viernes, 16 de octubre de 2026

Los polvos y huesos de muerto de Salvatierra






 LOS EXPEDIENTES SECRETOS DEL BAJÍO

Los polvos y huesos de muerto de Salvatierra

Por Francisco Fernández Frausto

Introducción: Una ciudad, tres raíces y un misterio

[MÚSICA DE APERTURA]Instrumentos de cuerda, percusión tenue y una melodía de suspenso. Lentamente se escuchan campanas.

NARRADOR:

Hay historias que permanecen ocultas durante siglos.

Historias que duermen entre papeles amarillentos, escritas con tinta y pluma, esperando que alguien vuelva a pronunciar los nombres de sus protagonistas.

Hoy viajaremos a una de las ciudades más antiguas del Bajío guanajuatense.

Una ciudad de conventos, haciendas, huertas y antiguas tradiciones.

Una ciudad atravesada por las aguas del río Lerma.

Su nombre: San Andrés de Salvatierra.

 

Corre el año de 1755.

Han transcurrido más de cien años desde la fundación española de Salvatierra.

El convento del Carmen se levanta como testimonio del poder de las órdenes religiosas.

Los franciscanos forman parte de la vida espiritual de la ciudad.

En el barrio de San Juan, la población indígena conserva sus vínculos comunitarios y sus devociones.

Y en las haciendas, molinos y viviendas de la jurisdicción, españoles, indígenas, mestizos, negros y mulatos participan de una sociedad profundamente desigual.

Algunos son propietarios.

Otros trabajan la tierra.

Otros sirven en las casas.

Y algunos todavía viven bajo la esclavitud.

 

Pero aquella sociedad no estaba formada por mundos completamente separados.

Sus habitantes compartían caminos, mercados, enfermedades, temores y esperanzas.

Cuando alguien enfermaba, no siempre podía acudir a un médico.

En las casas circulaban remedios de plantas, consejos de mujeres experimentadas, oraciones y prácticas transmitidas de generación en generación.

Algunos conocimientos procedían de las antiguas comunidades indígenas.

Otros habían llegado desde Europa.

Y otros formaban parte de la experiencia de las poblaciones africanas y sus descendientes.

Tres raíces que, con el paso del tiempo, se encontraron en la vida cotidiana del Bajío.

 

 

Dicen que hay una mujer que conoce remedios...

Que sabe de hierbas...

Que algunas personas acuden a buscarla cuando tienen problemas.

 

¿Y quién es esa mujer?

 

La llaman Petrona Theresa.

También la conocen como... La Sorda.

 

Su nombre completo era Petrona Theresa Novara.

Era una mujer mulata libre.

Estaba casada.

Y vivía en Salvatierra.

No conocemos todos los detalles de su vida.

Pero sabemos que su nombre quedó registrado en un expediente que comenzó a formarse en 1755.

Una investigación que involucró remedios, polvos desconocidos, pequeños huesos, testimonios y acusaciones de maleficio.

 

En las páginas del expediente aparecen Salvador Merino, Rita Antonia y una niña llamada Antonia Gertrudis.

También aparecen vecinos, médicos, religiosos y autoridades.

Sus palabras fueron recogidas por el Santo Oficio.

Pero ¿qué había ocurrido realmente?

¿Eran aquellos polvos un remedio?

¿Una práctica supersticiosa?

¿O el resultado de una historia que fue creciendo entre el miedo, las creencias y los conflictos humanos?

 

Durante doce capítulos seguiremos las huellas de esta investigación.

Recorreremos la Salvatierra colonial.

Conoceremos sus barrios, sus conventos y su sociedad.

Escucharemos las declaraciones de quienes participaron en el proceso.

Y descubriremos cómo una mujer afrodescendiente terminó convertida en protagonista de una historia que sobrevivió más de dos siglos y medio.

Porque los archivos no solamente guardan la historia de los poderosos.

También conservan las voces de quienes fueron acusados, olvidados o silenciados.

 

Salvatierra.

Año de 1755.

Una mujer.

Dos clases de polvos.

Unos pequeños huesos.

Y una acusación que cambiaría su vida.

Bienvenidos a Los Expedientes Secretos del Bajío.

Los polvos y huesos de muerto de Salvatierra.

Una historia basada en documentos coloniales.

En nuestro próximo capítulo:

“Petrona Theresa, la mulata libre”.

¿Quién era aquella mujer y por qué sus conocimientos despertaron tantas sospechas?

 

 

Nota de producción: los diálogos dramatizados son recreaciones literarias, no citas textuales del expediente. La narración histórica debe conservar esa distinción durante toda la temporada.

 

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