jueves, 29 de octubre de 2026

Narrar como leyenda la fundación de Salvatierra, a los niños del preescolar Rebsamen

 

Una bella leyenda la fundación de Salvatierra

por Pascual Zárate Avila
Cronista de Salvatierra





    Con las niñas y niños disfrazados de Día de Muertos, de Todos los Santos, de Fieles Difuntos, con trajes de catrinas, con smoking de catrines, así vestidos les hice un relato como leyenda.
    
    La principal característica de una leyenda es relatar un acontecimiento fantástico ocurrido hace muchos años. El hecho fantástico fue narrar la fantástica fundación de la ciudad de Salvatierra.

    Les conté que hubo un niño llamado Gabriel, hijo de un rico papá llamado Jerónimo y de una mamá de nombre Ana.
 
    Desde chico escucho a su padre Jerónimo hablar de la voluntad humanista y cristiana de su rey Felipe II, quien deseaba tener ciudades de convivencia pacífica con los pueblos del territorio de las Indias Occidentales.

    También Gabriel se propuso servir a su rey fundando una ciudad. Siendo un joven de quince años recibió en propiedad una gran extensión de tierras en un mayorazgo dado por sus padres. 
    
    Gabriel empezó a buscar lugares, de entre sus propiedades, donde pudiera fundar una ciudad, una como la pedía el rey Felipe II en sus ordenanzas escritas en 1573, para los descubrimientos, poblamiento y pacificación de las Indias Occidentales.

    Se dio cuenta Gabriel del lugar donde existía esa región de tierra privilegiada, el lugar se llamaba la lomita del Valle de Guatzindeo. 

    1604, descubrió que en ese lugar de entre sus tierras se cumplía lo pedido por el Rey: un sitio donde el agua era abundante, el agua sana, con diferentes tipos de peces de río, con grandes árboles y diversidad de pájaros. Tenía especies saludables de venados y demás animales propios de la región. Además había cerca cerros con cal y con piedras de tezontle para construir casonas y conventos. Como también se pedía la presencia de población indígena y negra para ayudar a construir los edificios de la ciudad a los españoles, encontró muy a propósito al pueblo de indios de Urireo. Otro requisito era la existencia de un lomita para construir una ciudad reguardada por la altura, debería ser un sitio donde no llegara a las casas el agua durante las inundaciones.

    El lugar es donde nos encontramos ahora, les dije, así que Gabriel pidió le concediera la fundación de una villa llamada Nueva Madrid, pero se opusieron las villas cercanas como Acámbaro, Yuriria, Celaya y Pátzcuaro.

    La ciudad que soñaba Gabriel López de Peralta era una ciudad donde hubiera poetas, pintores, músicos, sacerdotes, monjas y agricultores. Y fíjense que si lo logró, en las casas del jardín, podemos hallar ahora la memoria de los poetas, están presentes por haber nacido en las casonas. 
 
    Para entonces íbamos caminando con el sonido alto llevado en na camioneta, pude entonces señalarles los lugares donde vivieron poetas como Federico Escobedo (sacerdote), Francisco Agustín Esquivel y Vargas (sacerdote), Ana María de López Tena, Tirso Rafael Córdova (sacerdote), Antonio y Alfonso García Álvarez, Hugo García y J. Luz Ojeda López (sacerdote). 

    Así le presenté la magia del jardín, un lugar para tener bonitos pensamientos con bellas palabras escritas dedicadas a la ciudad y su población de hombre y mujeres de todo tipo, mulatos, mestizos, indígenas criollos y españoles, una ciudad armónica y respetuosa.

    Así fue el estilo de leyenda para contar la fundación y poblamiento de la ciudad de Salvatierra, las demás partes las dije con el mismo tono, como fue el caso de la segunda petición en 1638, la cual fue indiferente al virrey y la tercera vez, ya incluyó un pago de 24 mil peso oro y el nombre del virrey García Sarmiento de Sotomayor, conde de Salvatierra y, entonces, él si otorgó la cédula de ciudad para San Andrés de Salvatierra.

    Contar los acontecimiento como hechos fantásticos hacen a Salvatierra una ciudad muy atractiva para conocerla.

    También, les relaté sobre la gran cantidad de vecinos del jardín dedicados a la política, por lo menos ocho. Así hicimos el recuento de los sueños de los habitantes del jardín grande: 1.- la poesía y el  sacerdocio; 2.- la política; 3.- la agricultura; eso hacía al jardín como un lugar muy humanista.   

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