sábado, 24 de octubre de 2026

La acusación de brujería a la mulata del Barrio de San Juan de Salvatierra, Gto.

 La acusación de brujería a la mulata del Barrio de San Juan de Salvatierra, Gto.




Música de fondo para relatos en la radio

https://www.youtube.com/watch?v=1q4RWcbLlzU&list=RD1q4RWcbLlzU&start_radio=1

Tambores

https://youtu.be/UC6_0iYmEFE?si=hwCnULbBmdmzjCyh

Terror

https://youtu.be/HNjmnsyBmjw?si=IEV8IofVcSxhoEde

Campañas

 La acusación de brujería a la mulata del Barrio de San Juan de Salvatierra, Gto.

 Por Francisco Fernandez Frausto


Apertura especial para el primer programa


Cada año, cuando llega noviembre, los pueblos del Bajío encienden veladoras, colocan flores de cempasúchil y recuerdan a quienes ya partieron.

Pero hace más de doscientos setenta años, en la ciudad de Salvatierra, los muertos también estuvieron presentes en una historia muy diferente.

Una historia de polvos misteriosos, pequeños huesos, remedios, temores y acusaciones.

Salvatierra, Guanajuato. Año de 1755.

Entre sus conventos, haciendas, barrios indígenas y calles coloniales vivía una mujer mulata libre.

Su nombre era Petrona Theresa Novara.

Algunos la conocían como La Sorda.

Había quienes hablaban de sus curaciones. Otros sospechaban de sus prácticas.

Hasta que un día, unos polvos y un hueso atribuido a un muerto llegaron a manos de las autoridades.

Aquello cambiaría su vida.

Lo que escucharán no es simplemente una leyenda.

Es una historia reconstruida a partir de un expediente de la Inquisición, conservado durante siglos.

Y hoy, en esta temporada de Día de Muertos, volveremos a abrirlo.

Bienvenidos a Los Expedientes Secretos del Bajío.

Los polvos y huesos de muerto de Salvatierra.

Seis capítulos para descubrir qué ocurrió con Petrona Theresa, una mujer que enfrentó las acusaciones de su tiempo y cuya historia merece ser escuchada.

Capítulo primero: La ciudad de los vivos y los muertos.

 

CAPÍTULO PRIMERO

LA CIUDAD DE LOS VIVOS Y LOS MUERTOS

Salvatierra, Guanajuato, 1755

Cada año, cuando llega el mes de noviembre, los pueblos del Bajío se llenan de flores de cempasúchil, veladoras, recuerdos y oraciones.

Es el tiempo en que las familias vuelven a pronunciar los nombres de quienes ya partieron.

Pero los muertos también aparecen en otras historias.

Historias que no nacieron en los altares familiares, sino en antiguos documentos judiciales.

Historias de temores, creencias, remedios y acusaciones.

Hoy abriremos uno de esos expedientes.

Un documento que permaneció durante siglos entre los archivos de la Iglesia.

Y que nos llevará hasta una ciudad donde convivían tres grandes raíces culturales: la indígena, la africana y la española.

Su nombre es Salvatierra.

Imaginemos que podemos retroceder más de doscientos setenta años.

Es el año de 1755.

Nos encontramos en San Andrés de Salvatierra, una ciudad de la Nueva España, asentada en las tierras fértiles del Bajío y vinculada con las aguas del río Lerma.

Por sus caminos transitan comerciantes, arrieros, trabajadores de las haciendas y religiosos.

En sus plazas se escuchan voces que ofrecen maíz, frutas, textiles y otros productos.

Los molinos aprovechan las aguas de la región.

Las huertas forman parte del paisaje.

Y sobre los tejados sobresalen las torres de sus templos.

Salvatierra había recibido el título de ciudad en 1644.

En poco más de un siglo se había convertido en un importante asentamiento agrícola y religioso.

El convento del Carmen, construido durante el siglo XVII, era uno de sus edificios más representativos.

La presencia franciscana formaba parte de la vida espiritual de la población.

En las cercanías existían haciendas, ranchos y pueblos indígenas vinculados con la economía regional.

Y entre los barrios de la ciudad se encontraba uno que tendrá especial importancia en nuestra historia:

El barrio de San Juan.

El barrio de San Juan formaba parte de aquella Salvatierra donde las tradiciones indígenas convivían con la organización colonial.

Sus habitantes compartían las calles, los mercados y las celebraciones religiosas con personas de diferentes procedencias.

Porque Salvatierra no era una ciudad habitada únicamente por españoles.

En ella vivían indígenas, mestizos, negros, mulatos y personas clasificadas en otras categorías sociales de la época.

Algunos eran libres.

Otros permanecían sujetos a distintas formas de dependencia.

Y todavía existía la esclavitud.

En aquella sociedad, la condición de una persona podía determinar sus oportunidades, su trabajo, sus relaciones y hasta la manera en que las autoridades escuchaban sus palabras.

Aquí debemos detenernos.

Cuando hablamos de las tres raíces de nuestros pueblos, no hablamos de una convivencia siempre armoniosa.

La raíz indígena estaba presente en las comunidades originarias, sus lenguas, sus conocimientos del territorio y sus tradiciones.

La raíz española se manifestaba en las instituciones, los conventos, las haciendas, la religión católica y las costumbres llegadas de Europa.

Y la raíz africana estaba presente en hombres y mujeres que habían llegado, o descendían de quienes llegaron, bajo las duras condiciones del sistema colonial.

Algunas de esas personas habían obtenido su libertad.

Otras habían nacido libres.

Sus historias también forman parte de la memoria de Guanajuato.

Aunque durante mucho tiempo sus nombres permanecieron ocultos en los archivos.

Entre aquellos habitantes vivía una mujer cuyo nombre habría podido desaparecer para siempre.

Una mujer mulata libre.

Casada con un hombre llamado Francisco Rodríguez.

Vecina de Salvatierra.

Los documentos la identifican como:

Petrona Theresa Novara.

Pero también registran el sobrenombre con el que era conocida:

La Sorda.

No sabemos con certeza su edad.

Tampoco conocemos su apariencia física.

No tenemos un retrato suyo.

Ni podemos asegurar cómo transcurría cada día de su vida.

Sin embargo, un expediente conservó algunos fragmentos de su historia.

Y esos fragmentos nos muestran a una mujer relacionada con prácticas que sus contemporáneos describieron como remedios, curaciones y supersticiones.

En una sociedad donde la enfermedad podía representar una amenaza constante, muchas familias recurrían a los conocimientos transmitidos por generaciones.

Las plantas podían convertirse en infusiones, emplastos o preparados.

Las oraciones acompañaban los tratamientos.

Y algunas prácticas combinaban creencias religiosas con explicaciones que hoy nos resultan extrañas.

No siempre existía una frontera clara entre la medicina popular y aquello que las autoridades consideraban superstición.

Imaginemos una conversación entre vecinos de aquella ciudad.

Dicen que en San Juan vive una mujer que conoce ciertos remedios.

¿Una curandera?

No lo sé. Algunos hablan bien de ella. Otros dicen cosas diferentes.

¿Y cómo se llama?

Petrona Theresa.

La conocen como La Sorda.

Así pudieron circular los rumores en una ciudad donde la reputación de una persona dependía, en buena medida, de lo que sus vecinos dijeran de ella.

Pero debemos recordar que no tenemos pruebas de que esta conversación ocurriera.

Lo que sí sabemos es que, con el paso del tiempo, Petrona adquirió fama pública de practicar acciones consideradas supersticiosas.

Y aquella reputación terminó por llevarla ante las autoridades.

Mientras tanto, en otra vivienda de Salvatierra, se desarrollaba un conflicto familiar.

Un albañil llamado Salvador Merino vivía con su esposa, Rita Antonia.

Ella también era mulata libre.

Su matrimonio atravesaba dificultades.

En las declaraciones posteriores, Rita hablaría de los malos tratos que recibía de su marido.

Buscaba una solución.

Algo que le permitiera terminar con aquellos sufrimientos.

Y fue entonces cuando apareció la posibilidad de acudir a una mujer que conocía ciertos remedios.

Una mujer llamada Petrona Theresa.

Aquella decisión desencadenaría una investigación que involucraría al alcalde de Salvatierra, a varios testigos y al comisario del Santo Oficio.

Pero todavía faltaba algo.

Unos pequeños envoltorios.

Unos polvos de composición desconocida.

Y un objeto que despertaría todavía más sospechas.

Un hueso atribuido a una persona muerta.

Hoy sabemos que esos objetos quedaron registrados en un expediente inquisitorial.

También sabemos que las autoridades intentaron averiguar qué eran y para qué se habían entregado.

Pero en aquel momento, cuando comenzaron a circular las acusaciones, la verdad estaba lejos de conocerse.

Estamos en agosto de 1755.

La ciudad continúa con su vida cotidiana.

Las campanas llaman a misa.

Los comerciantes abren sus negocios.

Las familias trabajan en sus casas.

Y nadie imagina que el nombre de Petrona Theresa quedará escrito en un documento que llegará hasta nuestros días.

¿Qué llevó a Rita Antonia a buscar un remedio?

¿Qué clase de ayuda esperaba recibir?

¿Y cómo terminaron unos polvos desconocidos convertidos en motivo de una acusación de hechicería?

La respuesta comienza con una mujer que buscaba escapar de los conflictos de su matrimonio.

Y con otra que, según los testimonios, prometió ayudarla.

En nuestro próximo capítulo:

LA MUJER DE LOS REMEDIOS SECRETOS.

Porque en la Salvatierra colonial, aquello que para una persona era un remedio, para otra podía convertirse en una amenaza.

Escuchaste Los Expedientes Secretos del Bajío.

Una serie especial de Día de Muertos basada en documentos históricos de la Nueva España.

Continuará...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


jueves, 22 de octubre de 2026

Se crea conciencia en los niños sobre el cuidado del medio ambiente

 Se crea conciencia en los niños sobre el cuidado del medio ambiente



Salvatierra, Guanajuato. 22 de octubre del 2026.La dirección de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente en conjunto con la Procuraduría Ambiental y Ordenamiento Territorial continúan visitando las diferentes instituciones educativas del municipio para concientizar a los alumnos y maestros sobre el cuidado del entorno natural.
Esta mañana la directora de Desarrollo Urbano Fabiola Abonce Villagómez, en compañía de Mauricio Arreguín integrante de dicha área y de Clara Sánchez Segovia representante de la PAOT estuvieron presentes en la escuela primaria Xicohtencatl Axayacatzin de la comunidad de la Esquina.
En donde llevaron a cabo una serie de actividades lúdicas de concientización con los alumnos de todos los grados escolares y maestros, a quienes les hablaron sobre el cuidado de los recursos naturales, dieron a conocer las áreas naturales protegidas, así como el cuidado y protección de los animales, contestaron las preguntas que realizaban los niños, todo de una manera dinámica e integral.
Abonce Villagómez expresó que es muy importante seguir realizando este tipo de actividades en las escuelas, ya que los niños y jóvenes son el presente y futuro de la sociedad mismos que se les invita a realizar acciones para evitar la contaminación del planeta o su entorno, así como para hacer un mejor uso de sus recursos naturales.

Invitan al Taller de Caracterización de Catrinas en el Festival de las Almas 2026

 Invitan al Taller de Caracterización de Catrinas en el Festival de las Almas 2026



Salvatierra, Gto.- Como parte de las actividades del Festival de las Almas 2026, este miércoles 28 de octubre se llevará a cabo el Taller de Caracterización de Catrinas, a partir de las 9:00 de la mañana, en la Casa de la Cultura “Fray Andrés de San Miguel”.


La actividad es organizada por el Instituto de la Juventud Salvaterrense y cuenta con el apoyo de la joven maquillista Michelle Montes Medina, quien compartirá sus conocimientos y técnicas de maquillaje alusivas a una de las figuras más representativas de las tradiciones mexicanas del Día de Muertos.


La titular del Instituto, Paulina Sanabria Reyes, hizo hincapié en la importancia de generar espacios que impulsen la participación de las y los jóvenes en actividades culturales y artísticas, al tiempo que contribuyan a preservar las tradiciones mexicanas y a mantenerlas vigentes entre las nuevas generaciones.


Esta iniciativa busca fortalecer las costumbres y expresiones culturales de la temporada, al ofrecer a las juventudes un espacio para desarrollar su creatividad, adquirir conocimientos y expresarse a través del arte y el maquillaje. 


Las personas interesadas podrán inscribirse en las oficinas del Instituto de Atención a la Juventud Salvaterrense, en un horario de 8:00 a 15:00 horas. El taller será gratuito y no tendrá límite de edad; únicamente deberán llevar los materiales que utilizarán durante el curso.


Con esta y las diversas actividades del programa cultural, el Gobierno Municipal promueve una cartelera multidisciplinaria en la quinta edición del Festival de las Almas, con propuestas para todas las edades que permiten a las familias salvaterrenses y visitantes disfrutar de las tradiciones, la cultura y el folclor que distinguen a Salvatierra como Pueblo Mágico.

miércoles, 21 de octubre de 2026

Invitan a participar en las actividades deportivas del Festival de las Almas 2026

 Invitan a participar en las actividades deportivas del Festival de las Almas 2026



Salvatierra, Gto.- Como parte del programa del Festival de las Almas 2026, la Dirección de Deportes invita a la ciudadanía a participar en el Run Catrín y la Carrera de Botargas y Catrines, actividades que promoverán la sana convivencia, la recreación y la participación familiar en el marco de las tradiciones del Día de Muertos.
El titular de la dependencia municipal, Jonathan Romero Ortiz, informó que el Run Catrín se realizará el miércoles 28 de octubre, a las 18:00 horas, con salida y llegada en la Explanada del Carmen. El recorrido será de cinco kilómetros por las principales calles de la ciudad y contará con la participación de un DJ sorpresa para animar a los asistentes. Durante la actividad estará prohibido el consumo de bebidas alcohólicas.
Para facilitar la organización, se invita a los interesados a inscribirse los días 26 y 27 de octubre, de 12:00 a 15:00 horas, en el módulo que se instalará en la Presidencia Municipal, o bien, una hora antes del inicio del evento.
Asimismo, el sábado 31 de octubre, a las 19:00 horas, se llevará a cabo la Carrera de Botargas y Catrines en la Explanada del Carmen, con categorías infantil, para participantes de 4 a 12 años, y libre. También se invita a las personas interesadas a realizar su inscripción con anticipación para facilitar el desarrollo de la competencia.
El funcionario destacó que estas actividades complementan la oferta cultural del Festival de las Almas y permiten disfrutar las tradiciones del Día de Muertos desde una perspectiva deportiva y recreativa, fomentando la integración social y la convivencia entre las familias salvaterrenses y los visitantes.
Con estas iniciativas, el Gobierno Municipal continúa impulsando espacios de participación ciudadana que combinan deporte, cultura y tradición, fortaleciendo el ambiente festivo que distingue a Salvatierra como Pueblo Mágico.

Remigio Villafuerte


Remigio Villafuerte Gaytán
Enlace al Conversatorio:













martes, 20 de octubre de 2026

Retoman la tradición de la elaboración de catrinas y alebrijes de papel y cartón

 Retoman la tradición de la elaboración de catrinas y alebrijes de papel y cartón



Salvatierra, Guanajuato. 20 de octubre del 2026. En el taller de cartonería de la Casa de la Cultura Fay Andrés de San Miguel, se continúa fomentando el rescate de tradiciones y el aprecio hacia las mismas en las nuevas generaciones.


El maestro de cartonería de la casa de la cultura Joel Barbosa comentó que como parte de las creaciones contempladas durante el curso que inició en el mes de septiembre, se contempló la realización de catrinas, calaveras, alebrijes y cabezones con motivo del día de muertos para con ello resaltar más las tradiciones de dicha festividad.


Así mismo mencionó que actualmente dentro del curso se cuenta con alumnos de 6 a más de 40 años, acudiendo a casa de la cultura los lunes, miércoles y viernes de 5 a 7 de la tarde. Los asistentes aprenden a realizar los moldes o figuras con alambres, empapelado adecuado y detallado.


Joel Barbosa indicó que la fabricación de catrinas de papel permite a las personas desarrollar su creatividad, estimulan su desarrollo motriz, los participantes se involucran de manera activa con sus raíces culturales y trabajan de manera colaborativa entre diferentes generaciones.

Carolina y Reforma, un espacio de la memoria del comienzo de la industria en Guanajuato

 El comienzo del espíritu mexicano de la construcción de la cultura nacional del trabajo

Por Pascual Zárate Avila

Cronista de Salvatierra, Gto


La puerta a la historia del surgimiento de la identidad nacional en 1631

Introducción

    El presente trabajo empezó como una compilación de registros de historias orales de protagonistas de la Administración Obrera, de trabajadores de la fábrica Carolina y Reforma, un periodo histórico lleno de sacrificios para todos los obreros y, a la vez, accionistas de la empresa.

    La intención era armar la narración de los momentos de éxito de los obreros accionistas de la Administración Obrera, con el objetivo de valorar su papel histórico de mantener viva la industria textil en Salvatierra.

    Considerando a la crónica municipal con el deber de registrar las narraciones orales de las experiencias exitosas del periodo de la Administración Obrera de la fábrica Carolina y Reforma durante el periodo de 1973 a 1992, y transmitir el fuerte valor de la resiliencia de una generación de obreros que mantuvieron trabajando una de las fábricas textiles más grandes de México, una lucha dada durante un periodo históricos de cambios económicos en el mundo con el fin de proteccionismo económico de los países.

    El relato de la historia oral recabada cuenta la historia empezando desde cuando los obreros y accionistas recibieron en propiedad la fábrica textil Carolina y Reforma, cada narración testimonial obtenida nos descubre la comprensión de su responsabilidad de mantener viva a la fábrica con su trabajo, con sus iniciativas de buenos proyectos y de su entrega convencidos de sus enormes posibilidades de salir adelante como una unión de trabajadores. 

    Los protagonistas de las experiencias en la Administración Obrera, narraron sus pensamientos y motivaciones para impulsar la producción textil y encontrar mercados favorables a su producción, buscando en todo el mundo.

    Sin embargo, al contar con la narración del esfuerzo realizado por los obreros salvaterrenses y técnicos empíricos de la fábrica textil, me surgió la pregunta ¿Cuándo inició el espíritu de la consciencia de sus propias fuerzas de construir sueños? Mi reflexión viajo hasta el comienzo de periodo de la historia de la Nueva España cuando los criollos empezaron a darse cuenta de su poder para construir ellos mismos la infraestructura productiva para la mayor fertilidad de las tierras y la construcción de tecnología para la  transformación de la materia prima, el trigo, en un producto apropiado de consumo en la elaboración del pan y las pastas. Para ello en el molino se llevaba a cabo el limpiado del trigo para limpiarlo del polvo y de la paja, luego se humedecía con agua para separar los granos de trigo de su cáscara y prepararlo para su rotura, trituración y tamizar del polvo de harina y obtener un polvo de harina sin pedazos de granos de trigo. Un verdadero proceso industrial por el volumen de trigo procesado en el molino de la Esperanza de Gabriel López de Peralta.

La energía conocida a través de las narraciones de los antiguos obreros para involucrarse, con pasión, en la puesta en marcha de un complejo industrial textil, un proceso cuyo comienzo era recibir algodón y entregar rollos de tela estampada. 

Su energía fue la continuidad del comienzo de consciencia de las propias fuerzas de la población americana compuesta de criollos, mestizos, indígenas y mulatos, por ello contamos el comienzo de un lugar donde nació la identidad de México, el antiguo espacio de la lomita de Huatzindeo, la que ahora es la zona de los edificios llamados Carolina y Reforma 1845.


El comienzo de la cultura del trabajo en Salvatierra, primera ciudad de Guanajuato.




El edificio del antiguo molino virreinal de La Esperanza cuando se convirtió fábrica textil

La historia de lo valores humanos de una población surgida como ciudad novohispana

El propósito es contar la historia de una población empleando un lugar territorial como centro del crecimiento de la ciudad.

Es una ciudad interesante para la historia universal, es la construcción de un ideal, de una utopia, durante los años del surgimiento de la consciencia de sí de los pobladores de la Nueva España.

Hubo una forma de comprender el mundo al estar conscientes de la existencia de varias civilizaciones surgidas en los distintos continentes del mundo. España impulsó la reflexión humanista con sus órdenes religiosas, como los dominicos con fray Bartolomé de las Casas, quien expuso el deber de España de darle dignidad a los naturales de las Indias Occidentales.

La utopia de Tomás Moro trabajada por el venerable Vasco de Quiroga en la región de Michoacán, donde se incluía la parte llamada Guanajuato.

En esta fértil región de la Nueva España surgió el espació para la praxis de la utopia de Tomas Moro y hacer realidad la concepción de los Derechos Humanos de fray Bartolomé de las Casas.  

Veo la ciudad de Salvatierra y platico con diferentes personas para conocer su historia de vida, las cuales son narraciones de éxitos obtenidos durante la vida. 

Salvatierra tiene periodos de intensa pasión en la construcción de sus fuentes de trabajo, agricultura, industria, comercio y servicios, una ciudad calmada, devota y productiva. Con un gran orgullo en sus habitantes por recordar a sus familiares y su legado de valores y obtención de bienes para las siguientes generaciones.

Se siente el rumor del olvido, una fisionomía social con características de encontrar perdidos los paisajes de cuando había una fábrica textil con numerosos trabajadores cuya presencia era puntual por las calles al salir del turno de trabajo, llenos de pelusa de algodón llevando uniforme de gabardina café en el corte de sus camisolas y pantalones. Con sus bolsas del almuerzo caminaban a las tres de la tarde, cubierto con salpicaduras de algodón en el pelo y en el uniforme fabril, iban con calma pasando por las calles de la ciudad, dirigiéndose a la parte opuesta de la ubicación de la fábrica textil llamada La Reforma, aunque una buena cantidad de los integrantes del turno había construido sus casas propias en las primeras calles cercanas a la puerta principal de la fábrica, del lado del Barrio de San Juan, cercanos al convento de las Capuchinas, todo ello sucediendo en los recuerdos de los años sesenta.

El edificio llamado ahora en estos tiempos como Carolina y Reforma 1845, es la memoria histórica en sus muros y trazo edificado del comienzo del molino hidráulico en 1631. 

Podemos detenernos en su puerta y mirar sus ventanas del frente y pasar a ver su extensa edificación vista sobre la calzada de los Niños Héroes, sus numerosas ventanas y el paso de la a sequía dandole una circunvalación para salir hacia la ciudad y alimentar al molino llamado del Mayorazgo en estos tiempos.

Estar frente al edificio es ser contemplados por 395 años de producción industrial en el mismo lugar llamado entonces la lomita de Huatzindeo.

Es estar frente al asombro del pasado, sintiendo todas las poblaciones de los diferentes periodos de las épocas pasadas. Imaginar a los indigenas y africanos llegar a trabajar, con sus carretas y con sus mecapales, ahí en ese lugar de la entrada. 

Las carrozas con trigo para ser molino en harina, llegando de lo profundo de las fértiles tierras del Valle de Huatzindeo, viéndolas acercarse por la calle Real con sus choferes mulatos y sus guardias listos para viajar a los lejano del territorio minero de la la Nueva España. 

Estar ahí reposando la mirada en los muros de las trojes, de las naves, de las bodegas donde se almacenaban trigo y harina, se guarecía la rueda del molino recibiendo una descarga en un torrente proveniente de un acueducto cuya construcción calculó ocho metros de caída del chorro del agua. Una fuerza intensa para mover las ruedas del molino y despachar pronto el trigo traído de las estancia como San Juan de Huatzindeo, Santo Tomás Huatzindeo y de la hacienda de la Zanja, cercana a Jaral.

Ahí en la puerta de entrada al antiguo molino hidráulico de pan, está presente la huella de cada época, tanto en los relatos documentales como en el estilo de construcción de la época original del siglo XVII, de adobe ancho.

395 años de quehacer humano en este espacio territorial llamado como la lomita de Huatzindeo, un espacio reconocible desde comienzo de la exploración franciscana en los años de 1535 con fray Juan de San Miguel, custodio del convento de San Francisco de Acámbaro fundado por Vasco de Quiroga hacia 1530.

Los habitantes de la lomita del valle de Huatzindeo fueron llamados San Andrés de Huatzindeo. Estamos ante un espacio con la presencia de la cultura española dando nombres a los espacios. 

Sentir la presencia de la memoria, es importante para comprender el enorme valor para la cultura mexicana construida desde este espacio de vida humana para la supervivencia de la población por cuatro siglos.

El edificio es el comienzo de una época para la región, llegó la expansión de la tecnología del agua empleada para generar energía para el comienzo de la industria alimentaria, para transformar al trigo en harina.

Una industria de la molienda levantada con mano de obra de españoles, indigenas y mulatos. La diversidad fue la clave de la colaboración, con una estratificación social, donde los trabajadores españoles tenían el dominio, con una participación pacífica y sumisa de indígenas y mulatos. Un largo proceso de occidentalización de la región se comenzó a iniciar desde este espacio de la actual ciudad de Salvatierra, Gto.

Así podemos empezar a valorar el momento de gran sentido histórico, cuando las relaciones de producción industrial dieron una vuelta a la forma de propiedad del modo de producción presente en el edificio llamado Carolina y Reforma 1845.

Mis pensamientos en el lugar

Me asombro al pensar, al reconocer el lugar como n espacio valioso de manera unánime para todas las generaciones humanas y sociedades en el tiempo, quienes estuvieron interesados en aprovechar la pequeña energía controlable por los grupos humanos con el conocimiento de la energía para la tecnología del agua y la transformación del trigo en harina.
Pensar en la memoria del espacio, de su vida registrada en fotografías y películas de cine casero. Por qué recrear a los habitantes del lugar, los trabajadores presentes desde su comienzo, -españoles, indígenas y negros-, será para tomar consciencia de nuestro ser, de nuestras raíces como una ciudad auténtica, original. 
La tecnología es impersonal, la ciencia es sin subjetividad, la construcción es funcional. Aquí está nuestro ser comunitario, pero su presencia es mediante la cultura inmaterial, mediante los pensamientos de quienes vivieron detrás de la enorme puerta de entrada. 
Preguntarles, ¿que dio origen la industria de su época dentro de sus sentimientos y desarrollo social y cultural? Nos interesa guardar la memoria individual.
El espacio fue un lugar donde convivieron dos clases sociales, los peones, los trabajadores y trabajadoras con los patrones, los propietarios, los dueños y dueñas.
Dos formas de ser, de vestir, de aprender, de hablar y de conducirse en el lugar, con espacios propios cada clase, cada grupo social.
El origen de cada grupo determinó su lugar en la escala social, los naturales de las Indias Occidentales tenían su lugar de servidumbre, los negros africanos y los mulatos americanos asumían su lugar de ejercicio de la fuerza muscular en las tareas industriales, con una clase europea y americana de descendencia española que tenía las comodidades y disfrute de la riqueza generada gracias a los títulos de propiedad y al conocimiento tecnológico y la ciencia de la física y la hidráulica, en especial. 
Los espacios territoriales tienen cualidades para convertirse en lugares de energía, lugares donde la inteligencia humana comprende el empleo de los conocimientos de la producción de formas de alimento necesarios para toda la población del continente.
Detrás de la puerta de entrada del actual edificio de la fábrica textil de Salvatierra encontramos la concentración de acciones de práctica del conocimiento, de la verdad de la ciencia hidráulica empleada para la economía de la transformación de un producto natural, el trigo, en un producto acondicionado con la molienda de grandes rodillos en polvo adecuado para la elaboración de pan de harina, base de la alimentación para los trabajadores de las minas y sus familias residentes a miles de kilómetros de la lomita de Huatzindeo.
Es el comienzo de creación de una industria propia con los más adelantados avances del conocimiento de la Nueva España, hecha por criollos, por los hijos de los conquistadores y familias emigradas de España en los albores del siglo anterior, llegados al valle de Huatzindeo donde se desplegaba la realización de la utopía de Tomás Moro con las ordenanzas del gobernante y obispo Vasco de Quiroga.
La orografía de las hectáreas de la lomita de Huatzindeo  donde muy bien quedaba la construcción de un molino hidráulico fue comprada por Gabriel López de Peralta al licenciado Rayas, era parte de la Hacienda de la Esperanza.
Con la intención de impulsar una nueva forma de obtener ganancias más rentables con una actividad de transformación, Gabriel López de Peralta gestionó el permiso del virrey para recibir la concesión de usar agua del río Grande que cruza el valle de Huatzindeo.
En la capital de la Nueva España se reunió con la nueva clase educada de criollos egresados de la Real y Pontificia Universidad de México, egresados de la escuela de Minas quienes tenían conocimiento de geografía, construcción de caminos y ruedas hidráulicas para mover con su fuerza los medios de traslado de vagones con material escarbado de rocas.  
Nuevos jóvenes con ideas de grandeza, con el comienzo del sentido propio de hacer en la propia Nueva España los sistemas productivos de una economía con tecnología moderna de la época.
La juventud criolla del siglo XVII iba a emprender con el liderazgo de Gabriel López de Peralta la construcción de una industria de la molienda de harina empleando sus conocimientos adquiridos en la Real y Pontificia Universidad de México.
Empezaron a llegar criollos con conocimientos de topografía para construir acequias para alimentar las tierras de cultivo con agua y aprovechar una caída de agua de un pronunciado desnivel en la lomita de Huatzindeo para un molino hidráulico en la hacienda de La Esperanza.
Gabril López de Peralta hizo llegar a sus conocidos ingenieros de minas de clase criolla, topógrafos, alarifes con conocimientos de sistemas hidráulicos de molinos. Llegaron con herreros, con carpinteros, con albañiles y comenzaron a construir el molino, sus aspas de energía, el acueducto, la zanja para conducir el agua.
Localizaron dos lugares para poner dos molinos, distantes como a dos kilómetros de distancia, uno llamado el molino de las Ardillas y otro el molino de La Esperanza, que era el de una caída del chorro de agua de mayor altura mayor, de ocho metros.
 Se reunió una grupo de criollos educados, estaban cambiando el paisaje de la lomita de Huatzindeo, uniéndose a la nueva industria ya instalada en la parte baja de la lomita, donde ya había un molino propiedad de una rica familia de mineros de San Luis Potosí, de la familia de Pedro Arizmendi Gogorrón, propietaria de las estancias llamadas San José Gogorrón, La Magdalena Gogorrón y Molino de Gogorrón. Entre ambos grupos españoles nació una rivalidad en los futuros proyectos de crecimiento para modernizar el territorio con las nuevas instituciones del virreinato de la Nueva España.
Y llegaron los criollos ha la lomita de Huatzindeo, un grupo de novohispanos nacidos en las Indias Occidentales, de padres españoles americanos y de abuelos de los capitanes y soldados conquistadores, pero con una espíritu de estudio, de conocimiento de la ciencia para mejorar los territorios donde habían nacido a los cuales querían hacerlos poderosos. Criollos educados en el nuevo humanismo de los frailes dominicos, franciscano, agustinos, jesuitas y carmelitas descalzos. 
Ya habían vivido estas tierras el paso de la creación humanista de hospitales para indios de Vasco de Quiroga, con la fundación de tres de ellos, uno en la población de Urireo, otro en San Miguel Eménguaro y uno más en el paraje llamado de San Buenaventura cerca de Santo Tomás de Huatzindeo, propiedad de Juan de Illades.
En la lomita de Huatzindeo, llamada San Andrés de Huatzindeo, empezó a bullir la presencia de grupos educados de criollos, quienes se unieron a los llegados como residentes desde ya antiguas décadas de antigüedad,  que eran las familias Hernández, Rayas e Illades, terratenientes propietarios de estancias agrícolas como los fueron La Esperanza, Santo Tomás, San Buenaventura y la Concepción, todas cercanas a la lomita de San Andrés Huatzindeo.
Entre estos dos grupos había también los oficios de escribanos reales como Agustín Carranza Salcedo, un erudito conocedor de la legislación de la corona española para el reino español del territorio de las Indias Occidentales. 
Españoles americanos educados en las instituciones educativas creadas por los agustinos, franciscanos y la corona española, las mejores mentes de la Nueva España estaban reuniendose en la lomita de Huatzindeo con motivo de la continuar construyendo la industria hidráulica de la molienda, lo más avanzado de la época.
Habia sentido de grandeza entre ellos, ánimo de construir un lugar rico en producción de harina, de granos, de comercio, de viviendas y de gente con deseos de ser políticamente autónoma para gobernarse, sentían el poder de la obra tecnológica que representaba el lugar donde estaba creciendo la instalación de la economía hidráulica mas avanzada de la Diócesis de Michoacán y, también, de la Nueva España.
El proyecto de construir el molino hidráulico de La Esperanza creado por Gabriel López de Peralta empezó a recibir la llegada de la inteligencia criolla, poblando de españoles a la lomita llamada San Andrés de Huatzindeo, lo cual despertó en el escribano Agustín Carranza Salcedo, la intención de volver a pedir la fundación de una población española, villa o ciudad, por lo que dirigió la petición al virrey en 1632. Con el consabido resultado de ser aceptada la solicitud e inscribir a la población como una congregación llamada San Andrés Chochones.
En la década de 1630 el molino hidráulico de La Esperanza atrajo a vivir en sus cercanías a indígenas y mulatos libres para trabajar como cargadores, como choferes de carretas y como escoltas de protección para las caravanas de traslado de la harina hacia la zona minera del norte de la Nueva España, particularmente a San Luis Potosí.
La zona territorial del edifico fabril, vista desde la puerta de entrada, mirando como es su exterior, puerta a donde llega  la larga calle Hidalgo y tiene de vecina, de quien se pueden ver, los torreones del convento de Capuchinas, teniendo como frente a la explanada Amado Nervo, contando, también, con la presencia del espacio físico de un pequelo jardín, a un lado de los altos muros rojos del convento, llamado jardín de las Ciudades Hermanas Irwindale-Salvatierra.
En esta zona se reunieron las fuerzas sociales y económicas más poderosas de la región del valle de Huatzindeo, poblado de estancias y haciendas agrícolas de trigo, maíz y frijol.
Liderados por Gabriel López de Peralta estaban en el lugar construyendo un molino de poderosa fuerza para mover las ruedas de la molienda con energía hidráulica, liberada por una caída de, chorro de agua desde una altura de ocho metros, la cual llegaba hasta el declive apropiado mediante un acueducto de piedra de tezontle pegada con cal viva; estaban reunidos criollos con conocimientos topográficos, de mecánica para la construcción de molinos de hiero y madera, alarifes para la construcción de bodegas, acueductos y acequias agrícolas. además de escribanos para llevar los trámites de gestión con la corona. Unido a ellos se encontraban familias de indígenas otomis, de mulatos provenientes de la misma hacienda de la Esperanza comprada al licenciado Francisco Raya.
Las ventajas económicas de poseer un valle fértil, con abundantes cosechas de trigo, con suficiente mano de obra de trabajo para trasladar los costales de harina a la rica región minera de San Luis Potosí y Zacatecas, hicieron comprender a Gabriel López de Peralta de la ganancia comercial mayor al vender harina, un precio mayor al compararla con la ganancia de vender el trigo sin transformación primaria en harina.
La zona minera del norte de la Nueva España era rica con la producción de plata y oro, era un lugar a donde llegaban misiones comerciales provenientes de monarquías europeas y árabes para comprar los metales a los mineros españoles.
Desde la altura de la lomita de Huatzindeo donde estaba construyendo el molino hidráulico se apreciaba el valle, su colorido amarillo de los cultivos de trigo y maíz, también se veían los espacios sin cultivar de sus propias tierras, a causa de su empeño en conducir la construcción de la acequia y molino. 
Gabriel López de Peralta ya sentía latir las fuerzas de la población de la Nueva España sin depender de la importación de maquinaria y especies europeas. Sentía el nacimiento de la consciencia de la fuerza de su pueblo del territorio de las Indias Occidentales.
Las conversaciones del grupo de criollos, llegados a Huatzindeo para edificar una economía moderna, con tecnología y ciencia física, unida a un mercado mundial del oro y la plata, no podía contentarse con ser una localidad rural aislada del poder de la Corona española, donde los negocios de compra venta de tierras y oficios notariados eran un problema de lentitud por los obstáculos para registrar en la alcaldía mayor de San Francisco de Celaya.
Al año de la llegada de los alarifes y mecánicos hidráulicos, en 1632,  el escribano real Agustín Carranza Salcedo, asiduo lector de las leyes virreinales, desarrollo su intención de promover la fundación de una villa o ciudad española, por ello viajó a la ciudad de México para entregar su oficio notariado de solicitud de fundar la villa de San Andrés Huatzindeo, con la finalidad de recibir los privilegios de ser nombrado gobernante de la villa  y obsequios de concesiones de molinos y mesones que estaría pidiendo, privilegios ofrecidos en la legislación de las "Ordenanzas de descubrimiento, nueva población y pacificación del territorio de las Indias Occidentales", decretadas por Felipe II, el 13 de julio de 1573, en el bosque de Segovia, para quien llevara a cabo descubrimientos y fundaciones de villas y ciudades españolas.
El intento de Carranza Salcedo quedó como siendo la primera solicitud que tenía una respuesta emitida por la Corona española. La petición de Carranza fue una solicitud de fundación de una villa de españoles aprovechando la llegada de mas de diez españoles llegados como constructores de la herida del rio Grande para excavar el canal de Gabriel López de Peralta y armar las ruedas del molino de harina. Su solicitud se sumó a la solicitud pedida por Martín Hernández, el viejo, en 1610, quien años después estaría muy agobiado por grandes deudas con la congregación de las monjas capuchinas de la Ciudad de México, pero la solicitud de Martín Hernandez, el viejo,  no tuvo respuesta de la Corona española; sin embargo la solicitud de Agustín de Carranza Salcedo tuvo la respuesta de serle otorgada a la población de la lomita de Huatzindeo el reconocimiento de la Corona como la Congregación de San Andrés Chochones.