia puesto,
pobre con ella en las neutralidades
de un mar de asombros, la elección confusa--,
equívoco las ondas las ondas zozobraba;
y por mirarlo toso, nada vía,
ni discernir podía
(bota la facultad intelectiva
en tanta, tan difusa
incomprehensible especie miraba
desde el un eje en que librada estriba
la máquina voluble de la Esfera,
al contrapuesto polo)
las partes, ya no sólo,
que al universo todo considera
serle perfeccionantes, a su ornato, no más, pertenecientes;
mas ni aun las que integrantes
miembros son de su cuerpo dilatado,
proporcionalmente competentes.
Mas como al que ha usurpado
diuturna obscuridad, de los objetos
visibles los colores,
si súbito le asaltan resplandores,
con la sobra de luz queda más ciego
--que el exceso contrarios hace efectos
en la torpe potencia, que la lumbre
del Sol admitir luego
no puede por la falta de sostumbre--,
y a la tiniebla misma, que antes era
tenebroso a la vista impedimento,
de los agravios de la luz apela,
y una vez y otra con la mano cela
de los débiles ojos deslumbrados
los rayos vaclantes,
sirviendo ya --piadosa medianera--
la sombra de instrumento
para que recobrados
por grados se habiliten,
porque después constantes su operación más firme ejerciten
--recurso natural, innata ciencia
que confirmada ya de la experiencia,
maestro quizá mudo,
retórico ejemplar, inducir pudo
a uno y otro Galeno
para que del mortífero veneno,
en bien proporcionadas cantidades
escrupulosamente regulado
las ocultas nocivas cualidades,
ya por sobrado exceso
de cálidas o frías,
o ya por ignoradas simpatías
o antipatías con que van obrando
las causas naturales su progreso
(a la admiración dando, suspendida,
efecto cierto en causa no sabida,
por proloijo desvelo y remirada
empírica atención, examinada
en la bruta experiencia,
por menos peligrosa),
la confección hiciera provechosa,
último afán de la Apolínea ciencia,
de admirable trïaca,
¡que así del mal el bien tal vez se saca!--;
no de otra suerte el Alma, que asombrada
de la vista quedó de objeto tanto,
la atención recogió, que derramada
en diversidad tanta, aún no sabía
recobrarse a sí misma del espanto
que portentoso había
su discurso calmado,
permitiéndole apenas
de su concepto confuso
el informe embrión que, mal fomado,
inordinado caos retrataba
de confusas especies que abrazaba
--sin orden avenidas,
sin orden separadas,
que cuanto más se disuelven desunidas,
de diversidad llenas--,
ciñendo con violencia la difuso
de objeto tanto, a tan pequeño vaso
(aun al más bajo, aun al menor, escaso)."

Sor Juan concluye este fragmento afirmando el fracaso del método de conocimiento descrito por san Agustín, dándose cuenta que no produce siquiera resultados empíricos como los que se están explicando en el siglo XVII, siglo de la ciencia. La afirmación de la imposibilidad de generar un concepto con un referente objetivo, expresado en este fragmento, ha levantado la sospecha del cartesianismo de sor Juana, de esa parte de la duda metódica, donde se espera encontrar verdades evidentes e indubitables, cosa que no tienen los conceptos de la intuición agustiniana. La parte sobresaliente es la afirmación de sor Juana de que hay una imposibilidad de esa vía para obtener un conocimiento siquiera empírico, que explique causas de pequeños fenómenos.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Análisis del "Primero Sueño" de sor Juana Inés de la Cruz: aristotélica-tomista

Por Pascual Zárate Avila
Sor Juana al llegar a este punto nos da un viraje, la intuición como principio de conocimiento le ha dado la conformación de un mundo, pero al intentar conocerlo la intuición se ha hecho insuficiente para definir conceptos claros y distintos, a la manera cartesiana, por ello, ahora servirá del método discursivo de santo Tomás de Aquino, procederá definiendo conceptos conforme a las nueva categorías y la substancia, de acuerdo a la lógica aristotélica.

En cuanto a las categorías, difiriendo con Aristóteles, las considera artificiales, es decir, construidas por la mente humana, no las considera como santo Tomás, quien admite que las categorías no son sólo formas de predicación, sino al mismo tiempo y aún antes que todo, modos del ser o grados del ser. Los predicables (género, especie, diferencia, propio, accidente), en oposición a los predicamentos (categorías), son puras segundas intenciones o formas del entendimiento y pertenecen como tales a la lógica.

Pero es necesario hacer más explícito y claro en lo que consisten las categorías. Los predicamentos o categorías, los predicables constituyen los modos o títulos conforme a los cuales se afirma o se niega un predicado de un sujeto, es decir, se hace la predicación. El predicado, lo que se afirma o se niega de un sujeto, puede ser algo que existe en si mismo, o que necesita de otro ser para existir, esto es, existe en otro. En ambos casos es algo que se puede negar o afirmar.

Cuando el predicado se expresa mediante algo que existe en si mismo, se llama substancia, cuando en cambio necesita de otro ser para existir recibe el nombre de accidente.

Las distintas ideas universales que constituyen los predicados, sean substancias o accidentes, reciben el nombre de predicamentos, categorías o universales directos.

Los predicables se pueden definir como los distintos modos de realizar la predicación. Las categorías, en cambio, se definen como: los diez supremos géneros de las cosas a que se pueden reducir todo cuanto existe.

Las categorías o predicamentos se clasifican en substancia y accidente; nueve categorías accidente y una categoría substancia. La categoría sustancia es independiente; existe en si misma y es la base en la que se dan las nueve categorías accidente. La substancia, juntamente con los nueve accidentes, constituyen las diez únicas clases de seres, de tal manera que todo lo que existe o en substancia o en accidente, no hay término medio, todo lo que existe debe clasificarse dentro de los diez predicamentos.

Las categorías son:

Substancia.- El accidente cuya esencia debe existir en si mismo y no en otro como en un sujeto.

Cantidad.- El accidente que hace extensiva en partes a la substancia material.

Cualidad.- El accidente que sirve para expresar lo que son las cosas.

Relación.- El accidente cuya esencia consiste en decir orden a otra cosa, de cierta manera o, también, el vínculo o lazo de unión por el que dos o más seres se presuponen mutuamente.

Acción.- La operación de un sujeto como realizada por él mismo.

Pasión.- La operación de un sujeto como recibido en él mismo.

Tiempo.- Medida de movimiento tomando en cuenta un principio y un fin.

Lugar.- La extrema y primera superficie inmóvil para el cuerpo en el ambiente.

Sitio.- Disposición u orden de las partes en el lugar.

Estado o Hábito.- Lo que sobre pone al cuerpo o a lo que dice referencia al cuerpo.
La substancia puede ser primera o segunda. La substancia primera es lo mismo que la substancia singular, perfectamente individualizada, existente en la realidad de las cosas. Según Aristóteles, es la que ni se predica del sujeto ni existe en el sujeto, es decir, es el mismo sujeto. Por ejemplo, Pedro, mesa, árbol: La substancia segunda, en cambio, es la noción genérica o especifica que se afirma de los distintos singulares, substancia segunda es la substancia predicamental, es decir, un universal directo. Aristóteles la define como la que no está en el sujeto pero se predica de eél. Por ejemplo: hombre, bestia, etc. La substancia se puede considerar en tres sentidos:
a.-) Amplísimo.- Es lo mismo que la esencia de una cosa y en este sentido no se opone al accidente, que también tiene su esencia.
b.-) Amplio.- En cuanto se opone al accidente, significando todo lo que es distinto a las modalidades accidentales o secundarias.
c.-) Estricto.- Es decir, el primer predicamento, que es la base de los demás. Es decir, el ser que existe en si mismo y no en otro como en su sujeto. Aquí nos referimos a la subtancia predicamental.
El accidente, o sea la forma de estar en otro, puede tomarse en distintos sentidos. Ser em otro, puede decirse, por ejemplo: del cautivo en la cárcel o el marino en la nave o, también, el alma en el cuerpo, o finalmente como la virtud en el alma. El cautivo y el marino esntán en la cárcel o en la nave, como una substancia completa en un lugar determinado; el alma está en el cuerpo, como las partes en el compuesto, o como la forma substancial en su materia, ocomo la fusión de potencia y acto, en el ser.
La substancia es inteligible, es decir, no se percibe con los sentidos, tan solo se entiende. El accidente, en cambio, es perceptible con los sentidos. Por ejemplo la substancia árbol lo que percibimos con los sentidos es el tamaño, el color, la forma, etc. La mente, por el contrario, es la que percibe la substancia.
Sor Juana considera a las categorías más que seres reales que dicen orden a la substancia, las considera más bien artificiales, es decir, ideas contruídas, de esta manera se aproxima a la filosofía cartesiana de l Res Cogitans, como un mundo con leyes independientes de la Res Extensa. Pero sólo apunta hacia allá, no lo afirma categóricamente, y aún lo mezcla con el lenguaje aristotélico.
Buscando ideas claras y dsitintas, va adiscurrir de una en una las cosas, utilizando las categorías como instrumentos de conocimiento, su discurrir le proporcionará la forma. En el sentido anterior, el discurso alude al hecho del curso de un término a otro (o de una proposición a otra), en el proceso de un razonamiento de tal suerte que el discurso se detiene cuando se pasa a una proposición considerada como evidente, para nosotros.
En la escolástica es frecuente antender tal razonamiento como paso de la causa a lo causado.
La intuición le ha reportado el contenido de las cosas, ahora ésta no le ha dado la forma de las cosas, sor Juana expresa este descalabro asociandolo a aquellas naves que en los versos anteriores, navegaban en total transparencia. Sor Juana establece que la Res Extensa tiene leyes propias, que son una oscuridad que no deja ver la verdad evidente.
"Las velas, en efecto, recogidas,
que fío inadvertidas
traidor al mar, al viento ventilante
--buscando, desatento,
al mar fidelidad, constancia al viento--,
mal le hizo de su grado
en la mental orilla
dar fondo, destrozado,
al timón roto, a la quebrada entena,
besando arena a arena
de la playa el bajel, astilla a astilla,
donde --ya recobrado--
el lugar usurpó de la carena
cuerda refleja, reportado aviso
de dictamen remiso;
que, en su operación misma reportando,
más juzgó conveniente
a singular asunto reducirse,
o separadamente
una por una discurrir las cosas
que vienen a ceñirse
en las que artificiosas
dos veces cinco son Categorías".
La búsqueda de verdades evidentes es el síntoma del siglo de la ciencia, representado por Descartes, y sor Juana expresa ese mismo propósito filosófico, y para ello empleará ahora el método lógico categorial, para sujetar a la Res Extensa en una comprensión de la Res Cógitans, sin el radicalismo de los racioanalistas del siglo.