Jubileo de las 40 horas
Invitación a participar del Jubileo de las 40 horas, realizada por Filiberto Álvarez. Jubileo consagrado a la ecología en el Santuario Diocesano de Nuestra Madre Santísima de la Luz.
Posted by Arcadia Salvaterrense on Martes, 1 de septiembre de 2015
Blog editado por Pascual Zárate Avila para apreciar, conservar y difundir la cultura del arraigo salvaterrense.
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miércoles, 2 de septiembre de 2015
Jubileo de las 40 horas por la ecología en Salvatierra, Gto.
El medio ambiente
sábado, 21 de diciembre de 2013
Luis Ferreira Correa un sacerdote de Salvatierra formado en la diáspora del seminario de Morelia
Un sacerdote colaborador en la fundación de la orden religiosa de Los Legionarios de Cristo
Por Pascual Zárate Avila
con datos de Vicente Ruiz Arias
"Historia Civil y Eclesiástica de Salvatierra", 1976
Celebración Eucarística del padre Luis Ferreira Correa
en la Primera Comunión de Pascual y Miguel Zárate Ávila,
en el templo de la Virgen del Carmen en1962.
Corto cinematográfico filmado por Miguel Zárate Sánchez
El señor cura don Luis Ferreira Correa fue nombrado vicario coadjutor en febrero de 1970 por encontrarse delicado de salud el señor cura Ruperto Mendoza. La labor del P. Ferreira desde cuando llegó a Salvatierra fue notable por su iniciativa en la obra material y espiritual de la foranía y parroquia.
Por encontrarse enfermo regresó a su tierra natal y tiempo después con la previa autorización de los médicos que lo atendían pasó a Jalapa, Ver. en donde fue invitado para la fundación de la Congregación de los Legionarios de Cristo, donde establecieron su primer seminario. Esta labor fue fructífera porque lograron en poco tiempo fundar los seminarios en España y en Roma, Italia. Recibió del Vaticano el nombramiento de Vicario General por lo que no tuvo residencia ni reposo al viajar con regularidad en Europa por lo que agravó de su padecimiento y regresó a Pátzcuaro.
Se empeño en reconstruir el convento con la ayuda y participación de los feligreses. Buscó la integración de grupos juveniles, planteando actividades de orden recreativo y cultural.
Nació en la ciudad de Pátzcuaro el 10 de octubre de 1914, en donde cursó sus primeros estudios en el colegio del Sagrado Corazón. Pasó a la Escuela Apostólica de Morelia, Mich., y terminó su preparación en la Escuela Belisario Domínguez para continuar en el Seminario Tridentino. En tiempos del conflicto religioso pasó al Seminario de Moctezuma, Nuevo México, EEUU. donde estudió teología y filosofía y se ordenó el 16 de octubre de 1943.
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| Madrinas del Club de Leones |
Por decreto de la Santa Sede el provincial fray Juan de la Inmaculada Concepción de la Orden de los Carmelitas Descalzos entregó el 10 de junio de 1954 el templo del Carmen de Salvatierra al Arzobispado de Morelia. Como no fue posible cubrir esta capellanía de inmediato por la Mitra, cubrieron esta ausencia los religiosos fray Antonio de la Cruz, fray Basilio y el hermano fray Domingo de San José y fue hasta el 1 de septiembre de 1958 cuando recibió el P. Ferreira el templo del Carmen de Salvatierra.
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| Carlos Nava y Pepe Velarde del equipo del Club de Leones. |
Con la autorización del presidente municipal procedió a la construcción de la capilla del cementerio municipal San Elías.
El 10 de octubre de 1968 celebró sus Bodas de Plata Sacerdotales y el año siguiente entregó el templo del Carmen a los religiosos.
Con lo anterior se llega a la conclusión que los méritos y servicios del P. Ferreira fue la razón para nombrarlo Vicario Coadjutor del señor cura don Ruperto Mendoza, confirmándole tiempo después el nombramiento de párroco.
El 7 de agosto de 1971 tomó posesión del nombramiento de Canónigo Honorario de la Basílica Colegiata de Nuestra Señora de la Salud de Pátzcuaro, patrona de la Arquidiócesis de Morelia, por el señor arzobispo doctor don Manuel Martín del Campo y Padilla.
Con motivo de la celebración de las fiestas del 25 aniversario de la coronación de la Virgen del Rosario, el comité de festejos de las fábricas "Carolina y Reforma, S. A." invitaron al excelentísimo señor cardenal don José Garibi Rivera por lo que el 22 de noviembre de 1970 visitó por segunda ocasión esta ciudad.
Siendo uno de los propósitos del P. Ferreira continuar la labor de sus antecesores y hacer una campaña a nivel nacional para levantar y promover el culto a la Virgen de la Luz, solicitó la ayuda de salvaterrenses radicados en varias poblaciones de la República y en los Estados Unidos. Con este propósito el 10 de agosto de 1971 salió a Indiana, California para terminar una gira de trabajo de 22 días que concluyeron en Chicago, Illinois en donde organizó un comité de Uniones Salvaterrenses quienes le brindaron su colaboración y aprecio durante su estancia. Los planes del P. Ferreira seguramente quedaron en suspenso por el corto periodo que administró el Curato. Renunció en noviembre de 1972 y pasó al templo de la Resurrección en la ciudad de Celaya.
Película de una Misa en el templo de San Francisco con el padre Luis Ferreira oficiando en la misa concelebrada, es el sacerdote de mayor edad.
Película filmada por Miguel Zárate Sánchez aproximadamente en 1963, en el templo de San Francisco en Salvatierra, Gto.
sábado, 30 de agosto de 2008
Bicentenario del Santuario: I de III partes del sermón de José Luz Ojeda a la Virgen de la Luz de Salvatierra.
La Virgen Santísima de la Luz.Su Nombre.
“Narrato nomen tuum fratribus meis; in
medio ecclesiae laudabo te—Anunciaré
tu nombre a mis hermanos: en medio
de la asamblea del pueblo de Dios
cantaré tus alabanzas”
Salmos, XXI, 23.
Sermón de José Luz Ojeda López, Pbro.
Todos los nombres que la Iglesia y la piedad cristiana dan a la Virgen Santísima tienen un singular encanto para nuestro corazón. Por eso los repetimos a menudo en las oraciones que aprendimos desde niños, y muchas veces en la letanía, ese poema que cantamos todos los días en honor de Nuestra Señora, para decirle, con los más bellos nombres de la tierra, nuestra admiración, nuestra alabanza y nuestro gozo. Y es que los nombres de la Madre por excelencia tienen, como el nombre de Jesús, la fragancia de los cielos. “Oleum effusum nomen tuum- dice el Cantar de los Cantares, Tu nombre es como un perfume que se derrama”(I, 2).
Mas, por razón de nuestra indigencia y de nuestra miseria, cuando esos nombres no son únicamente una alabanza –aunque encierren un fondo inagotable de verdad—sino que expresan un título de la Virgen Santísima que nos invita a que pongamos en Ella nuestra confianza, y a que descansemos, sin temores, en su regazo maternal, entonces esos nombres, además de un singular encanto, tienen para nuestros corazones un sabor de consuelo y de esperanza.
Tal es el nombre que hoy venimos a dar a la Virgen María, al saludarla con esta hermosa advocación “Nuestra Señora de la Luz”, o, mejor –como lo ha transformado la devoción de esta ciudad-- “Nuestra Madre Santísima de la Luz”.
Madre de la Luz... ¡Qué dulce nombre! Lo aprendimos, pequeños aún, de los labios de nuestras madres, y lo pronunciamos al instante “como la primera expresión de nuestro primer pensamiento”; lo escuchamos después en todos los labios, porque en esta tierra todos los labios y todas las cosas lo repiten; lo escribirán más tarde en nuestro corazón cada cada una de nuestras alegrías y cada uno de nuestros dolores; fue creciendo en nosotros a medida que crecíamos, y hoy lo llevamos de tal manera en el fondo de nuestra alma, que forma parte de nuestro ser: de nuestro ser social, porque es la suma y el compendio de nuestras tradiciones; de nuestro ser individual, porque es nuestra alegría, nuestra fuerza y la primera razón de nuestra esperanza...
Madre de la Luz... Pero ¿qué significa este nombre tan dulce y a la vez tan misterioso?
Yo quisiera explicarlo, amados hermanos a la luz de la Santa Escritura, en esta solemnidad, para que, conociendo mejor los tesoros que en él se encierran, la améis todavía más, y se lo digáis a la Virgen Santísima con la confianza y con toda la ternura de nuestros corazones.
Virgen Santísima: Si siempre es dulce para un corazón sacerdotal hablar de tu nombre; ¡qué dulzura será para el mío hablar de la gloria de tu nombre de la Luz, en este lugar, y ante esa imagen tuya, desde la cual eres la luz para nuestros ojos y luz para nuestras almas! Dame tu santa gracia, para que pueda anunciar tu nombre a mis hermanos, y alabarte dignamente. “Dignare me, laudare te, Virgo Sacrata”.
*
* *
En el lenguaje de la Santa Escritura, la luz es, por excelencia, la imagen de Dios, quizá porque entre las cosas materiales ninguna nos habla mejor, aunque de manera imperfecta y lejana del ser purísimo por esencia. La luz es imagen de Dios, porque Dios es la luz substancial y el origen y la fuente de toda luz.
Por eso en el Nuevo Testamento –que es la revelación de Dios hecha por el Salvador, la revelación admirable que el apóstol san Juan parece compendiar en estas palabras: “Lo que oímos de Jesucristo eso os anunciamos: que Dios es la luz, y en El no hay tinieblas”(1° San Juan, I,5)—en el Nuevo Testamento, todo lo grande y excelso es luminosos, y resplandece ante los ojos de los hombres en la luz de Dios.
Por tres veces, sin embargo, se emplea en la Nueva Ley, de una manera especialísima, esta imagen espléndida de la luz.
I
En primer lugar, para designar a Jesucristo Nuestro Señor.
Jesucristo es la luz, porque es el Hijo de Dios, y, siendo su hijo unigénito, es el esplendor de su belleza y, por decirlo así, su rostro adorable: es Aquel por quien el Padre declara todo lo que es, expresa todo lo que piensa, da a conocer todo lo que ama; es la manifestación infinita de una perfección que no tiene límites ni riberas, la dilatación eterna de una vida sin principio, es el esplendor substancial de una luz sin sombras, la comunicación viviente de un amor sin medida. Es lo que nos da a entender las Sagradas Escrituras cuando le llaman “imago Dei invisibilis –la imagen de Dios invisible”(Colosenses, I, 15), “speculum sine macula Dei maiestatis –espejo inmaculado de su majestad”(Sabiduría, VII, 26), “splendor gloriae et figura substantiae ojus –el esplendor de su gloria y la figura de su substancia”(Hebreos, I, 3).
Antes de que viniera al mundo, y antes de que existieran todas las cosas, ya era la luz: “En el principio era el verbo... En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”(San Juan, I, 1, 4); apenas aparecido en la Tierra, el anciano Simeón lo saluda como la luz: “lumen ad revelationem gentium --luz para iluminar las tinieblas de los gentiles”(San Lucas II, 32), y cuando, terminada la vida oculta, principia su ministerio apostólico, El se proclama a si mismo como la luz: “Yo soy la luz del mundo”(San Juan, VIII,12).
Si, Jesucristo Nuestro Señor es la luz: en sí mismo, porque es “el candor de luz eterna”(Sabiduría,VIII, 26); en sus palabras, porque iluminan las inteligencias y escrutan hasta lo más profundo de los corazones; en las obras de su vida, porque todas resplandencen, como la luz, a las miradas de Dios y de los hombres; en su muerte, porque con ella nos arrancó del poder de las tinieblas, en sus sacramentos –que son los siete ríos que de su costado abierto descienden hasta nosotros—porque nos dan ese ser dicino que llama la gracia, que nos reviste de “las armas de la luz”(Romanos, XIII, 12) y nos da derecho a la luz inextinguible.
Ahora bien, si Jesucristo es la luz, este dulce nombre “Madre de la Luz” quiere decir, ante todo, Madre de Jesucristo. ¡Alegrémonos! Porque, al darle este nombre a Nuestra Señora, le decimos su título por excelencia, y la razón de su grandeza y de su gloria.
El Evangelio –de ordinario tan sobrio cuando habla de María –dice de Ella, sin embargo, estas palabras: “María de qua natus est Jesus qui vocatur Chistus” –María de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo” (San Mateo, I, 16). Y estas palabras, por expresar lo que expresan, y proceder del foco de donde proceden, no pueden ser nunca superadas. “Ni la Iglesia católica con todos sus homenajes, con todos sus templos, con todos sus altares, con todas sus estatuas, con todo su incienso, con todos sus panegíricos, con todas sus fiestas, con todos sus cánticos, con todas sus flores, con todas su cofradías, con todo su respeto, con toda su confianza, su veneración y amor, ha colocado tan alto a la Virgen Santísima como el Evangelio, con estas palabras tan breves, pero ten henchidas y tan elocuentes: María, de qua natura est Jesus, qui vocatur Christus –María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo”(P. Monsabré, 30° Conf. de Notre Dame).
Pues lo mismo hace el más humilde de los cristianos que, desde el fondo de su pequeñez, saluda a la Santísima Virgen con este nombre dulcísimo
“Madre de la Luz”, porque con él le dice “Madre de Jesucristo”, que “es la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo”(San Juan, I, 9); con él le dice el mayor de todos los elogios, la más pura de todas las alabanzas y la más honda de todas las plegarias.
(Tomado del apunte manuscrito de los sermones del padre José Luz Ojeda, propiedad de Maria Elena Calderón)
miércoles, 27 de agosto de 2008
La vocación humanista de Salvatierra en su fundación.
San Andrés
por Pascual Zárate Avila
De san Andrés no se tiene ubicado con exactitud el año de su nacimiento, pero se sabe que nació en Betsaida, y que falleció en Roma, Italia, en el año 60 d.c.
La cruz en X: símbolo de la ciudad por el martirio de san Andrés, patrono desde cuando era una congregación llamada San Andrés de los Chochones.
La cruz en X: símbolo de la ciudad por el martirio de san Andrés, patrono desde cuando era una congregación llamada San Andrés de los Chochones.
En la parte superior del retablo mayor del Santuario de Nuestra Madre Santísima de la Luz se encuentra la escultura del apóstol san Andrés, patrono de la ciudad de Salvatierra. La escultura narra la actitud de san Andrés llevando en el hombro derecho la cruz en la que murió en una posición que se figuraba haciendo una X con los dos maderos.
San Andrés es reconocido como el primer discípulo de Jesús, que junto con san Juan el Evangelista eran seguidores de San Juan el Bautista, y estaban con él cuando exclamó, el día que Jesús fue con él para que lo bautizara antes de ayunar cuarenta días, ¡He aquí al cordero del Señor, que ha venido a perdonar los pecados del mundo! Expresión que entendieron san Andrés y san Juan, por lo que lo siguieron. Jesús sintió su presencia y les preguntó “¿Qué quieren?”, a lo que contestaron, “Señor ¿Dónde vives?”, y él los condujo a su morada.
San Andrés, también, llevó a su hermano Simón a que conociera a Jesús, quién lo bautizó con el nombre de Pedro, con conoció todo el ciclo de la vida pública de Jesús. Estuvo presente en las bodas de Caná, en la multiplicación de los panes, en la caminata de Jesús sobre el agua, en la última cena, en la crucifixión, en la resurrección y en la manifestación del Espíritu Santo con las lenguas de fuego sobre las cabezas de los discípulos en el primer Pentecostés. Murió martirizado en la cruz el 30 de noviembre del año 60 de la era cristiana.
El sentido cultural del nombre de San Andrés para la Ciudad.
El sentido cultural del nombre de San Andrés para la Ciudad.
Con el nombre se San Andrés Chochones se conoce la primera congregación que se asentó en la parte norte del Valle de Guatzindeo, del otro lado del río Grande, frente al Hospitalillo fundado desde mediados del siglo XVI, 1564, por los franciscano en la Hacienda de San Buenaventura, siguiendo las ordenanzas de don Vasco de Quiroga.
La Congregación de San Andrés Chochones estuvo habitada desde 1580 por unas pocas familias españolas y por indígenas traídos de Oaxaca, llamados Chochones, y fue el lugar elegido para que se concentrara la población que se resistió ser trasladada a Yurira, después de sobrevivir a la gran mortandad de finales del siglo XVI que asoló el valle. Los franciscanos decidieron fundar para las familias de la congregación, un nuevo templo para la doctrina con el nombre de San Andrés Guatzindeo, el cual estuvo terminado hacia 1619.
Después de la gran mortandad se dio un segundo proceso de repoblamiento de españoles que llegaron a colonizar el Valle de Guantzindeo. Este contingente tenía grandes aspiraciones de construcción, tenía el ideal de fundar una ciudad, la cuál empezaron a tramitar en 1608. Para ellos, las ciudades eran una ordenanza del Rey con la que se facilitaba realizar el control administrativo de las regiones americanas con pocos hombres, pero también las entendían como la máxima conquista de la civilización en la forma de la polís griega y el cabildo romanao y que serían para la educación del hombre nuevo que surgiría de las enseñanzas de la palabra de Cristo en el Nuevo Mundo "Vengan y lo verán". Los colonizadores del Valle de Guatzindeo ya no emplearon el nombre del apóstol Santiago para llamar a sus asentamientos, pues el nombre de Santiago refería a victorias armadas en la lucha contra los indígenas.
Los españoles del repoblamiento de 1600 quisieron formar una nueva sociedad que estuviera basada en la concepción de los evangelios defendida por la Iglesia Católica, de ahí los nombres de los apóstoles en todo el Valle de Guatzindeo, y la gestión de conseguir el permiso para fundar una ciudad con el nombre de San Andrés de Salvatierra, con la que querían conseguir que le diera honor y honra a la Corona Española.
Durante su periodo como gobernante, el virrey García Sarmiento de Sotomayor, conde de Salvatierra, puso especial interés en fundar villas y ciudades en la parte central de la Nueva España, siendo la ciudad de Salvatierra, Gto., de entre ellas, la que tiene el máximo desarrollo hasta nuestros días.
(Página tomada del libro "Santuario de Nuestra Madre Santísima de la Luz" escrito por Pascual Zárate Avila)
miércoles, 6 de agosto de 2008
El primer paso, la fe; en la ciencia de la cruz.
En el costado derecho, en el retablo mayor del Santuario de Nuestra Madre Santísima de la Luz, la Virgen María se encuentra representada en el momento de mayor misterio para la teología católica, la Encarnación de Jesús. Hay dos elementos importantes que están indicados en la pintura mural, que son de gran trascendencia para la forma como se comprende el misterio de la Anunciación, en la asamblea católica de Salvatierra, Gto. Un elemento, claramente dibujado, es el lugar donde ocurre la Anunciación del Señor, que es la vivienda de una familia humilde en lo social y en lo económico. María, es una muchacha común en lo político, no es hija de príncipes, ni dignatarios judíos. María, representa la esperanza de la humanidad, que esta centrada en la persona humana como tal, en sus cualidades espirituales e intenciones, de aspirar a la perfección de vida. Este primer elemento definirá la preferencia por lo pobres como una cualidad de la religión cristiana.
El segundo elemento, que tiene una importancia capital, es el trato de persona libre, independiente y autónoma, que le da el Señor a María. Le pide su consentimiento, la interroga por su voluntad sobre su propuesta de hacer de ella Madre de su Hijo. Esta relación de interrogación, nos indica el lugar de igualdad, que en su origen, se le da a la mujer como parte del hombre nuevo, el que ya tiene la posibilidad de salvarse. Dios la interroga, le pide su consentimiento, y espera que ella conteste, asumiendo la responsabilidad, de que su respuesta tiene eternas consecuencias para la vida de la humanidad, tanto por la respuesta positiva, como por si hubiera sido negativa. Ante Dios, ella, la pretendida como mujer Madre de su hijo, es una persona libre, plena del derecho de decir no. Aquí se encuentra el sentido del derecho de elección, propia de la dignidad de la persona. La persona requiere hacer las cosas comprendiéndolas y, María, le pregunta al arcángel Gabriel: ¿y cómo se hará, pues no conozco varón?, la respuesta que recibe, le es suficiente, la cual, es muestra de amistad a la mujer por Dios. A María, se le dice, que el Espíritu Santo vendrá a ella y el Señor la cubrirá con su sombra. La Encarnación sucede, simultáneamente, a la expresión de consentimiento de la Virgen María.
En la pintura mural está representado el momento, en el que el Espíritu Santo, una paloma blanca volando verticalmente sobre la cabeza del retrato de María, y desprendiendo un haz de luz en su nuca, lleva a cabo la Encarnación de Jesús. En la parte donde se dibujó el techo de la humilde vivienda, esta pintado un hombre sentado, entre nubes, con una túnica roja, con cabello y barba abundantemente blanca, que podemos comprender como símbolo de la sabiduría. La figura representa al Señor, teniendo un mundo rematado por la Cruz, que prefigura la misión mística que deberá obedecer su hijo Jesús, hecho hombre. El arcángel Gabriel, es una persona con vestido blanco que lleva abundante cabellera rizada, y un bastón enflorecido con pétalos blancos en la mano derecha, señal de pureza para que María elija a José, como su esposo.
Una de las partes interesantes de la pintura, es que la Virgen María se encuentra de rodillas, tiene un leve gesto de sorpresa, y su mirada de interrogación, hace notar que siente la presencia del Espíritu Santo en ella, es decir, ella percibe, en su cuerpo, el inicio de la gestación de Jesús. Sus párpados se abren de manera amplia, descubriendo unos ojos con enormes pupilas de color café. Las mejillas inflamadas dan la sensación de estar atónita, sin perder la modestia al recibir la mayor de las gracias, que en la hiistoria de la salvación le fuera propuesto a mujer alguna: ¡Ser Madre de la Cruz!
Una de las partes interesantes de la pintura, es que la Virgen María se encuentra de rodillas, tiene un leve gesto de sorpresa, y su mirada de interrogación, hace notar que siente la presencia del Espíritu Santo en ella, es decir, ella percibe, en su cuerpo, el inicio de la gestación de Jesús. Sus párpados se abren de manera amplia, descubriendo unos ojos con enormes pupilas de color café. Las mejillas inflamadas dan la sensación de estar atónita, sin perder la modestia al recibir la mayor de las gracias, que en la hiistoria de la salvación le fuera propuesto a mujer alguna: ¡Ser Madre de la Cruz!
Con esta pintura mural, se inicia el despliegue de los símbolos explicativos de la ciencia de la cruz, que en la primera etapa, comienza con la fe de María en Dios; en la segunda etapa, narra la pasión de Cristo y de María, en el Vía Crucis y el Monte Calvario; en la tercera etapa, concluye, mediante otro mural en el costado derecho, con la victoria, en el juicio, de la Virgen María.
Hay que hacer notar que el apostolado de la enseñanza del Evangelio en América recayó, exclusivamente, sobre frailes varones. El empleo pedagógico de la imagen de la mujer se debió a que, entre los indígenas, la mujer era muy respetada por su autoridad moral.
Por otra parte, el Concilio de Trento, dictaminó la glorificación de María en el catecismo, el Concilio mexicano, asumió ese mandato y, en Salvatierra, la Orden de los Carmelitas Descalzos influyó, con su prédica mariana, para que, --cuando la estatuilla de maíz fue reencontrada, en el cuarto de tiliches de la hacienda de San Buenaventura--, al capitan Tamayo y al Fraile franciscano, que la hallaron en 1664, sintieran que estaban ante un deslumbramiento de intensa luz, ante una imagen que, verdaderamente, había sido la causa de misteriosas luces la noche anterior, presintiendo, con ello, el lugar central que habría de tener, en la evangelización de los indígenas del Valle de Guatzindeo, dando auxilio a las ordenes religiosas: a las agustinas, franciscanas, carmelitas, capuchinas y diocesanas, en el deber real, de la noble y leal ciudad de San Andrés de Salvatierra, de catequizar a la población nativa.
(Pintura de Pedro Cruz, fragmento del libro "Santuario de Nuestra Madre Santísima de la Luz", de Pascual Zárate Avila)
Juicio perfecto para la misión de la Virgen de la Luz, significado de la pintura mural del presbiterio del santuario de Salvatierra, Gto.
El triunfo de la Virgen María
por Pascual Zárate Avila
En el costado izquierdo del altar mayor, está la pintura mural, con la que se representa el momento glorioso de la Virgen María, y de toda la causa de la Redención. En el cielo, lugar donde se le representará siempre a la Virgen María, se encuentra acompañada con los retratos del Espíritu Santo, representado por una paloma blanca; del Señor, con una túnica de oro, de blanca cabellera y abundante barba; así como, la persona apacible de Jesús, quienes, entre todos, sostienen una corona, que esta a punto de ser colocada en la cabeza de la Virgen.
En la escena, vemos que la Virgen María tiene en sus pies, tres rosas, que se deslizan hacia abajo; una de ellas, esta casi de caída de las nubes. Las rosas son el símbolo de amor y de conocimiento, que en la Virgen María esta dirigido a la pasión de Cristo. La roja, simboliza el amor a la cruz y, las blancas, a la pureza y a Dios. Estas rosas aparecen como expresión de la unión mística con Dios e, indican, que María intercede para ser la mediación del pueblo católico con Dios, buscando lograr la unión eterna, mediante la transfiguración del alma al fundirse con Dios.
El amor y el conocimiento místico, simbolizados por las rosas, son gracias que ella lleva a cabo, departiendo entre sus hijos, para su beneficio espiritual, resaltando el saber espiritual que ella tuvo para formar a Cristo, como hombre perfecto. Tiene posada su mirada, tiernamente, sobre la ciudad de Salvatierra, con un gesto de ofrecimiento amoroso, de intercesión para con todos los habitantes. En relación de la proximidad a la ciudad de la Virgen María, en el retrato, y que las nubes tengan una abertura, significa que ella es la puerta del cielo, quien lo abrió con su asentimiento a la propuesta de Dios, de ser la Madre de Jesús.
Salvatierra, esta dibujada como un paisaje amplio con el templo del santuario, que ya luce sus dos torres neoclásicas, un caserío abundante y, en el horizonte, se haya el cerro del Culiacán, con un azul intenso. El significado que interpretamos es la aspiración del salvaterrense, que quiere alzarse como las dos torres del santuario, que tocan la frente del gigante del Culiacán, para besar el cielo, con la protección y guía de la Virgen de la Luz.
Este cuadro es la representación de la Asunción de María al cielo, y es una figuración de la realización de la utopía católica. Es el lugar que se le da a la Virgen María, su existencia en el cielo, como siendo la que conduce a las almas, por el camino a Dios. Salvatierra, es señalada como población protegida con su manto.
Se cumple la utopía, en el sentido de que ella resucitó a la vida, y se unió a Dios, antes del juicio final, pues, permaneció sin pecado original, permanentemente virgen, pura e inmaculada. Ella es la esperanza, ella es el ejemplo de lo prometido por Dios, murió y vivió conforme a lo prometido a sus hijos en la Tierra. Que es ir al cielo, como premio a la vida siguiendo su palabra y, recibiendo la gracia de Jesús, para orientar la vida hacia la salvación del alma. Por ello, la Virgen María se eleva al cielo y está cerca de Dios, siente a Dios en su Trinidad, es hija de Dios Padre, madre de Dios Hijo y esposa de Dios Espíritu Santo. Este privilegio le otorga un papel decisivo, en la historia de la salvación de la humanidad. Ella se une a Jesús, en su misión salvífica y es, también, estrella que irradia luz en forma de gracia de conocimiento, que orienta hacia el amor de Dios, y hacia la salvación del alma, por ello ella es llamada con advocaciones, como: auxiliadora, misericordiosa, porque es colaboradora en la tarea de salvar a los hijos de Dios, y en darles la esperanza de su vida eterna.
El rostro de la Virgen María en la pintura, es un rostro de completa santidad, de satisfacción plena por su realización espiritual. Este logro humano es, entonces, dado a la mujer, ella es la primera en santidad, después de Dios. La mujer, que sigue a la Virgen María, es considerada como una persona que triunfa mediante las virtudes morales, propias de la vida de la Virgen María: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Los méritos, de la vida de la Virgen María, están sintetizados en la recta intención de todas sus actuaciones. Esto es gozosamente comprendido en la cultura de los salvaterrenses, que la aprecian con profundo respeto, y lo manifiestan con la veneración de la Virgen María en sus diferentes advocaciones: del Rosario, del Carmen, de Los Dolores, de la Infantita, de Fátima y de la Luz; siendo la advocación de la Luz, considerada, como la reina de todas las advocaciones.
Así, Salvatierra, se señala como población protegida con su manto, y la corona es premio a su triunfo en la evangelización y amor a la Cruz, que vive la ciudad.
(Pintura de Pedro Cruz, realizada por encargo del cura Ruperto Mendoza. Fragmento del libro "Santuario de Nuestra Madre Santísima de la Luz", de Pascual Zárate Avila)
domingo, 3 de agosto de 2008
Ana María de López Tena, una poeta en el jardín.

El agua es un elemento asociado a lo femenino. El agua nos lleva a la hermosura de la mujer. El agua tibia, el agua clara, al agua refrescante son placeres que el hombre, asocia a las caricias femeninas. El agua es voz de mujer, cascada de habla femenina. Ana María se siente bella, se siente habitar el agua, siente ser mujer de lluvia, de dolor, de llanto. En ella, el agua simboliza la reproducción, la procreación y, se siente con el deber de engendrar vida, en tanto, que es mujer. Y así, nos habla de ese poder del agua en la tierra, y de sus lágrimas en las palabras. La lluvia en el patio son perlas, que identifica con las palabras, y esas perlas del patio, reflejan su casa y su cara, así como las palabras reflejan su alma.La noche lloró:
me lo ha contado hoy el alba.
y las cuencas de la tierra
están temblando de lágrimas.
están temblando de lágrimas.
Noche clara o noche oscura. ,
noche de estrellas prendada. ,
¡la noche siempre conmigo!.
Ella y yo somos hermanas.
ella del llanto fecundo
y yo, de la estéril lágrima.
De perlas multicolores
la tierra está derramada. ,
y en rotos espejos múltiples
puedo contemplar mi cara.
la tierra está derramada. ,
y en rotos espejos múltiples
puedo contemplar mi cara.
¡Ay, que la noche lloró
sin que yo la acompañara!.
Para Ana María, la ciudad se representa con los lugares sagrados, los conventos, donde la voz se oye fuerte, como en un diapasón. Para ella, la plaza cívica, el jardín principal, retrata su vocación. Lo civil, lo universal del hombre, es su esencia como poeta. La inspiran la asamblea que constituye al jardín de Salvatierra, un espacio abierto siempre para todos. Así, su decir, su hablar, su voz con sonido de las letanías conventuales, esa voz que es, también, replica de la fuente que está en los corredores: Con su poesía, ella ilumina las cosas cotidianas con la luz de un farol, al nombrar el sentido de su vida. Y el río tiene su voz, tiene su vida, y dice de ella muchas cosas. Para Ana María, en su poesía esta la voz, el canto del río, como si, la corriente de agua declamara sus versos. El río es lo bello, es la perfección del sonido, así suena su poesía. Ella es una rosa con roció, es decir, una poeta con metáforas cubierta. El rocío, es una minúscula gota de lluvia que, para Ana María, son palabras musicales, que reflejan, contienen, como espejo, los temas de su pensamiento.
Yo vivo del ritmo en pos. ,
ritmo grave y señorial.
Por eso tiene mi voz
cierto sabor conventual. ,
impregnada del ambiente. ,
de la hondura de la fuente
y del farol colonial.
Cante o llore, es natural.
canto con la voz del río
de acento sentimental.
sin que yo la acompañara!.
Para Ana María, la ciudad se representa con los lugares sagrados, los conventos, donde la voz se oye fuerte, como en un diapasón. Para ella, la plaza cívica, el jardín principal, retrata su vocación. Lo civil, lo universal del hombre, es su esencia como poeta. La inspiran la asamblea que constituye al jardín de Salvatierra, un espacio abierto siempre para todos. Así, su decir, su hablar, su voz con sonido de las letanías conventuales, esa voz que es, también, replica de la fuente que está en los corredores: Con su poesía, ella ilumina las cosas cotidianas con la luz de un farol, al nombrar el sentido de su vida. Y el río tiene su voz, tiene su vida, y dice de ella muchas cosas. Para Ana María, en su poesía esta la voz, el canto del río, como si, la corriente de agua declamara sus versos. El río es lo bello, es la perfección del sonido, así suena su poesía. Ella es una rosa con roció, es decir, una poeta con metáforas cubierta. El rocío, es una minúscula gota de lluvia que, para Ana María, son palabras musicales, que reflejan, contienen, como espejo, los temas de su pensamiento.
Yo vivo del ritmo en pos. ,
ritmo grave y señorial.
Por eso tiene mi voz
cierto sabor conventual. ,
impregnada del ambiente. ,
de la hondura de la fuente
y del farol colonial.
Cante o llore, es natural.
canto con la voz del río
de acento sentimental.
Lloro en el sauce sombrío
y, si me muestro orgullosa. ,
me lo contagió la rosa
que se adorna con rocío.
me lo contagió la rosa
que se adorna con rocío.
Canto secular a Salvatierra por José Luz Ojeda López,
la queja de tus aguas rumorosas...
J. Luz Ojeda
Paisaje de la rivera del río Lerma cuando pasa por el puente de Batanes
Este poema obtuvo el primer lugar, en el certamen de los juegos florales, del Tercer Centenario, de la fundación de la noble y leal ciudad de San Andrés de Salvatierra, otorgáronle de premio una medalla donada por el Senado de la República, cien pesos y un diploma del comité de festejos. Fueron jurados: el poeta Enrique González Martínez, y el filósofo Jesús Guisa y Azevedo.
Salvatierra: En esta hora suprema,
en que llevas tres siglos en la frente inviolada,
yo deshojo, a tus pies, un poema
en el que va tu nombre, como una llamarada.
Tu nombre, que aprendí cuando era niño,
sin saber de tu gloria,
y que hoy te dice el alma, vibrante de cariño,
al cantar el poema de tu Historia.
Dame, para decirlo, tus voces más hermosas:
la risa de cristal de tus mañanas,
la queja de tus aguas rumorosas
la oración inmensa que saben tus campanas.
Que sea mi poesía
nota de tu armonía,
rumor de tus rumores
y gota de una onda del gozo de este día...
¡tierra de mis amores,
vaso de mis ternuras, ciudad mía!
°
° °
Un valle de dulzura regalada. ,
cruzado por un río, vibrante de rumores. ,
que se destrenza en múltiples cascadas. ,
donde canta la luz, hecha colores.
Una mágica cinta de sabinos. ,
--toldería magnífica y umbrosa. ,
que traspasan las aves con su aljaba de trinos. ,
y el viento, con su queja misteriosa--.
Y, en el confín austero. ,
una cumbre soberbia, que semeja un coloso
que dibuja la audacia de su perfil señero. ,
en el azul del valle luminoso.
Bravas tribus errantes se rinden al deseo
de habitar aquel plácido paraje. ,
al que, en su duro y áspero lenguaje. ,
dan el nombre jovial de "Guatzindeo".
Pero una de sus claras madrugadas
irrumpe en el valle de ensueño y maravilla. ,
recias huestes armadas, que llevan en los cascos y celadas. ,
el polvo de la tierra de Castilla.
Vibra el aire en clamores. ,
se nubla el Sol de dardos espartanos,
y, tras el duro choque, se elevan vencedores
los brazos castellanos.
Detrás de la armadura del guerrero. ,
viene la paz, y viene la dulzura. ,
en el tosco sayal del misionero.
Ya no silban las flechas en la llanura. ,
los ídolos se ruedan en pedazos. ,
y la Cruz se levanta entre los muertos. ,
la frente, hundida en el azul, los brazos. ,
inmensamente abiertos...
A su sombra florece la primera capilla. ,
que construyen las manos ya cristianas. ,
y que pronto es como una primavera
de evangélicas rosas franciscanas.
°
Han pasado los años. Una noche escogida. ,
dos hombres, --un hidalgo y un pobre religioso. ,--
contemplan, con asombro, la capilla encendida. ,
bajo el cielo silente y luminoso.
No sueñan: ¡la capilla resplandece!
Corren, entran en ella. ,
pero todo fulgor se desvanece:
sólo, entre unos escombros, aparece
la dulce imagen de una Virgen bella.
Es, en verdad, radiante su hermosura.
En su rostro suave
hay manojos de rosas de divina frescura. ,
en su mirada, un rayo de ternura. ,
que a vida eterna sabe. ,
en su actitud, un inefable encanto. ,
y, en las alas del manto. ,
toda la anchura de su amor profundo. ,
no sólo para un pueblo: ¡para un mundo!
¿Quién te trajo a mi valle milagroso?.
¿Cómo estás olvidada. ,
si tienes en el rostro esplendoroso. ,
el incendio del Sol, en la alborada?.
¡Tú serás Luz: que tiene la del día!.
¡Tú serás Reina de la tierra mía...!
Una ciudad se funda. ,
que será el corazón de aquella tierra
que el río, con sus dádivas, fecunda.
Se funda una ciudad: ¡es Salvatierra!.
Un puente las dos márgenes abraza. ,
y, después de algún tiempo, sobre alfombras de flores. ,
¡por él la Virgen pasa. ,
camino a la ciudad de sus amores. ,
para darle su amparo. ,
para darle una gloria. ,
una esperanza, un faro. ,
un amor, una vida y una Historia...!
°
Un templo se levanta, como un inmenso anhelo.
¡Ella está en Salvatierra, y en Salvatierra, el cielo!.
Ante su altar se postran los prelados. ,
alguaciles mayores. ,
alcaldes, regidores. ,
y jueces, y justicias y soldados.
Y de las manos bellas. ,
de las manos abiertas y amorosas. ,
descienden los milagros, como lluvia de rosas
y rosarios de estrellas.
Iturbide, el caudillo. ,
se postra ante la Imagen soberana. ,
y le deja, al partir, un nuevo brillo:
¡el brillo de su regio bastón de Capitana!.
Ya corren confundidas. ,
en una sola historia, dos historias:
palmas entretejidas. ,
que confunden sus ramos y sus glorias.
Buscando en mis recuerdos, desde niño. ,
yo no sé de otra cosa en Salvatierra
que de estos dos cariños, que forman el cariño
y el amor de los hijos de esta tierra.
¿Qué lazo inmaterial los ha reunido
en un solo tesoro?.
¿Qué abrazadera de oro
en un haz apretado, los ha unido?.
Es la mano divina
del Amor. Él, que no hace un caserío. ,
ni eleva una colina. ,
ni arroja por un cauce la canción de algún río. ,
sin encenderlo todo a su deseo
--y su deseo es cause de ternura--. ,
¡hizo el valle de luz de Guatzindeo,
para la Luz inmaculada y pura!.
Pero hizo todavía
otra cosa más bella:
¡hizo la Luz divina de María. ,
para encender una vida con Ella!.
Por esa Luz, que envía sus fulgores
a regiones lejanas. ,
--un mensaje de luz, en los clamores
de plata y de cristal de sus campanas. --
¡por Ella se difunden los acentos
y el rumor de esta tierra. ,
y, con su dulce nombre, va en los vientos
el nombre musical de Salvatierra...!
Así van hasta Roma, en un día de oro. ,
y retornan unidos, --como nunca en su historia--. ,
en la Bula inmortal, que es su tesoro. ,
su grandeza y su gloria.
Jamás ha conocido Guatzindeo
otra fecha más pura, y otro Sol más radiante.
¡Aun parece que veo. ,
y que vivo en el alma el dulce instante!.
¡No sueño! ¡Salvatierra se alza en pie, reverente. ,
levanta las dos manos María. ,
y todos sus tesoros se vuelven pedrería. ,
sobre la albura intacta de su frente!.
¡Que cante el bronce, con su voz más pura!.
¡Que se rompan los pechos, que el corazón estalle. ,
y que ruede esta voz por la llanura!.
¡la dulce Virgencita ya es Reina de mi Valle!
°
° °
Salvatierra: Este día, de tierras muy lejanas
has llamado a tus hijos, con el sonoro acento
del rumor de tu Lerma y el son de tus campanas. ,
que vibran, como un cántico en el viento.
Y, escuchando tu voz, hemos venido
a tu valle de ensueño y a tu sombra divina. ,
como vuelve, en las tardes, a su nido. ,
cantando, la viajera golondrina.
Para ver en tu frente
el Sol de los tres siglos de tu Historia. ,
¡y reclinarnos en tu pecho ardiente!. ,
¡en tu pecho de madre! y, dulcemente. ,
sentirnos tuyos... y sentir tu gloria!. ,
¡Que vivas muchos años...!. Mas, si un día
talaran tus hortales. ,
y tu divina sabinera umbría. ,
si cayeran tus casas coloniales. ,
si las aguas del Lerma no cantaran
en su cauce riente. ,
y, ya sin su canción, se derrumbaran
los arcos centenarios de tu puente...
¡que en esa hora trágica y cerrada. ,
--que no habrá de sonar para tu Historia--. ,
vibre en tu corazón la llamarada. ,
que es tu Sol, y tu lábaro y tu gloria...!
Salvatierra, a 9 de febrero de 1944.
sábado, 2 de agosto de 2008
Canto secular a Salvatierra por Federico Escobedo,
Por encima de la guerra. ,
hoy, hijos de Salvatierra. ,
de la paz la insignia alzad!...
y a Jesús, que os ha salvado. ,
y vuestra urbe edificado. ,
grande gloria tributad!...
Sin rencor ni malos modos. ,
acudid alegres todos. ,
porque así podáis loar
con dulcísimos cantares
vuestras fiestas seculares. ,
que hará el Lerma resonar.
Cual si hubiese esto previsto. ,
clama el río: por ti, ¡oh Cristo!. ,
ha tres siglos, sin afán. ,
Salvatierra, en planta amena. ,
ya de vida se ve llena. ,
tiene casa, veste y pan.
No con esto satisfecho. ,
amoroso abres tu pecho. ,
del que dejas escapar
hacia nos, los delincuentes. ,
las de vida eterna fuentes
que nos brinda el sacro altar!...
Por tal don extraordinario. ,
buen Jesús, hecha incensario. ,
Salvatierra te da olor. ,
y honra da a tu sacramento. ,
y del templo el pavimento
baña en lágrimas de amor.
Más con nuevo don excedes
a las ya dadas mercedes. ,
de los cielos al sacar. ,
por nosotros, a la pía. ,
dulce Virgen, a María. ,
de la Cruz Madre sin par!...
Por tal don asaz dotada
nuestra tierra, ya salvada
bate palmas con placer. ,
y la frente alza triunfante. ,
para así la del gigante. ,
Culiacán tocar poder!...
Por ti, crucificado. ,
tiene a Andrés, que es del poblado
el patrono primordial. ,
y de trigo ribera fuente. ,
y el del Lerma añoso puente. ,
que es de aquél pétreo sitial.
Por todo esto conmovida
la ciudad, con fe, rendida
de amor mutuo ante la ley. ,
en aqueste fausto día. ,
de la sacra Eucaristía
gracias mil da al sumo Rey!...
Y cuando hoy sus seculares
fiestas canta, los altares
goza ufana en enflorar. ,
y los bronces dar al viento. ,
y en alma Sacramento
a Jesús siempre adorar!...
Pues conmigo, a fuer de hermanos. ,
acudid todos ufanos. ,
y mis votos confirmad
con los vuestros y, cual dones
dignos de él, mil corazones
dé a Jesús, nuestra ciudad!...
Más, porque ésta amante ofrenda
más a Cristo plazca, ascienda
por ti, Virgen, luminar
santo, y llegue hasta la gloria. ,
porque así, ya la victoria
por Ti, pueda asegurar!...
Ea, pues, ¡oh Madre nuestra!.
que eres tal, nos lo demuestras. ,
y no olvides que tiempo ha. ,
somos tuyos... Por tu mano. ,
Cristo – Sol, desde temprano. ,
calentándonos está!...
Y pues ya que manifiestas
Madre ser, ¡ven, nuestra fiesta
con tu vista a consagrar!...
Que, contigo, a Dios honremos. ,
y con él, mañana, estemos
todos juntos en su hogar!...
Amen.
Poema que participó, en la justa literaria, por el Tercer Centenario de la noble y leal ciudad de San Andrés de Salvatierra, el 9 de febrero de 1944, y el cual, también, está redactado en latín con el título de "Carmina seculare".
hoy, hijos de Salvatierra. ,
de la paz la insignia alzad!...
y a Jesús, que os ha salvado. ,
y vuestra urbe edificado. ,
grande gloria tributad!...
Sin rencor ni malos modos. ,
acudid alegres todos. ,
porque así podáis loar
con dulcísimos cantares
vuestras fiestas seculares. ,
que hará el Lerma resonar.
Cual si hubiese esto previsto. ,
clama el río: por ti, ¡oh Cristo!. ,
ha tres siglos, sin afán. ,
Salvatierra, en planta amena. ,
ya de vida se ve llena. ,
tiene casa, veste y pan.
No con esto satisfecho. ,
amoroso abres tu pecho. ,
del que dejas escapar
hacia nos, los delincuentes. ,
las de vida eterna fuentes
que nos brinda el sacro altar!...
Por tal don extraordinario. ,
buen Jesús, hecha incensario. ,
Salvatierra te da olor. ,
y honra da a tu sacramento. ,
y del templo el pavimento
baña en lágrimas de amor.
Más con nuevo don excedes
a las ya dadas mercedes. ,
de los cielos al sacar. ,
por nosotros, a la pía. ,
dulce Virgen, a María. ,
de la Cruz Madre sin par!...
Por tal don asaz dotada
nuestra tierra, ya salvada
bate palmas con placer. ,
y la frente alza triunfante. ,
para así la del gigante. ,
Culiacán tocar poder!...
Por ti, crucificado. ,
tiene a Andrés, que es del poblado
el patrono primordial. ,
y de trigo ribera fuente. ,
y el del Lerma añoso puente. ,
que es de aquél pétreo sitial.
Por todo esto conmovida
la ciudad, con fe, rendida
de amor mutuo ante la ley. ,
en aqueste fausto día. ,
de la sacra Eucaristía
gracias mil da al sumo Rey!...
Y cuando hoy sus seculares
fiestas canta, los altares
goza ufana en enflorar. ,
y los bronces dar al viento. ,
y en alma Sacramento
a Jesús siempre adorar!...
Pues conmigo, a fuer de hermanos. ,
acudid todos ufanos. ,
y mis votos confirmad
con los vuestros y, cual dones
dignos de él, mil corazones
dé a Jesús, nuestra ciudad!...
Más, porque ésta amante ofrenda
más a Cristo plazca, ascienda
por ti, Virgen, luminar
santo, y llegue hasta la gloria. ,
porque así, ya la victoria
por Ti, pueda asegurar!...
Ea, pues, ¡oh Madre nuestra!.
que eres tal, nos lo demuestras. ,
y no olvides que tiempo ha. ,
somos tuyos... Por tu mano. ,
Cristo – Sol, desde temprano. ,
calentándonos está!...
Y pues ya que manifiestas
Madre ser, ¡ven, nuestra fiesta
con tu vista a consagrar!...
Que, contigo, a Dios honremos. ,
y con él, mañana, estemos
todos juntos en su hogar!...
Amen.
Poema que participó, en la justa literaria, por el Tercer Centenario de la noble y leal ciudad de San Andrés de Salvatierra, el 9 de febrero de 1944, y el cual, también, está redactado en latín con el título de "Carmina seculare".
El filósofo de la Cruz; de la dignidad de la persona:. Job, unido a la Virgen María por el sentido espiritual del dolor en Salvatierra, Gto.

San Jacobo
por Pascual Zárate Avila
Pintura de un hombre concentrado en la prédica de la ciencia de la Cruz; san Jacobo, (interpretamos el significado que se trata de Job, quien vivió hacia el año 2000 a. c., considerado como el primer filósofo por el catolicismo por su reflexión acerca del dolor, un carisma de la Virgen María).
La pintura mural, que se encuentra en un costado del crucero, en el templo del santuario de Nuestra Madre Santísima de la Luz en Salvatierra, Guanajuato, nos presenta a un hombre caminando, con vestido de lana y una cobija de algodón, que son muestra de su riqueza. Lleva un bastón, y un libro, dado que el relato de Job es el primer libro del Antiguo Testamento. A lo lejos se ve un caserío, con el signo de la cruz en sus techos y cúpulas, indicando que, la prédica de la palabra de Dios cayó en tierra fértil. El rostro, refleja la expresión de alguien que ha pasado felizmente por un gran tormento. El báculo, representa la misión itinerante del profeta cristiano, el báculo es su sostén en las largas caminatas y es, también, un instrumento para señalar la conducta en la vida, siguiendo la palabra de Dios, la cual esta representada por el libro de las Sagradas Escrituras, que lleva en la mano izquierda. Job es el primer filósofo de la Biblia.
La filosofía del dolor como alumbramiento de la dignidad de la persona
El tema eterno del dolor, y sus causas, es presentado por Job como una interrogante. Para Job, no hay relación directa, entre el dolor y las calamidades personales, no los considera como un castigo de Dios, que, aunque sólo Dios puede enviar el dolor, tiene Dios, para Job, en su intención, motivos que son inescrutables para la mente humana. Job sufre, con dudas, las razones sobre la justicia de su sufrimiento, pero sentirse justo es su falta mayor, por haber requerido una explicación de Dios. La cuestión, esta puesta por Job, el sufrimiento es una situación humana que se debe llevar como prueba de fe, no como castigo divino. Sufrir, sin tener causa alguna para ello, es la identificación de Job con la Virgen María, y con Jesucristo. María, sabe desde la presentación de Jesús en al templo, en el día de la purificación, el destino que le espera a su hijo Jesús, pues, Simeón, le dice que una espada cruzará el corazón a la Virgen María.
La santidad de María está dada en el sufrimiento que soporta siendo pura, inmaculada y dulce. El cuadro más cercano, a las preguntas de Job por el dolor, lo representa el cuadro de María sentada, bajo los pies de su Hijo crucificado, una expresión exenta de amargura, y de resentimiento, por los hombres que lo sacrificaron, y por Dios que le puso la misión de la Cruz a su Hijo. La obediencia y humildad de María, se asemejan a la paciencia de Job, por las pruebas a las que fue sometido, aunque en María, el sufrimiento tiene la forma de la gratuidad, dado que lo acepta sin el consuelo de esperar la alegría de la Resurrección de su Hijo.
El martirio como indicador de la verdad es la enseñanza del filósofo de la Biblia
De la experiencia de las pruebas impuestas a Job por Dios, se derivan la noción de lealtad, de entrega a una causa. Del sacrificio, como forma mística, de defender un ideal. Los movimientos social cristianos, como el sinarquismo, aseguran, que los actos heroicos, del martirio, señalan la verdad de las causas. Los primeros sinarquistas predicaron, que de la sangre derramada de sus mártires, renacería la fuerza de espíritu para salvar a México. Ellos, fundaron un movimiento de masas, que siguió el camino de paz y manso sacrificio, para lograr que sus objetivos, de promover los plenos derechos y deberes de la ciudadanía, fueran el camino para acabar con el México sumido en la pobreza, la desigualdad y la injusticia.
En Salvatierra, durante la guerra cristera, los habitantes le encomendaron, a la Virgen de la Luz, su intercesión como abogada, para darle paz a la Iglesia mexicana, y libertad religiosa al pueblo de México. Llegada la paz, cumplieron la promesa de coronar a la Virgen de la Luz, en una ceremonia que hicieron dentro del recinto, a unos pasos de la puerta, el 24 de mayo de 1939. , autorizados por el papa Pío IX, mediante Breve Pontificio, que ejecutaron el arzobispo de México y el nuncio apostólico: Luís María Martínez y Leopoldo Ruiz y Flores.
Cinco años después, a instancias de salvaterrenses sinarquistas, la estatuilla de la Virgen de la Luz, fue desenclaustrada de su camerín central en el templo, --seguían el ejemplo de los templos re-abiertos por ellos en el país--, para una caminata, luego de 20 años de no ser vista en las calles. La cargaron en andas, era una multitud de hombres y mujeres especialmente congregados, el dos de febrero de 1944, para la celebración del Tercer Centenario de la Fundación, de la muy noble y leal ciudad de San Andrés de Salvatierra. Jesús Guisa dirijió un memorable discurso, animándolos: “No sólo es conveniente, sino necesario”.
A los juegos florales del Tercer centenario, llegó un poema de Federico Escobedo, versos, espiritualmente identificados, con la acción realizada por la valentía mística del pueblo fiel:
Canto secular a Salvatierra
Por encima de la guerra. ,
hoy, hijos de Salvatierra. ,
de la paz la insignia alzad!…
y a Jesús, que os ha salvado. ,
y vuestra urbe edificado. ,
El martirio como indicador de la verdad es la enseñanza del filósofo de la Biblia
De la experiencia de las pruebas impuestas a Job por Dios, se derivan la noción de lealtad, de entrega a una causa. Del sacrificio, como forma mística, de defender un ideal. Los movimientos social cristianos, como el sinarquismo, aseguran, que los actos heroicos, del martirio, señalan la verdad de las causas. Los primeros sinarquistas predicaron, que de la sangre derramada de sus mártires, renacería la fuerza de espíritu para salvar a México. Ellos, fundaron un movimiento de masas, que siguió el camino de paz y manso sacrificio, para lograr que sus objetivos, de promover los plenos derechos y deberes de la ciudadanía, fueran el camino para acabar con el México sumido en la pobreza, la desigualdad y la injusticia.
En Salvatierra, durante la guerra cristera, los habitantes le encomendaron, a la Virgen de la Luz, su intercesión como abogada, para darle paz a la Iglesia mexicana, y libertad religiosa al pueblo de México. Llegada la paz, cumplieron la promesa de coronar a la Virgen de la Luz, en una ceremonia que hicieron dentro del recinto, a unos pasos de la puerta, el 24 de mayo de 1939. , autorizados por el papa Pío IX, mediante Breve Pontificio, que ejecutaron el arzobispo de México y el nuncio apostólico: Luís María Martínez y Leopoldo Ruiz y Flores.
Cinco años después, a instancias de salvaterrenses sinarquistas, la estatuilla de la Virgen de la Luz, fue desenclaustrada de su camerín central en el templo, --seguían el ejemplo de los templos re-abiertos por ellos en el país--, para una caminata, luego de 20 años de no ser vista en las calles. La cargaron en andas, era una multitud de hombres y mujeres especialmente congregados, el dos de febrero de 1944, para la celebración del Tercer Centenario de la Fundación, de la muy noble y leal ciudad de San Andrés de Salvatierra. Jesús Guisa dirijió un memorable discurso, animándolos: “No sólo es conveniente, sino necesario”.
A los juegos florales del Tercer centenario, llegó un poema de Federico Escobedo, versos, espiritualmente identificados, con la acción realizada por la valentía mística del pueblo fiel:
Canto secular a Salvatierra
Por encima de la guerra. ,
hoy, hijos de Salvatierra. ,
de la paz la insignia alzad!…
y a Jesús, que os ha salvado. ,
y vuestra urbe edificado. ,
grande gloria tributad!...
Mas, con nuevo don excedes
a las ya dadas mercedes. ,
de los cielos al sacar. ,
por nosotros, a la pía. ,
dulce Virgen, a María. ,
de la Cruz Madre sin par!...
Por tal don asaz dotada
nuestra tierra, ya salvada
bate palmas con placer. ,
y la frente alza triunfante. ,
para así la del gigante. ,
Culiacán tocar poder!...
(fragmento del poema de Escobedo)
(Esta página es parte del libro "Santuario de Nuestra Madre Santísima de la Luz", escrito por Pascual Zárate Avila).
a las ya dadas mercedes. ,
de los cielos al sacar. ,
por nosotros, a la pía. ,
dulce Virgen, a María. ,
de la Cruz Madre sin par!...
Por tal don asaz dotada
nuestra tierra, ya salvada
bate palmas con placer. ,
y la frente alza triunfante. ,
para así la del gigante. ,
Culiacán tocar poder!...
(fragmento del poema de Escobedo)
(Esta página es parte del libro "Santuario de Nuestra Madre Santísima de la Luz", escrito por Pascual Zárate Avila).
Escobedo, Guisa y Ojeda bajo la "Rerum Novarum" en Salvatierra.
San Ignacio de Loyola,Nació en el año de 1491 en Loyola, España y, murió, en el año de 1556 en Roma.
La educación como principal camino para la evangelización
La pintura mural, del retrato de san Ignacio de Loyola, que está en el lateral posterior del Santuario de Nuestra Madre Santísima de la Luz en Salvatierra, Guanajuato, nos muestra, al santo, vestido con su sotana clerical negra, tiene en la faja de la cintura, prensado, un rosario de madera, prueba de su veneración, e identificación, con la Virgen María. En la mano izquierda, coge un libro café, que significa su misión educativa, como orden religiosa, tiene en la mano, también, las puntas de su capa. La mano derecha, está levantada en actitud de realizar una bendición. La expresión, del rostro de san Ignacio, es de una imperceptible felicidad, una mirada plena de satisfacción y, hay un enunciado en latín, que dice: “Para la mayor gloria de Dios”, y en el pecho tiene escritas, con letras góticas, IUS. En la pintura, san Ignacio, camina por la ciudad, llevando una aura, que ilumina su cabeza y rostro, significando el compromiso con las ciencias del espíritu. En la parte escenográfica, se dibujan las casas de doble piso, figurando las fachadas que identifican a las grandes urbes.
Las imágenes pictóricas como didáctica de la fe
Las actividades de la Compañía de Jesús, centradas en la educación y en los ejercicios espirituales, colocan a la iconografía de la Virgen María, como un punto de reflexión permanente, analizando los cuadros, imaginativamente, sobre las aflicciones de María al pie de la crucifixión de Jesús, la encarnación del Verbo durante la anunciación, la obediencia de María para concebir al Salvador, y la aparición de Jesucristo resucitado a la Virgen María, que, según san Ignacio, era para darle el mayor gozo que le pudo dar a su Madre, por los dolores surfridos al acompañarlo, en el Vía Crucis y en el Monte Calvario. San Ignacio, reflexiona la manera de unirse a la alegría de la Virgen María, y tomarla como intercesora, mediante el rosario, ante Dios.
La inteligencia, y el dominio de la lengua, el mayor bien de san Ignacio de Loyola para Salvatierra
La imitación de Cristo, adoptada por los miembros de la Compañía de Jesús, los coloca en una posición revolucionaria, debido a su solidaridad con los pobres y oprimidos del mundo. La influencia de los jesuitas americanos en Salvatierra, esta dada por la creación de la Acción Católica de la Juventud Mexicana, fundada por ellos, a principio del siglo XX.
Los trabajos más importantes, para la formación de la identidad mexicana, son sus estudios sobre la cultura de los indígenas mexicanos en el siglo (dieciocho), XVIII, particularmente, el libro: “Rusticatio Mejicana”, escrito en latín, por Rafael Landívar, cuya obra es un estudio sobre la geografía americana, y la demostración de la natural inteligencia de los indígenas. Este canto, compuesto en exámetros latinos, fue traducido íntegro en verso, y publicado por Federico Escobedo en 1925. Escobedo estudió con los jesuitas en Saltillo, Coahuila, hasta 1899.
La influencia de los jesuitas en la filosofía social, esta representada por la educación, que siempre han impartido promoviendo los derechos civiles, y políticos. En la ciudad, se sintió la lucha por la libertad religiosa, a través de la ACJM, de la que fue presidente, en Salvatierra, José Luz Ojeda en la década de los veintes, y por la influencia de alumnos de sus universidades, como el caso de Jesús Guisa y Azevedo, quien estudió el doctorado en Filosofía en Lovaina, Bélgica, la universidad jesuita más importante de esa orden, de 1920 a 1924. El doctor Guisa, se caracterizó por su permanente lucha a favor de la libertad religiosa, y por demandar la participación ciudadana de todos, incluidas las personas de estado religioso.
La tarea educadora de los jesuitas, se reflejó en la formación, de círculos de estudio obreros, para analizar la realidad social, y promover la interpretación católica de los fenómenos políticos, como fue el caso, en Salvatierra, en la década de los años cuarentas: los empresarios, de origen vasco, y los integrantes del sindicato de la fábrica textil, La Reforma, en su centro de trabajo promovieron la aplicación de las ideas sociales, las inspiradas en la encíclica "Rerum Novarum", organizando, para los obreros y sus familias: cajas de ahorro, campos deportivos, centros sociales, y una escuela primaria técnica, con didácticas de vanguardia pedagógica. Los jesuitas influyeron, en los obreros textiles, para la comprensión de un organismo sindical con participación humanista, todas las esferas de la vida cívica y política municipal, logrando que se expresaran, dentro de un contextos de autoritarismo, opresión, pobreza y marginación ciudadana.
(Fragmento del libro "Santuario de Nuestra Madre Santísima de la Luz", de Pascual Zárate Avila)
viernes, 1 de agosto de 2008
jueves, 31 de julio de 2008
Biografía del poeta José Luz Ojeda.

OJEDA LÓPEZ, José Luz. (1899-1989).
Sacerdote, maestro, poeta, predicador y biblista.
Por Jesús García y García.
Nació el 27 de diciembre de 1899, dentro de la circunscripción municipal salvaterrense, concretamente, en la entonces hacienda de San Nicolás de los Agustinos, fue hijo de don José Luz Ojeda Patiño y de doña Genoveva López. A fines de 1901, la familia vino a vivir en la cabecera del municipio, en una casona que adquirió el Papá, en el portal de la Luz.
Pocos pasos separaban, al pequeño José Luz, del hoy santuario diocesano de Nuestra Madre Santísima Luz, en el que fue acólito, para dar cauce a su temprana vocación religiosa. En sus Memorias, relata cómo fue su formación escolar básica, primero en la escuela de Moniquita y Amparito, después, bajo la dirección del maestro don Pedro Sosa y, finalmente, bajo la guía del padre don Vicente Meza. Una recomendación, de este último, dio la oportunidad a José Luz de ingresar en el Seminario de Morelia. Únicamente, durante los primeros meses de 1914, pudo disfrutar de las aulas tridentinas, porque, entonces, con el triunfo del carrancismo sobre el usurpador Victoriano Huerta, comenzó una de las etapas, más violentas, de la persecución religiosa en México. Los carrancistas clausuraron el Seminario, y se incautaron del edificio, y sus bienes, y José Luz tuvo que volver a Salvatierra, donde ayudó al funcionamiento de la tienda de abarrotes, propiedad de su familia.
Fue uno de los fundadores de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, (ACJM), en Salvatierra, y, entre actividades catequísticas y obras sociales, se inició en la oratoria, y se convirtió en el director fundador del periodiquito: Lux. En esa época, se consolidó su afición a la lectura, tuvo sus primeros devaneos de muchacho romántico, y escribió su primer tomo de versos.
Desde aquella primera estancia, de José Luz en Morelia, las diversas facciones en el poder habían continuado persiguiendo a la religión. A partir de octubre de 1917, las cosas empeoraron. Los mexicanos anticatólicos, se alinearon con el bolchevismo triunfante en Rusia, que anunciaba la libertad del hombre pero, en la práctica, suprimía fundamentales derechos humanos, y todo lo que es democracia y, además, “mataba” a Dios. El comunismo moreliano, acabaría por provocar sangrientos sucesos en mayo de 1921.
A principios de ese 1921, volvió al Seminario para reiniciar su carrera religiosa. En cuatro años despachó, lo que se llama, el Seminario Menor, (asignaturas de latinidad y filosofía). Al mismo tiempo, Ojeda estudió el francés, y empezó a poetizar en serio. En medio de inacabables zozobras, hizo los estudios correspondientes al Seminario Mayor, (teología, derecho canónico, liturgia y otras materias). Entonces, se inició como profesor impartiendo una academia de castellano.
Debido al endurecimiento de las leyes, en contra de la Iglesia, por parte del régimen callista, el 31 de julio de 1926 fue suspendido el culto religioso, en todos los templos del país. Poco después, se inició el movimiento armado, que llaman “La Cristiada”. En circunstancias de subrepción, José Luz recibe, el 18 de diciembre de ese mismo año de 1926, las órdenes menores del exorcistado y el acolitado.
Por la forma en que se ve obligado a trabajar el seminario, (a escondidas), su cabeza visible es, en esa época, Ojeda, pero sin ser vicerrector. El 28 de febrero de 1928, es detenido por agentes del gobierno, quienes le dicen, al soltarlo: “El seminario ya no se abrirá más. Les dice a sus alumnos, que eso de las cosas de los curas, ya se acabó en México, y que se vayan a sus casas”.
En el mismo año, el 2 de junio, le es administrada la orden del diaconado y, el 22 de diciembre, queda ordenado sacerdote. El día 3 de enero de 1929, en una casa de Salvatierra, celebra su primera misa y, de esa forma, festeja el día onomástico de su Madre. A finales de junio, se entera de que, finalmente, se arregló el conflicto religioso. Se estrena como predicador el 11 de julio de 1929, en ocasión de la solemne reapertura de cultos en Salvatierra.
Solicitado por el obispo de Querétaro, monseñor Banegas y Galván, el presbítero José Luz Ojeda, fue de 1931 a 1933, a fungir como prefecto espiritual del seminario queretano que, también, funcionaba clandestinamente.
Requerido por su arquidiócesis de origen, allá volvió, y se enteró de que querían poner sobre sus hombros, la dirección espiritual del seminario menor. Apeló ante el vicerrector, y logró que se revirtiera aquella decisión, aunque no inmediatamente. Mientras tanto, vino lo que Ojeda llama la diáspora, que fue el más largo, y difícil, desplazamiento del seminario de Morelia, primero por tierras del Bajío y, después, por la sierra michoacana. Duró desde 1934 hasta 1943.
El 9 de febrero de 1944, se cumplieron tres centenarios de la fundación de Salvatierra. Se convocó a un concurso de poesía, alusiva al acto, y el primer lugar lo ganó el padre José Luz Ojeda. La composición lleva por título: “Canto secular a Salvatierra”. El premio consistió en una medalla de oro, donada por el Senado de la República, un diploma de honor, expedido por los organizadores, y cien pesos en efectivo, obsequio de la empresa Clemente Jacques y Compañía. La decisión en su favor, fue dictada por el poeta doctor Enrique González Martínez, y el doctor en filosofía y letras por la universidad de Lovaina, Jesús Guisa y Azevedo.
Mientras tanto, seguían sus labores de maestro en el seminario, (enseñaba, al final, historia de México y francés). Sin perjuicio de aquellas, lo adscribieron a algunas actividades administrativas, en la curia arquidiocesana.
El 1 de enero de 1951, emprendió, formalmente, sus actividades misioneras, a las cuales siempre se había sentido tan atraído. Hizo, de Celaya, su centro de operaciones, del cual salió a innumerables partes a misionar, incluyendo, alejadas localidades del norte de la república. De este modo, se fue volviendo celayense por adopción. En la ciudad cajetera se encontró con viejos amigos, y tejió nuevas relaciones.
El obispo Alfonso Toriz Cobián, le otorgó la dignidad de canónigo honorario de la catedral de Querétaro, tomó posesión de su asiento en el coro, el 19 de septiembre de 1963.
Inició, en enero de 1967, un venturoso contacto con, el también sacerdote, don Luis Alonso Schökel, padre jesuíta, del Pontificio Instituto Bíblico. Esta relación culminó con el viaje de trabajo, que don José Luz Ojeda hizo a Roma, amparado por una especie de beca, en 1969. Integrado, en el equipo que comandaba Schökel, tuvo participación sobresaliente en la traducción de: El libro de Job, y el Cantar de los cantares.
La noticia, de la erección de la diócesis de Celaya, se recibió en dicha ciudad el 8 de febrero de 1973. Al formarse la curia correspondiente, el padre Ojeda fue nombrado canónigo.
La muerte lo sorprendió en su casa de Celaya, el 29 de mayo de 1989, cinco días después, de celebrarse el cincuentenario de la coronación pontificia, de su eterno amparo y guía, la Virgen de
Sacerdote, maestro, poeta, predicador y biblista.
Por Jesús García y García.
Nació el 27 de diciembre de 1899, dentro de la circunscripción municipal salvaterrense, concretamente, en la entonces hacienda de San Nicolás de los Agustinos, fue hijo de don José Luz Ojeda Patiño y de doña Genoveva López. A fines de 1901, la familia vino a vivir en la cabecera del municipio, en una casona que adquirió el Papá, en el portal de la Luz.
Pocos pasos separaban, al pequeño José Luz, del hoy santuario diocesano de Nuestra Madre Santísima Luz, en el que fue acólito, para dar cauce a su temprana vocación religiosa. En sus Memorias, relata cómo fue su formación escolar básica, primero en la escuela de Moniquita y Amparito, después, bajo la dirección del maestro don Pedro Sosa y, finalmente, bajo la guía del padre don Vicente Meza. Una recomendación, de este último, dio la oportunidad a José Luz de ingresar en el Seminario de Morelia. Únicamente, durante los primeros meses de 1914, pudo disfrutar de las aulas tridentinas, porque, entonces, con el triunfo del carrancismo sobre el usurpador Victoriano Huerta, comenzó una de las etapas, más violentas, de la persecución religiosa en México. Los carrancistas clausuraron el Seminario, y se incautaron del edificio, y sus bienes, y José Luz tuvo que volver a Salvatierra, donde ayudó al funcionamiento de la tienda de abarrotes, propiedad de su familia.
Fue uno de los fundadores de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, (ACJM), en Salvatierra, y, entre actividades catequísticas y obras sociales, se inició en la oratoria, y se convirtió en el director fundador del periodiquito: Lux. En esa época, se consolidó su afición a la lectura, tuvo sus primeros devaneos de muchacho romántico, y escribió su primer tomo de versos.
Desde aquella primera estancia, de José Luz en Morelia, las diversas facciones en el poder habían continuado persiguiendo a la religión. A partir de octubre de 1917, las cosas empeoraron. Los mexicanos anticatólicos, se alinearon con el bolchevismo triunfante en Rusia, que anunciaba la libertad del hombre pero, en la práctica, suprimía fundamentales derechos humanos, y todo lo que es democracia y, además, “mataba” a Dios. El comunismo moreliano, acabaría por provocar sangrientos sucesos en mayo de 1921.
A principios de ese 1921, volvió al Seminario para reiniciar su carrera religiosa. En cuatro años despachó, lo que se llama, el Seminario Menor, (asignaturas de latinidad y filosofía). Al mismo tiempo, Ojeda estudió el francés, y empezó a poetizar en serio. En medio de inacabables zozobras, hizo los estudios correspondientes al Seminario Mayor, (teología, derecho canónico, liturgia y otras materias). Entonces, se inició como profesor impartiendo una academia de castellano.
Debido al endurecimiento de las leyes, en contra de la Iglesia, por parte del régimen callista, el 31 de julio de 1926 fue suspendido el culto religioso, en todos los templos del país. Poco después, se inició el movimiento armado, que llaman “La Cristiada”. En circunstancias de subrepción, José Luz recibe, el 18 de diciembre de ese mismo año de 1926, las órdenes menores del exorcistado y el acolitado.
Por la forma en que se ve obligado a trabajar el seminario, (a escondidas), su cabeza visible es, en esa época, Ojeda, pero sin ser vicerrector. El 28 de febrero de 1928, es detenido por agentes del gobierno, quienes le dicen, al soltarlo: “El seminario ya no se abrirá más. Les dice a sus alumnos, que eso de las cosas de los curas, ya se acabó en México, y que se vayan a sus casas”.
En el mismo año, el 2 de junio, le es administrada la orden del diaconado y, el 22 de diciembre, queda ordenado sacerdote. El día 3 de enero de 1929, en una casa de Salvatierra, celebra su primera misa y, de esa forma, festeja el día onomástico de su Madre. A finales de junio, se entera de que, finalmente, se arregló el conflicto religioso. Se estrena como predicador el 11 de julio de 1929, en ocasión de la solemne reapertura de cultos en Salvatierra.
Solicitado por el obispo de Querétaro, monseñor Banegas y Galván, el presbítero José Luz Ojeda, fue de 1931 a 1933, a fungir como prefecto espiritual del seminario queretano que, también, funcionaba clandestinamente.
Requerido por su arquidiócesis de origen, allá volvió, y se enteró de que querían poner sobre sus hombros, la dirección espiritual del seminario menor. Apeló ante el vicerrector, y logró que se revirtiera aquella decisión, aunque no inmediatamente. Mientras tanto, vino lo que Ojeda llama la diáspora, que fue el más largo, y difícil, desplazamiento del seminario de Morelia, primero por tierras del Bajío y, después, por la sierra michoacana. Duró desde 1934 hasta 1943.
El 9 de febrero de 1944, se cumplieron tres centenarios de la fundación de Salvatierra. Se convocó a un concurso de poesía, alusiva al acto, y el primer lugar lo ganó el padre José Luz Ojeda. La composición lleva por título: “Canto secular a Salvatierra”. El premio consistió en una medalla de oro, donada por el Senado de la República, un diploma de honor, expedido por los organizadores, y cien pesos en efectivo, obsequio de la empresa Clemente Jacques y Compañía. La decisión en su favor, fue dictada por el poeta doctor Enrique González Martínez, y el doctor en filosofía y letras por la universidad de Lovaina, Jesús Guisa y Azevedo.
Mientras tanto, seguían sus labores de maestro en el seminario, (enseñaba, al final, historia de México y francés). Sin perjuicio de aquellas, lo adscribieron a algunas actividades administrativas, en la curia arquidiocesana.
El 1 de enero de 1951, emprendió, formalmente, sus actividades misioneras, a las cuales siempre se había sentido tan atraído. Hizo, de Celaya, su centro de operaciones, del cual salió a innumerables partes a misionar, incluyendo, alejadas localidades del norte de la república. De este modo, se fue volviendo celayense por adopción. En la ciudad cajetera se encontró con viejos amigos, y tejió nuevas relaciones.
El obispo Alfonso Toriz Cobián, le otorgó la dignidad de canónigo honorario de la catedral de Querétaro, tomó posesión de su asiento en el coro, el 19 de septiembre de 1963.
Inició, en enero de 1967, un venturoso contacto con, el también sacerdote, don Luis Alonso Schökel, padre jesuíta, del Pontificio Instituto Bíblico. Esta relación culminó con el viaje de trabajo, que don José Luz Ojeda hizo a Roma, amparado por una especie de beca, en 1969. Integrado, en el equipo que comandaba Schökel, tuvo participación sobresaliente en la traducción de: El libro de Job, y el Cantar de los cantares.
La noticia, de la erección de la diócesis de Celaya, se recibió en dicha ciudad el 8 de febrero de 1973. Al formarse la curia correspondiente, el padre Ojeda fue nombrado canónigo.
La muerte lo sorprendió en su casa de Celaya, el 29 de mayo de 1989, cinco días después, de celebrarse el cincuentenario de la coronación pontificia, de su eterno amparo y guía, la Virgen de
la Luz de Salvatierra.
Poemas de Federico Escobedo dedicado al poeta José Luz Ojeda.
Poeta y muy poeta; alma canora. ,
botón gentil de púdica azucena. ,
rayo de luz, que plácida y serena
opaca a la tiniebla aterradora. ,
joyel de hechura regia, que atesora
oro de fina ley; arpa en que suena
sólo de Dios la voz; y que, por buena. ,
el mismo Dios la pule y esplendora.
Lerma le dio las que en su cauce avaro
oculta fuerzas de indomable brío. ,
junto con linfas de semblante claro. ,
es, por fin, una gloria del Bajío. ,
Diamante puro; y por lo mismo, raro. ,
al que fuerza y candor dan atavío.
Carmen, Ojeda, tuum, more fluentis aquae!...
botón gentil de púdica azucena. ,
rayo de luz, que plácida y serena
opaca a la tiniebla aterradora. ,
joyel de hechura regia, que atesora
oro de fina ley; arpa en que suena
sólo de Dios la voz; y que, por buena. ,
el mismo Dios la pule y esplendora.
Lerma le dio las que en su cauce avaro
oculta fuerzas de indomable brío. ,
junto con linfas de semblante claro. ,
es, por fin, una gloria del Bajío. ,
Diamante puro; y por lo mismo, raro. ,
al que fuerza y candor dan atavío.
Carmen, Ojeda, tuum, more fluentis aquae!...
Versos al libro de poemas "Claridad".
En lo alto, ayer, de marfilina torre
Fuiste de viva “claridad” un faro. ,
que del puerto conduce hasta el amparo
al mísero bajel, que el mar recorre.
Hoy, con el fin de que la luz se ahorre
que da, sin tasa, tu laúd preclaro.
o bien, de Apolo por capricho raro,
ya eres, en vez de luz, “agua que corre”.
Mas, si en lugar de faro reluciente. ,
mejor gustas de ser “agua corriente”
por cima el área de árido terreno. ,
nada te importe el cambio, hermano mío. ,
con tal de que, trocada en prócer río. ,
lleve doradas guijas en su seno.
En lo alto, ayer, de marfilina torre
Fuiste de viva “claridad” un faro. ,
que del puerto conduce hasta el amparo
al mísero bajel, que el mar recorre.
Hoy, con el fin de que la luz se ahorre
que da, sin tasa, tu laúd preclaro.
o bien, de Apolo por capricho raro,
ya eres, en vez de luz, “agua que corre”.
Mas, si en lugar de faro reluciente. ,
mejor gustas de ser “agua corriente”
por cima el área de árido terreno. ,
nada te importe el cambio, hermano mío. ,
con tal de que, trocada en prócer río. ,
lleve doradas guijas en su seno.
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