Pascual Zárate Avila, la crónica de la Feria de la Candelaria
Los lugares y los organizadores de la Feria de la Candelaria
Voy a relatar las siguientes experiencias acerca de la feria de La Candelaria.
Empiezo por relatar de cómo fue mi conocimiento de la feria en la calle de Zaragoza instalada desde la explanada del Carmen hasta el Molino de Las Ardillas. Ahí se pusieron los juegos por espacio de tres años contando desde 1967, incluso, cuando vino Juan Gabriel, el palenque estaba en una casona en Zaragoza, cerca de donde está ubicada la panadería de La Luz, era un gran terreno con tribunas portátiles de madera, como las de los circos. Y fue comentada la asistencia de las locas de ese tiempo, entre ellos Peter, quienes llevaron pañoletas y mascadas de colores, cuando Juan Gabriel terminaba una canción ellos agitaban las pañoletas y le dedicaban vivas a su actuación.
La ola, un juego construido con madera, era un círculo grande con bancas donde sentarse y se sostenía de un centro para dar vueltas y ondular con el sube y baja, para ello varios muchachos la empujaban y luego brincaban para subirse y bajar la cresta del círculo para hacerlo ondular. Era muy popular ese juego, era una sensación pequeña de la sangre bajando hasta los tobillos.
En esa época había ya llegado el juego llamado “El Martillo”, el cual daba vuelta completa con los pasajeros, cuatro por cada lado del martillo. Los juegos llegaban hasta las ruinas del molino de las Ardillas, hoy conocido como “El Mayorazgo”.
Fue una temporada con los juegos en la calle Zaragoza, hasta que a un presidente municipal, en 1990 se le ocurrió la idea de instalar los juegos en lo que ahora es el deportivo norte y, además, cobrar la entrada. Fue un enojo muy grande de la gente, sobre todo de los niños pobres, quienes no podían entrar a jugar con los juegos de caballitos, donde se sentaban en una orilla pasando el tiempo saludando a sus conocidos al ir dando vueltas, o lograban trabajar empujando las sillas voladoras y luego solían subirse ellos a disfrutar de las vueltas.
En esa época, 1990, la feria de La Candelaria era vendida por el presidente municipal, vendía el permiso del baile popular en unos treinta mil pesos, y cobraba al doble el permiso para instalar el palenque de las peleas de gallos, los juegos de azar junto con los juegos mecánicos.
Supe en esa época del reparto del pago del permiso del baile popular entre los regidores, les tocó tres mil pesos a cada regidor.
Indudablemente, en ese tiempo, los eventos de la feria eran muy simples, los hombres iban a los botaneros instalados en carpas ambulantes para servir cervezas y, mientras, los clientes escuchaban a los grupos norteños tocándoles en sus mesas.
Los grupos familiares de las mamás con sus hijos iban a los títeres, a los carros chocones, a los platillos voladores o al gusano sobre rieles. Entraban a la casa de los espejos o a la casa del terror, al espectáculo de serpientes y arañas con una persona adentro besando a las serpientes y haciendo caminar a las tarántulas por su cuello.
La parte estelar de la feria eran el baile de gala, donde exigían ir de traje riguroso, y la corrida de toros en la plaza La Macarena, donde en muchas ocasiones eran becerros los astados a torear.
Otro componente de la feria era la Exposición Industrial, Comercial y Artesanal, organizada por la Camara de Comercio, la cual llegó a realizarse en la parte llamada la huerta del convento de San Francisco, cuya puerta de entrada aún es frente a la calle de Leandro Valle.
La exposición agrícola, la exhibición de tractores, fertilizantes y arados se hacía en la explanada del Carmen, lo cual le daba un gran dinamismo a las calles de la ciudad.
Era divertido el tiempo de feria, entonces duraba hasta quince días y el dos de febrero nadie dormía, los visitantes de las comunidades no se regresaban a sus rancherías.
Con las calles bloqueadas se descomponía la circulación vehicular, lo cual era un cambio entretenido para romper la rutina calmada de todo el año.
En esa época participé con mis opiniones acerca del valor de la fiesta comunitaria, donde era considerada por los sociólogos y etnólogos como el mejor momento para estudiar una sociedad, pues en los días de fiesta patronal las familias ofrecen sus mejores platillos gastronómicos y se llevaban a cabo convivencias familiares con los miembros del parentesco extenso. La fiesta mostraba el ser de la comunidad de una manera abierta y pública.
Entonces había que organizar bien la Feria de La Candelaria. El nuevo gobierno municipal de 1992, creo un consejo ciudadano para realizar la feria. El comité estaba formado por miembros de los clubes de servicio y cámara de comercio. Ellos recogían los pagos realizados por los organizadores del baile popular, de los juegos mecánicos y empezaron a organizar el teatro del pueblo. El cargo del comité de la feria era honorario.
Se mejoró el desfile de Manolas, la coronación de la reina se hizo más elegante y con un grupo musical amenizando, los juegos mecánicos siguieron en el jardín.
El método de nombrar un comité ciudadano se conservó hasta 2007, cuando se oficializó el terreno actual, como espacio para la feria, y se empezó a cobrar la entrada a las instalaciones de los juegos mecánicos.
El cambio de sede trajo consigo la disolución de la participación ciudadana en el comité organizador, desde entonces se ocupan los funcionarios municipales en la tarea de realizar la feria de La Candelaria.

No hay comentarios:
Publicar un comentario