domingo, 15 de noviembre de 2009

Aprender de la ciudad para vivir la emoción de la cultura. Visita al Eco centro cultural de Cortazar Gto.

Ir a la ciudad para realizar un intercambio de experiencias intergeneracionales, un diálogo entre edades distintas.

Asistir a un espacio público aprendiendo a respetar las normas de conducta en su interior, escuchando las instrucciones y el objetivo de las exposiciones presentadas.

Una relación amistosa entre los compañeros, una fraternidad de sociabilidad alejada de la rutina del aula y su disciplina de orden y silencio.


Una alumna integrante de una familia que cuenta entre sus antepasados a un destacado miembro en la cultura local, Fulgencio Vargas Ortiz, mira la distancia con su tío tatarabuelo.



Foto de una alumna que es la prueba más palpable del paso por Cortazar de los ejercitos de intervención franceses en el siglo antepasado, donde se acuartelaron los batallones de origen holandés, y muchos soldados ya no regresaron a Europa, se quedaron con sus familias en laVilla de San José de Amoles.


El origen es siempre una incognita, los restos arqueológicos nos hablan de la importancia superior de venerar a los muertos para los pueblos chipícuaros que habitaron en las cuevas del cerro del Culiacán, conservando a las ofrendas funerarias de sus muertos como lo más preciado.


Tres inquietas alumnas posan teniendo como marco la figura festiva de la calaca, que aunque parecen figuras hechas de papel maché, son alfeñiques, son figuras de dulce.



La modernidad y la rebelión de los Beatles sigue casudando atracción en los jóvenes del siglo XXI, tanto de los artistas plásticos como de los contempladores estéticos de la obra pictórica.



La fundación de la ciudad, su nombre antiguo, su escudo de armas y un poco de transgresión de la reglas de visita del centro cultural comiendo churritos, y es que el guía era ya un mismo compañero del grupo.


Un final de concurso de disfraces, y gana la más grande de las cuatro estatuillas.



De regreso a la escuela un poco apretadas.


Y también una lección de manejo, entrenando la conducción y aprendiendo las señales de tránsito, y los pasajeros no perdieron nunca la sonrisa durante el trayecto.
Cortazar, Gto. es la ciudad con una identidad cultural que enaltece a sus artistas jóvenes y a su pasado citadino que cuida la naturaleza y el medio ambiente.

jueves, 12 de noviembre de 2009

El 13 de noviembre, aniversarios luctuosos de Federico Escobedo y Luis Castillo


Palabras del cronista de la ciudad de Salvatierra, don Luis Castillo Pérez, la noche del 10 de noviembre de 1999, para cerrar el homenaje de ese día al señor canónigo don Federico Escobedo.

Intervención de Luis Castillo:

Después de ésta intervención del maestro don Jesús García y García, únicamente me queda agregar dos o tres experiencias mías que tienen que ver con nuestro ilustre paisano don Federico Escobedo y Tinoco.
Recuerdo con agrado que el señor canónigo vino a celebrar con nosotros la coronación de Nuestra Señora de la Luz. A mi me toco acompañarlo a un pequeño paseo por nuestra ciudad natal. Por dondequiera que pasaba iba él haciendo recuerdos de su niñez y de su temprana juventud. Luego, como nos pareció que aquello podía ayudarlo a una visión más vasta del terruño, lo llevamos a que subiera al mirador aquel que tenia, junto al río, el señor luna, a cuya casa se entraba por la calle Guillermo Prieto, en la bajadita al puente de Batanes. Aquella especie de torre estaba todavía en condiciones de uso y pudimos llegar hasta arriba. Conmovía ver como don Federico se extasío por largo rato contemplando el panorama. Allí, sin mas tramite, se puso a componer su poema « Acuarela «, aquel que empieza:

Desde enhiesto mirador
que surge como atalaya,
¡ Como mi vista se explaya
de mi tierra en derredor!

Recitó su poema en la velada literario-musical que tuvo lugar el día siguiente, y ya no tuve la suerte de verlo mas, porque enseguida tuvo que regresar a Puebla.
Cuando se decidió, después de su muerte, que una de nuestras calles llevara el nombre del ilustre humanista que tanto lustre dio a su patria chica, nos encontramos con que las autoridades se negaban a los cambios para no restar homenaje a las figuras históricas, entre ellas los héroes revolucionarios.
Propusimos que la calle de Alvaro Obregon, muy pequeña pero muy céntrica, llevara el nombre del señor canónigo Escobedo, pero, imagínense ustedes, ¡ cómo iba a permitirse ese desacato! Entonces argumentamos que el llamado Manco de Celaya tenia ya bajo su nombre no una sola calle sino una colonia, la que antiguamente llevo el nombre de Ranchito de San Elías. Así se allano aquella dificultad y por ello tenemos nuestra calle de Federico Escobedo.
En la ciudad capital, a iniciativa de Jesús Pompa Calderón, fundamos a principios de los años sesentas el Circulo de Salvaterrenses Residentes en México. Sacamos la revista San Andrés y al principio hubo mucha actividad. Pompa se puso a tramitar que la Secretaria de Educación dotara a Salvatierra con una biblioteca pública. El asunto tardaba y Pompa quiso regresar a Salvatierra impulsado por personales proyectos. Así fue como me hizo el encargo de que atendiera yo aquel asunto. Afortunadamente todo se fue resolviendo, aunque lentamente: escribimos a la Secretaria; escribimos al H. Ayuntamiento, que era presidido por don José Jiménez Díaz; se consiguió el local.
Pero había que asignar un nombre a la biblioteca, y nos pareció que él mas indicado era el de nuestro árcade romano, el ilustre padre Escobedo.
Pero sucedió que ya había en Salvatierra una biblioteca con ese nombre: la de la escuela primaria urbana Articulo 123 « La Reforma «. Hubo que ponerse en contacto con el director de esta, don José Trinidad Hernández Acosta, quien, galantemente, cedió el nombre y por ello tenemos nuestra biblioteca publica « Federico Escobedo y Tinoco «.
Con estos sencillos recuerdos quiero sumarme al homenaje que hoy se rinde al humanista coterráneo.
Nota del Editor: Arriba, la foto del cadáver de don Federico Escobedo, quien falleció el 13 de noviembre de 1949, en la ciudad de Puebla; y el cronista don Luis Castilló, después de ésta intervención, falleció el 13 de noviembre de 1999 en Salvatierra, Gto.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

A don Luis Castillos por los 10 años de cabalgar en el recuerdo de nosotros








EL SIEMPRE RECORDABLE DON LUIS CASTILLO


Por J. Jesús García y García

    Está cumpliendo años de muerto don Luis Castillo Pérez, fallecido el 13 de noviembre de 1999. Hoy, como en cualquier tiempo, es justo rendir homenaje a este coterráneo al que yo califico de salvaterrense excepcional. Aunque hubiera alguien que alegara que en lo personal sufrió algún agravio de él, es incuestionable que, como pueblo, todos —pero todos, de verdad— le debemos admiración y agradecimiento.

    Acerca de este personaje dije una vez, en presencia suya, lo que ahora ratifico:
        El localismo pasional, recalcitrante si los hay: el salvaterrismo indeclinable, acaso intemperante, fructífero, por tanto, y en este caso singularmente generoso, tiene un representante único en la persona a quien me honro en presentar [...] Su modesta preparación académica es mil veces suplida y superada por su entrañable amor al terruño, el cual le dicta, para que nos los traslade a nosotros verbalmente o por escrito, sabrosos relatos emocionados y emocionantes de nuestro pasado comunitario. Si un día —la esperanza muere al último— llega a haber en Salvatierra una generación sobresaliente, una generación de obra fecunda y óptima, deberá tener como bandera y ente inspirador a este perseverante quijote, a este especialísimo salvaterrense, por ahora inimitable pero válido como ejemplo para mejores tiempos, que es don Luis Castillo Pérez.
    Año y medio después de que murió, escribí y leí públicamente en Salvatierra:
        Nació en esta ciudad el 20 de octubre de 192l, en el seno del hogar que formaron don José Castillo y doña Joaquina Pérez. El conjunto fraternal tuvo como integrantes a Ma. Concepción, Ma. Dolores I, Ma. Dolores II, Ma. del Carmen, José, Luis, y Ma. Guadalupe. Huérfano de padre a los seis meses de edad, vivió durante su infancia y adolescencia al amparo de su abuelo materno, don José Socorro Pérez, a cuyo lado desarrolló un gran amor al terruño. En la escuela de don Jesús Gutiérrez aprendió las primeras letras y después estuvo en el colegio Guadalupe Victoria, donde fue su maestra hasta el cuarto año la R. M. Catalina Oñate. Cursó un año más de la primaria en la escuela Benito Juárez, con la maestra María Fuentes. Ya no volvería a las aulas, pues fue necesario que ayudara a su madre en el reparto del chocolate que ella preparaba. También fue aprendiz de zapatero en varios talleres (el de Vicente Arenas, el de Epifanio Solache, el de J. Jesús Martínez y el de Primitivo Martínez) y empleado de mostrador en dos tiendas: la que don José Ortiz tenía en la ha
cienda de San José del Carmen, y la de don Ramón Soriano en nuestra ciudad. Todavía no cumplía los quince años cuando escapó del hogar hacia el norte del país, parando finalmente en la ciudad de México. 

    Allá trabajó como zapatero, y después en la Compañía de Tranvías; se incorporó al comité capitalino pro coronación de la Virgen de la Luz (1938-1939); fue en 1941 piedra fundamental del Centro Juvenil Salvaterrense del D. F. (su distintivo era una corbata roja) y, dentro de ese organismo, se convirtió en uno de los principales promotores del comité también capitalino pro Tercer Centenario de Salvatierra (1943); integrante y alma del quinteto de andarines que del 27 de enero al 3 de febrero de 1944 efectuó el recorrido por la ribera de nuestro río, desde la población de Lerma hasta aquí, acción hasta cierto punto sencilla, pero cargada de homenaje.

    Luego de disfrutar todos los festejos del tercer centenario, volvió el andarín a la metrópoli, esta vez sólo por pocos meses, ya que renunció a Tranvías y tornó a establecerse en Salvatierra, tomando un empleo en la agencia Carta Blanca.

    Por su edad de entonces y su temperamento, propendía a la vida bohemia, con los consiguientes excesos. Muchos lo tuvimos catalogado un tiempo como dipsómano. Lo fuera o no, un detalle de su carácter le confería envidiable “ángel”: alegre y ameno, era garantía de que en cualquier paseo o tertulia a que fuese reinarían la expansión y el regocijo. El matrimonio parecía, en su caso, una esperanza de que Luis se volviera “formal” o, como dicen, de que sentara cabeza; solo que, aplicado el remedio, las expectativas no se cumplieron automáticamente. Su enlace tuvo lugar durante el segundo semestre de 1946 con Ma. Josefina Dueñas Nieves, con quien había de procrear cuatro hijos: María de la Luz, José Luis, Gabriel y Susana. En 1957, convencido de la necesidad de obtener mejores recursos económicos y propiciar el desarrollo de la prole, una vez más fue a radicarse a la ciudad de México, llevándose consigo a toda la familia. Ingresó a la planta llantera Uniroyal, S. A. En marzo de 1970 estuvo a las puertas de la muerte a causa de un accidente de tránsito en las peligrosas vías metropolitanas. Sólo su enorme fuerza moral, manifiesta en una inquebrantable voluntad de vivir y de recuperarse, lo hizo superar un penosísimo traumatismo. De este modo volvió a Salvatierra a principio de los setentas, aunque en 1991 hubo de internarse por dos meses en el Instituto Nacional de Cardiología para someterse a un cateterismo y dos operaciones del corazón. Nunca dejó de tener objetivos y metas vitales, entre éstas, hasta el último momento, la de “despedir al siglo y atestiguar el nacimiento del nuevo milenio”. Desgraciadamente, por sólo 49 días no llegó al año 2000.

    Los méritos sociales y cívicos que mejor conforman la sobre saliencia de don Luis Castillo son:
        En primer lugar, su labor convocadora que ya se mencionó, desarrollada durante su primera residencia en México. Después, ya por acá, la fundación de varios organismos sociales, los primeros todavía con una orientación predominantemente recreativa y los de más adelante comprendiendo la búsqueda de otros frutos: el Centro Social y Deportivo Culiacán (cuyos integrantes fueron mejor conocidos como “Los Cucarachos” y que tan singular pugna entablaron con el elitista pero simpático grupo apodado “Los Tempranillos”, el 7 Club, el Consejo de Caballeros de Colón y el Club “Zorros”. En su tercera radicación en la metrópoli participó en la fundación del Círculo de Salvaterrenses Residentes en México, apoyando la iniciativa de Jesús Pompa Calderón.

    De 1944 a 1950 participó en las comisiones encargadas de gestionar una escuela de segunda enseñanza, la introducción del agua potable y la pavimentación urbana. En 1957 fue integrante de la Junta de Mejoras Materiales y, como socio zorro, hizo mediciones y calculó costos para la pavimentación de las calles de Guillermo Prieto, Hidalgo y Madero. En 1962, tiempo de residencia capitalina, llevó a término favorable las gestiones que el mencionado Pompa Calderón había emprendido para el establecimiento de una biblioteca pública en Salvatierra.

    Una obra de asistencia social por él creada le garantiza especial e imperecedero aprecio: la casa hogar para ancianos llamada Villa de las Rosas. Concibió la idea en México en 1969 y elaboró un proyecto que consideró viable, asignándose él mismo una importante contribución pecuniaria para el objeto, quedando el resto por obtener mediante donativos personales y festivales de beneficio. A principios de 1970 vino a comprar el terreno. El grave accidente que sufrió y que ya quedó relatado hubiera hecho que cualquier otra persona abandonara el proyecto. Pero la derrota no iba con él, y en su larga convalecencia, de la que obtendría sólo una parcial recuperación, no buscó ni encontró excusas para abandonar el plan: organizó comités (que, como siempre, cuando funcionaron lo hicieron sólo en parte y por breve tiempo) e hizo toda suerte de promociones. En determinado momento volvió a radicarse en la ciudad natal, acuciado tanto por su necesidad de restablecimiento físico cuanto por requerirse su personal dirección de la obra. Por muchos años se le vio subir a diario a la colina, la mayoría de las veces a pie, y coordinarlo y supervisarlo todo con sus fieles auxiliares Guillermo Vera Figueroa y Joaquín Medina Solache: la requisición, guarda y manejo de materiales; la contratación y vigilancia de la mano de obra onerosa, la obtención y encauzamiento de la mano de obra generosa (“faenas”), la introducción de los servicios, el flujo de dinero, etc. Todo se complicó grandemente por la inflación que fue alterando gradualmente el presupuesto y que se desató, ya desaforada y galopante, a partir de 1976. Por fortuna los hijos varones de don Luis colaboraron valiosamente en la obra cuando llegaron a la profesionalidad en el ramo de la construcción.
Castillo se preocupó de conferir solemnidad a los momentos claves de la edificación de la Villa de las Rosas, organizando emotivos actos de convivencia, enmarcados por lo regular en reminiscencias del pasado histórico salvaterrense. En 1970 se colocó la primera piedra y el 9 de febrero de 1985 hizo la inauguración del asilo el entonces presidente municipal licenciado Filiberto Navarrete Rosas. La prestación de los servicios asistenciales, a cargo de las religiosas de Fátima, comenzó el 28 de agosto de 1985. No llegó con esto el descanso para don Luis, pues tuvo que continuar en funciones de administración del hospicio, del cual fue hasta el fin dirigente y defensor. La obra es acabada muestra de una gran capacidad de liderazgo y concertación. En alrededor de 60 boletines publicados se fue informando de los avances de construcción y dando pormenorizada cuenta del manejo financiero, con expresión de cada donativo recibido (suscrito o anónimo, en dinero o en especie).

    Nuestro hombre escribió artículos para muchas publicaciones periódicas, entre otras: El Zorro y Cauce (Salvatierra); San Andrés (México); Panorama, Lerma, Lux y La Tribuna (Salvatierra), y La Cultura de las Casas (Guanajuato). Publicó en folleto o libro los siguientes trabajos: San Andrés de Salvatierra. ¡Conoce a tu tierra!, 9 de febrero de 1975, ed. mim.; Caballeros de Colón. Consejo 3276 San Andrés de la Luz. Salvatierra, Gto. Breve crónica de la celebración del 25 aniversario de haberse expedido su carta constitutiva y de haber tenido lugar su solemne instalación en esta ciudad, Salvatierra, 9 de febrero de 1975, ed. mim. [firmado “P.C.L.”]; Recuerdos gráficos de mi tierra, Salvatierra, ed. del autor [1981], y La Reina de las Luces. Su peregrinar. Su palacio. Sus portentos. 1550-1988, Salvatierra, Caja Popular “San Andrés”, A.C. [1988].

    En política, don Luis militó durante mucho tiempo en el partido Acción Nacional. Desde 1995 hasta su muerte fue el Cronista de la Ciudad de Salvatierra. El 12 de noviembre de 1999 Dios lo atrajo a la morada celestial, sólo dos días después de haber participado en un homenaje al humanista coterráneo don Federico Escobedo, dejando una vida fructífera, difícil de resumir.

Explorando la ciudad de Guanajuato como un viaje escolar

GUANAJUATO EN EL FESTIVAL CERVANTINO
Por María de Jesús

En Guanajuato no vi la gran cosa, pero por lo poco que alcance a ver y visitar con mis amigas, como lo que fue la Alhóndiga de Granaditas, me pareció una bonita experiencia, porque muchas veces he visitado Guanajuato pero jamás tuve la oportunidad de ver la alhóndiga o, bien dicho, de explorarla.
Allí vimos lo que fueron Miguel Hidalgo, Allende, Doña Josefa Ortiz de Domínguez, vimos la campana de independencia; en las salas había muchas pinturas, medias raras, y muchas figuras prehistóricas que tenían que ver con nuestras culturas de antes: imágenes, trastes, por supuesto que todo era de piedra.
Ahí mismo había muchas pinturas sobre la independencia, de la esclavitud, de cómo es que los españoles llegaron a conquistar nuestro país, de todas las cosas que nos robaron como lo que fue el oro y la mezcla de razas.
Fuimos también al centro, a ver al pípila, fuimos a ver la presa y todo estuvo muy bonito, sobre todo los túneles, tienen mucha magia, porque de repente bajas por un túnel; y yo me ponía a imaginar cómo es que antes se vivía ahí, como es que llegaba el agua.
Fuimos a ver el callejón del beso y nos contaron un poco de su historia y, pues, hubiera sido padre encontrarme a un muchacho y darme un beso ahí con él, pero pues no se pudo.
En la noche fuimos a ver un poco de lo que eran los bailes y todo lo que estaba en el centro, pero ya después no se pudo porque comenzó a llover y la fiesta se acabó.
Y a pesar de que nos perdimos, nos divertimos mucho en Guanajuato, conocimos a personas de diferentes lugares, y fue padrísimo el poder compartir diferentes culturas con otras personas cordialmente y el ver a personas de otros lugares muy contentos.





María de Jesús

domingo, 8 de noviembre de 2009

Un final de congreso preñado de grandes impulsos por sumar municipios.


Dr. Guillermo Arredondo, secretario de Cultura de Tamaulipas, Pascual Zárate, editor de este blog, Pilar Figueras, secretaria general de la Asociación Internacional de Ciudades Educadoras y Francisco Licea, regidor de Guanajuato. Toma de la cámara fotográfica por Silvia Acle de ciudad educadora de Victoria, Tamaulipas.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Conferencia magistral de filósofo español del Pozo,

Pascual Zárate y Silvia Acle
Carlos Schefller

Ayer se expuso una brillante conferencia sobre la concepción civilizadora del documento base del movimiento de pedagogía social: La Carta de Ciudades Educadoras, cuyo texto conceptual fue afinado en varios de sus enfoques Joan Manuel del Pozo.

La idea central que expuso en su conferencia magistral es: la educación no es para la vida, es la vida. Educarse es vivir. Dijo que la historia es un componente esencial de lo que se vive, de cómo se vive, de lo que se quiere vivir con impulso vital.

La escuela hace transcurrir la vida, por ello debe ser porosa para que esté la ciudad en ella. La ciudad es el mejor lugar para vivir, y la forma de vivir la ciudad es siendo educadora. La educación permite vivir a la ciudad de la mejor manera: en paz, tolerante, abierta, libre, participativa, solidaria, amorosa y saludable.

La reflexión sobre el deporte la realizó desde la perspectiva del cuerpo, como una forma de vivir modelado por las concepciones culturales: la de la visión de la Grecia Clásica y la del cristianismo. Una como máximo valor de vida la fuerza del cuerpo y, la otra, como un obstáculo para la espiritualidad. El deporte cívico es, entonces, un manera de estar en la ciudad con armonía, valorando las fortalezas corporales para la salud mental y social, integrado a los espacios públicos desde un enfoque cívico, urbano, social y concretizando una energía vital individual que desea alcanzar conocimientos, valores, sociablidad, salud, paz y amistad en equipo y colaboración para vivir bien.

Estas son las partes centrales del discurso, haciendo ver que los gobiernos municipales son una organización especialmente poderosa para hacer que la ciudad se viva en la educación, que el aula reciba a la ciudad para vivirla conforme a una utopía entre los jóvenes y niños.

Clausura del congreso por Pilar Figuáras
Posteriormente pondré más exposiciones de esta innovadora práctica educativa desde la ciudad y sus componentes intencionales.