Las tensiones políticas y el paso del ejército insurgente por Salvatierra en 1810
CP Miguel Alejo López
Cronista de Salvatierra, Guanajuato
Al comenzar el año de 1810, Salvatierra vivía momentos de tensión por sucesos recientes acontecidos dentro y fuera de la ciudad, muchos rumores se habían difundido como reguero de pólvora entre la población, corriendo de boca en boca y con diversidad de versiones, que hacían de ellos verdaderas bombas de miedo y terror. Fuese lo que fuese, todos veían en cualquier persona, conocida o desconocida y hasta en los amigos y familiares a un espía o enemigo.
No era para menos, el año anterior en la ciudad de Valladolid había sido arrestado y llevado ante los tribunales del Santo Oficio de la Inquisición a fray Vicente de Santa María, fraile franciscano que se había desempeñado como Guardián del Convento de San Buenaventura en Salvatierra y era señalado como uno de los principales conspiradores que en esa ciudad propugnaban por la independencia de la patria en la casa del Lic. Michelena para levantar gente en Celaya, Zamora, San Miguel, Guanajuato y otros lugares, con la finalidad de propagar la insurrección.
Dentro del proceso se presentaron a muchos testigos, entre ellos, fray Manuel Agustín Gutiérrez, guardián del convento franciscano de Valladolid, en los testimonios acusatorios que manifestó en contra del padre Santa María, dijo: “Que en un viaje pastoral que hizo el obispo don Manuel Abad y Queipo a Guanajuato, el padre Santa María lo acompaño a Zinapécuaro, Salvatierra, y la hacienda de Panales, y que durante el recorrido hablaron sobre la insurrección” (R. Arias). La anterior declaración aunada al criterio liberal del prelado, fue suficiente para que el tribunal recelara de él. La situación tuvo de inmediato sus efectos en Salvatierra al conocerse el proceso que se les seguía a los implicados. Sin pérdida de tiempo, el comisario del tribunal en la ciudad y amigo personal del obispo, el Pbro. Sebastián Benito de la Fuente y Vidal, se dio prisa para presentarse a declarar en Valladolid, manifestando entre otras cosas: “Haber conocido y tratado al padre Santa María en Salvatierra cuando se desempeñó como guardián del convento franciscano de la ciudad, y en una de las pláticas que tuvieron le comentó al religioso que después de un viaje que hizo a España obtuvo la licencia para leer libros prohibidos, a lo que el padre Santa María le contestó que él también tenía permiso para leerlos y se lo había otorgado el Papa y no achichincles . . . ” (R. Arias). Las declaraciones del comisario bastaron para generar toda clase de rumores y sospechas sobre muchas de las personalidades salvaterrenses de la época. Era rumor también en ciertos círculos sociales locales, que el capitán Ignacio Allende, viajaba con cierta frecuencia a la ciudad de Celaya y se hospedaba en la casa de don Ignacio Villaseñor y Cervantes, para salir a hacer recorridos por Jaral, Salvatierra y Yuriria en busca de adeptos para la causa y que, en Acámbaro contaban con un fuerte apoyo de las familias pudientes de esa población.
El ambiente se inquietó y se confundió aún más, por las enérgicas protestas de los labradores y los vecinos de los barrios, por los intentos que hacían algunos naturales para fundar en la jurisdicción un nuevo pueblo de indios, y la consecuente respuesta inmediata y tajante de las autoridades locales al arrestar a los promotores y acusarlos de rebeldes, heréticos y agitadores. En la ciudad había luto, el 8 de enero fallecía el Pbro. don José Ignacio Basurto, párroco y juez eclesiástico, además vicario de las religiosas capuchinas, a quién se le debía la terminación del templo parroquial. Otro motivo de tensión era la crisis política por la que atravesaba el Ayuntamiento, muchos de los puestos estaban vacantes y algunos de sus miembros eran acusados por embriaguez, mala conducta, arrestos injustificados, insultos y desafíos. Era de tal magnitud su desidia e indolencia que el intendente Riaño se vio obligado a enviar el 27 de febrero una nota con una severa reprimenda, además de una multa al subdelegado por no remitir en tiempo y forma la relación de reos bajo la custodia de la ciudad, en los siguientes términos: “Desta fecha de noviembre último no recibí la relación de reos, que me debería usted, haber remitido en principios de septiembre, y aunque por errores le admití la disculpa que me dio por su retardo, no puedo desentenderme de la indolencia con lo que en este particular se maneja usted, pues está al concluirse el presente mes, y aún no he recibido lo que debía haberlo hecho en un principio: viéndome extraño en esta morosidad con que usted se conduce en un asunto tan recomendado por la Real Sala del Crimen . . . por último, que hizo encomienda usted este defecto, le aplico la multa a que para ello se ha hecho acreedor. – Dios guarde a usted muchos años. – Guanajuato 27 de febrero de 1810 –Juan Antonio de Riaño” (Rúbrica).(1)
A principios de septiembre se comenzaron a sentir los efectos de los preparativos de la insurrección. El día 4, Allende comisionó a su lugarteniente Francisco Loxero para que se comunicara con el capitán Joaquín Arias, comandante del segundo batallón de Celaya que se encontraba acantonado en Yuriria y tenía la encomienda de dar el grito de la insurrección a sus soldados y, dirigirse a San Miguel para integrarse al ejército insurgente. Por consecuencia tuvo que pasar por Salvatierra, causando curiosidad y extrañeza entre el vecindario.
El estallido del movimiento libertario en Dolores no se esperaba en la ciudad. Cuando llegaron las primeras noticias de la insurrección, el alcalde ordinario y subdelegado en turno don Mariano Marmolejo se encontraba investigando el robo de veinte mulas de recua y una yegua en la hacienda de Panales, propiedad del regidor don José Antonio de Estevarina, uno de los funcionarios más influyentes en el cabildo. Desde el 27 de agosto había hecho circular un exhorto a los jueces y justicias de las ciudades y villas de transito dando a conocer las características del fierro que llevaban como marca, y pedía que procedieran en contra de la persona o personas que las tuviesen. Las sospechas del robo recaían sobre el comerciante Manuel Saavedra y los hermanos Marcelo y Manuel Centeno, originarios de Cacalote y arrendatarios de algunas fracciones de tierra de la hacienda. El comerciante fue arrestado y los hermanos Centeno salieron prófugos de la jurisdicción; la yegua apareció en Texcoco, y las veinte mulas fueron localizadas en San Juan del Río, cuando las llevaba con carga a la ciudad de México el arriero Ignacio Centeno, hermano también de los prófugos.
Al ser interceptado Ignacio, se dio a la fuga, y como buen conocedor de los caminos de ese tiempo, tomó la ruta de Amealco, Coroneo, Jerécuaro y Apaseo el Alto, para evadir la justicia. El 19 de septiembre en la hacienda de Santa Rita, muy cerca de Celaya, Ignacio se presentó con un grupo de gente ante Hidalgo para integrarse al movimiento armado, a quién de inmediato lo nombró capitán. Centeno por su actividad conocía muchos peones de las haciendas de la región con los que engrosó las filas del ejército insurgente que se aprestaba a tomar la ciudad de Guanajuato. Estuvo en el asalto a la Alhóndiga de Granaditas y en los hechos sangrientos que le sucedieron. De él, Lucas Alamán consigna en su obra histórica que, durante la estancia de los insurgentes en Guanajuato, su madre acudió ante Hidalgo para solicitarle protección para la familia ante el saqueo y vandalismo que se había desatado.
Hidalgo comisionó al capitán Ignacio Centeno y a sus hombres para tal fin: “Una de las casas –dice Alamán- que se hallaban amenazadas de este riesgo era la de mi familia. . .. en este conflicto mi madre resolvió ir a ver al Cura Hidalgo con quién tenía antiguas relaciones de amistad y yo la acompañé. Grande era para mí una persona decentemente vestida, el riesgo de atravesar las calles por entre una muchedumbre embriagada de furor y licores, llegamos, sin embargo, sin accidente hasta el cuartel del Regimiento del Príncipe, en el como antes se dijo, estaba alojado Hidalgo recibiéndonos con agrado aseguró a mi madre de su antigua amistad, e impuesto de lo que se tenía en la casa, nos dio una escolta, mandada por un arriero, vecino del rancho de el Cacalote, inmediato a Salvatierra, llamado Ignacio Centeno a quién había hecho capitán y al cual dio orden de defender mi casa y custodiar los efectos de la propiedad. . . . Centeno, teniendo por imposible contener el tumulto que iba en aumento, pues se reunía a cada instante más y más gente empeñada en saquear; dio aviso con uno de sus soldados a Hidalgo, el cuál creyó necesaria su presencia para contener el desorden”. Una vez que los insurgentes abandonaron Guanajuato, Centeno y sus hombres acompañaron al Padre de la Patria en la ruta a Valladolid. En la víspera de la batalla del Monte de la Cruces, el 29 de octubre, fue en busca de un herrero para el arreglo de un carro cuando fue hecho prisionero y remitido a la ciudad de México, donde se le formó juicio y fue ahorcado el 1° de febrero de 1811.
La proximidad de las tropas de Hidalgo causó una gran conmoción, sobre todo cuando se ordenó a todos los destacamentos de la región concentrarse en Querétaro a las órdenes del brigadier Félix María Calleja. Ya a principios del mes de octubre la situación en la ciudad era intolerable por el nerviosismo colectivo y la inseguridad mostrada por las autoridades locales.
Existen testimonios claros y precisos del paso de Hidalgo por Salvatierra, proporcionados por el comisario del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición y capellán del convento de las religiosas capuchinas y, por personas octogenarias que en su momento narraron los hechos que conocieron, de oídas o como testigos presénciales. El capellán Pbro. Sebastián Benito de la Fuente y Vidal, informó al tribunal sobre la estancia del Padre de la Patria en la ciudad en los siguientes términos: “Hidalgo pernoctó en el mesón de La Luz, mientras hizo hospedar a su amasia apodada Natera en la casa del Dr. Mariano Servín . . ..” (2). De los testimonios orales, según el de don Jesús González, vecino de la ciudad y originario del rancho de Guadalupe, en una entrevista que se le hizo en el año de 1970, refería que: “por tradición que conoció de sus abuelos, los insurgentes al mando de Hidalgo procedentes de Jaral llegaron a El Sabino, en donde la columna se dividió, unos por el Capulín y la Quemada para tomar la ciudad por la entrada de la hacienda de Sánchez. Otros cruzaron el río para continuar por el pueblo de Tiristarán, Guatzindeo, y San Buenaventura para entrar por el vado de San Francisco, y se decía que la columna de Hidalgo llegó a la hacienda de San Nicolás de los Agustinos en donde todas las mujeres hicieron tortillas en el descanso que tomaron . . . que por ese año se padeció mucha hambre por haberse perdido las cosechas y que ese mismo día por la tarde continuaron para Salvatierra, tomando el camino de San Pedro y Santo Tomás para entrar por el puente de Batanes.”. Esta tradición se confirma en su rigor histórico con otra proporcionada por Pedro Sotelo que se registró en el Juzgado 1° de lo Popular en Dolores Hidalgo el 1° de agosto de 1874 ante don Antonio García, Salomé García y Jesús Arredondo, destinada al presidente Sebastián Lerdo de Tejada, dictando una relación de hechos de cómo se dio el Grito de Dolores por el Sr. Cura Hidalgo, siendo el otorgante testigo ocular de los acontecimientos. Refiere en una de sus partes: “Ya repuestas las autoridades, montando y uniformando el escuadrón, repuesto el parque gastado en el castillo de Granaditas y recogiendo el dinero de todas las oficinas reales y de los capitales de españoles, emprendimos la marcha para Morelia y en todos los puntos que íbamos tocando éramos recibidos con mucho entusiasmo y de cada uno se reunía mucha gente con nosotros para ayudar a defender la justa causa de nuestra Independencia . . . pasamos Irapuato, Valle de Santiago, Jaral, Salvatierra, Acámbaro, Zinapécuaro, Indaparapeo y villa de Charo . . . . con la gente que de todos esos puntos se iba reuniendo se hizo un ejército formidable y se aumentó considerablemente el tesoro, parque y armas, no había necesidad en la tropa, a todos se les daba sueldo no sólo para un día, sino tres o cuatro, a razón de cuatro reales los infantes, y un peso los de caballería.”(3) Otra referencia directa de un testigo presencial de los hechos la de Pedro García, oriundo de San Miguel el Grande (San Miguel Allende) quien se integró desde los primeros momentos al ejército de Hidalgo (4) y después de la Guerra de Independencia se le otorgó el grado militar de teniente coronel: “En cosa de cuatro días, y en virtud de mucha actividad, quedó arreglado un ejército de más de cincuenta mil hombres, dispuestos a marchar, lo que se verificó el quinto día, mandando la división de vanguardia el Mariscal D. Mariano Jiménez, tomando la dirección de Salvatierra, Valle de Santiago y Acámbaro, con destino a Valladolid”.
Era un jueves por la tarde, aquél 12 de octubre (?), cuando Hidalgo arribó a la ciudad, jamás Salvatierra había visto un contingente de semejantes proporciones, miles de combatientes se posesionaron de la población. Los jefes y oficiales pasaron la noche en algunas casas, entre ellas el mesón de la Luz, la tropa ocupó los templos, las plazas y las haciendas vecinas. Otro temor se apoderó del vecindario; las posibles sospechas de haber colaborado con los insurgentes, ya que a toda persona que cooperara con ellos, de la forma que fuera, se le confiscaban sus bienes. Mientras tanto, los vecinos prominentes se refugiaban, en aquella interminable noche, con sus familias y valores en el convento de las religiosas capuchinas.
Cuando Hidalgo salió de la ciudad el viernes 13 por la mañana rumbo a Acámbaro, se recibió otra noticia que llenó de pavor, en la hacienda de San Nicolás de los Agustinos, Miguel Sánchez, a quién Hidalgo había nombrado Brigadier, levantaba a la peonada para luchar por la causa de la Independencia.
Ya en el mes de noviembre, después de la batalla del Monte de la Cruces y la derrota sufrida por los insurgentes en Aculco, en la retirada Hidalgo atravesó la sierra de San Pablo y Arroyo Zarco, el distrito de Amealco, siguiendo a marchas forzadas a Coroneo y saliendo a la hacienda de Juan Martín cercana a Celaya a donde llegó el día 9 de ese mes. Ahí se enteró de que Allende con otra parte del ejército venían por el rumbo de Maravatío el Grande y Acámbaro, le envió un correo para precisar sus respectivas ubicaciones, Allende recibió el mensaje en Salvatierra y le contestó que fuese a Valladolid en tanto él se dirigiría a Guanajuato para conseguir gente de tropa y cañones. En dicho comunicado se hacen evidentes las discrepancias entre los jefes insurgentes, pues Allende le reprochaba a Hidalgo entre otras cosas: “tratarlo con el más negro de los desprecios”.
Después de descansar a la tropa en la ciudad, siguió la ruta del Sur de la intendencia de Guanajuato rumbo a Guadalajara. Por estas fechas el ambiente local estaba tensado e insoportable, la vida cotidiana había cambiado, lo que obligó al comisario de la Inquisición Pbro. Sebastián Benito de la Fuente y Vidal a abandonar la ciudad y lo informaba a sus superiores en los siguientes términos desde Querétaro: “Que no se encuentra en Salvatierra por temor a los insurgentes que en retirada procedentes de Acámbaro y Valladolid pasan por Salvatierra” (5)
En Valladolid otro salvaterrense, el Pbro. Mariano Abad y Cuadra, se había integrado a las tropas libertadoras como capellán, para su desgracia, cayó prisionero y se le envió a la prisión de San Juan de Ulúa donde murió en el año de 1818.
Así vivió Salvatierra su existencia y sus tensiones, aquel inolvidable año en el que se inició la gesta histórica para alcanzar la Independencia Nacional.
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Notas de referencia
1) Archivo General del Estado de Guanajuato. Ayuntamientos. Salvatierra. Año de 1810.
2) Álvarez, José Rogelio. Enciclopedia de México. México 1977. Tomo XI, p. 255.
3) Esta versión la da a conocer Ruiz Arias, sobre todo los datos referentes al juzgado en los que consigna como fuente al Archivo General del Estado de Guanajuato. Jesús Romero Flores en su obra: “Don Miguel Hidalgo y Costilla” de Ediciones Botas-México, 2a. Edición 1953, en la página 140 se refiere al mismo hecho de Pedro José Sotelo en los siguientes términos: “Algunos días estuvo Hidalgo en Guanajuato dictando las providencias a que nos referimos, saliendo el día 8 de octubre la vanguardia del ejército libertador rumbo a la ciudad de Valladolid, dicha vanguardia se componía de tres mil hombres al mando del coronel don Mariano Jiménez, el camino que se siguió; según la relación de Sotelo, fue por Irapuato, Salamanca, Valle de Santiago, Salvatierra, Acámbaro, Zinapécuaro, Indaparapeo y Charo . . .”
4) García, Pedro. “Con el Cura Hidalgo en la Guerra de Independencia”, Empresas Editoriales, S. A. México, 1867. P. 92.6) A.G.N. Inquisición. Salvatierra. Año de 1810.
5) A.G.N. Inquisición. Salvatierra. Año de 1810,

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